El celibato | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-05-14 05:00:00

El celibato

Ante el esc√°ndalo por las fotos publicadas del sacerdote Alberto Cuti√©, de gran reconocimiento en Miami, en una playa en actitud rom√°ntica, pareciera pertinente tratar uno de los temas tab√ļ de nuestra sociedad: el celibato obligatorio de los cl√©rigos de mi Iglesia cat√≥lica. Empecemos por recordar que la norma no es de siempre.
El celibato

De hecho, el Ap√≥stol Pedro, el primer Papa de la Iglesia, era casado: ¬ďJes√ļs fue a la casa de Pedro, donde encontr√≥ a la suegra de √©ste en cama y con fiebre. Jes√ļs toc√≥ la mano de ella y la fiebre se le quit√≥, as√≠ que ella se levant√≥ y comenz√≥ a atenderlos.¬Ē (Mt. 8: 14,15).

En el G√©nesis se lee, lo acaba de recordar el Padre Alberto: ¬ďNo es bueno que el hombre est√© solo. Le voy a hacer alguien que sea una ayuda adecuada para √©l.... ¬°Esta s√≠ que es de mi propia carne y de mis propios huesos! Se va a llamar ¬Ďmujer¬í, porque Dios la sac√≥ del hombre.¬Ē (Gn. 2; 18-23).

Fue en el siglo XVI, Concilio de Trento, hace menos de cinco siglos, una cuarta parte de la edad de la Iglesia, cuando se impuso la norma del celibato obligatorio; los motivos que hoy se aducen para ello son variados; por mi parte no me voy a detener en un análisis histórico que considero inane en el presente.

Recuerdo hace pocos a√Īos el juicio y condena por pederasta de un sacerdote-ciclista, conocido nacionalmente y del que nadie siquiera sospechaba esa conducta y acaban de proferir una condena por el mismo delito, a un cura p√°rroco en Caldas. Y ni de lejos pensar que ¬ďlos curas son pederastas¬Ē o promiscuos como el ex-arzobispo Lugo, hoy Presidente de Paraguay.

Por lo que conozco y conozco bastante a mi Iglesia y sus prelados, aseguro sin vacilar que la gran mayor√≠a de ellos tienen un comportamiento recto, acatando incluso normas establecidas por la jerarqu√≠a, que no por el Evangelio. Y tambi√©n conozco bastantes laicos, de diversas religiones, a quienes los diez mandamientos y los que impone la sociedad, der√≠vense o no de √©stos, les sirven para nada y cometen parecidas o iguales infracciones, a√ļn dentro del matrimonio, destruyendo con ello la familia y la sociedad.

No soy juez y menos Dios para juzgar a nadie; ya Jes√ļs lo dice en el Evangelio en referencia a la mujer ad√ļltera a quien iban a apedrear, siguiendo la norma de la √©poca: ¬ďAquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra.¬Ē (Jn. 8; 3-13); el pecado y con √©l la pena, es una relaci√≥n de la conciencia de cada quien con Dios.

El problema, ante la sociedad, es la credibilidad que inevitablemente se pierde, al ser descubiertos, ante la doble vida que se lleva. No se trata de que el celibato sea la causa de estos ¬ďdeslices¬Ē. En la humanidad dif√≠cilmente se pueden establecer causas √ļnicas, pero s√≠ es pasada la hora de que la jerarqu√≠a de mi Iglesia, al menos empiece a cuestionarse sobre una norma en contrav√≠a con el mensaje b√≠blico y la vocaci√≥n humana.

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