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Esas piedras que nos caen | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-05-14 01:48:13

Esas piedras que nos caen

Son auténticos proyectiles y, lo más grave, es que casi siempre dan en el blanco. Logran desestabilizarnos, al punto que franquean nuestro estado de ánimo.Hablamos de las piedras. Nos las lanzan desde todos los flancos: desde arriba, desde abajo, desde una esquina, en fin…
Esas piedras que nos caen

Lo cierto del caso es que, de alguna forma, somos vulnerables a ellas. Unas son m√°s grandes que otras, incluso varias parecen meteoritos.

¬ŅQui√©nes nos bombardean?
¬°Muchas personas!

Los¬† ¬Ďtirapiedras¬í, si as√≠ se pudieran llamar, est√°n por doquier: algunos de ellos son esos odiosos compa√Īeros que nos buscan la ca√≠da; otros son seres malintencionados y amargados que pululan por doquier; hay algunos envidiosos que no nos pueden ver bien; y no faltan los insensatos e hip√≥critas, quienes instigan hasta m√°s no poder. Ni hablar de esos enemigos gratuitos que nos ganamos sin saber c√≥mo ni por qu√©.

¬ŅConoce a alguien as√≠?
Seres de este tipo se ven en las oficinas de trabajo, en las universidades y colegios y, por supuesto, en la dura calle. Hasta en su propia casa, con relativa frecuencia, usted encuentra alguien que le tira piedras.

Cuando alguna de ellas nos golpea, describimos destellos luminosos de rabia, dolor, angustia y desconsuelo. Es una incandescencia temporal, que no es otra cosa que el resultado de la fricci√≥n que una ¬Ďpiedra¬í genera.

Nuestra vida est√° llena de piedras que nos caen, sobre todo de esas que nos dan donde m√°s nos duele y de aquellas que llegan cuando me la esperamos.

A toda hora recibimos piedras. Pero tambi√©n y sin siquiera notarlo, lanzamos muchas de ellas a los dem√°s. Cada vez que respondemos con una groser√≠a, cuando no escuchamos, cuando miramos a los dem√°s por encima del hombro, cuando actuamos a nuestro antojo o incluso cuando somos indiferentes, nos convertimos en ca√Īones de odio.

Por fortuna, Dios nos regala √°ngeles con los cuales podemos resguardarnos de este tipo de piedras.

¬ŅCu√°les son esos guardianes?
El amor, la paciencia, la tolerancia, la sencillez e incluso la indiferencia, son algunas de esas armaduras.

No, no es necesario poner la otra mejilla cuando alguien lo haya golpeado. Basta con no de dejarse ¬Ďsacar la piedra¬í y mirar al frente con la mayor serenidad posible.

Las piedras lo van a golpear, de eso no hay duda. Es más, usted también puede agredir a los demás con alguna de ellas. Ojalá sus palabras no sean piedras para otros y que las que le lancen no lo desalienten.

No vale la pena dejarse abatir por alguien que sólo quiere aburrirlo.

los chismes son las peores piedras

Las murmuraciones suelen ser como pedradas, y en muchos casos se convierten en verdaderas cuchilladas por la espalda.

¬ŅHa sido v√≠ctima de ellas?
Recuerde que Jes√ļs recibi√≥ m√°s de una piedra en el coraz√≥n: lo igualaron a los usureros y borrachos, lo trataron de blasfemo, lo humillaron y hasta lo tildaron de loco.

La Biblia se√Īala que fue tentado en todo; cada prueba de su vida, era una piedra m√°s.
Las murmuraciones hicieron que todo un pueblo lo rechazara para luego crucificarlo. Incre√≠ble fue la campa√Īa de desprestigio en su contra y que, adem√°s, fue
capaz de tomarlo prisionero en lugar del delincuente Barrab√°s.
Hoy las cosas siguen con tanta violencia como en el pasado: hay muchos inescrupulosos que desean ver a sus propios ¬ďhermanos¬Ē derrotados y en el suelo.

Sin embargo, hace m√°s de 2000 a√Īos un hombre recibi√≥ todas las pedradas del mundo sobre su vida y sobrevivi√≥. Tanto que todos hablan de √Čl: ya sea para criticarlo o para amarlo. Todos podemos ser restaurados del da√Īo de la lengua asesina y venenosa.

UNA BELLA HISTORIA

Un labriego tenía una mula muy vieja. En un lamentable descuido, la bestia cayó en un pozo que había en la finca.

El campesino oyó los bramidos del animal, y corrió para ver lo que le ocurría. Le dio pena ver a su fiel servidora en esa condición.

Después de analizar cuidadosamente la situación, creyó que no había modo de salvarla, y que más valía sepultarla en el mismo pozo.

El campesino llamó a sus vecinos y les contó lo que estaba ocurriendo y los enlistó para que le ayudaran a enterrar la mula en el pozo, para que no continuara sufriendo.

Al principio, la mula se puso histérica. Pero a medida que el campesino y sus vecinos continuaban paleando tierra sobre sus lomos, una idea vino a su mente.
A la mula se le ocurrió que cada vez que una palada de tierra cayera sobre sus lomos... ella debía sacudirse y subir sobre la tierra.

Esto hizo la mula palazo tras palazo. El animal se daba moral y dec√≠a: ¬ďme voy a sacudir y voy a subir¬Ē, se repet√≠a para alentarse a s√≠ misma.
No importaba cuán dolorosos fueran los golpes de la tierra y las piedras sobre su lomo, o lo tormentoso de la situación, la mula luchó contra el pánico, y continuó sacudiéndose y subiendo.

A sus pies se fue elevando de nivel el piso. Los hombres sorprendidos captaron la estrategia de la mula, y eso los alentó a continuar paleando. Poco a poco se pudo llegar hasta el punto en que la mula, cansada y abatida, pudo salir de un brinco de las paredes de aquel pozo. La tierra que parecía que la enterraría, se convirtió en su bendición, todo por la manera en la que ella enfrentó la adversidad. Haga lo propio, cada vez que alguien le tire una piedra: ¡esquívela!

 

 

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