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La era de los hijos unicos | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-05-16 18:02:53

La era de los hijos unicos

“Una vez llegué a mi casa y encontré en la puerta a la empleada, a un señor con un niño que pedían, y a Mateo, que tenía 4 o 5 años, en una escena conmovedora: él había sacado todos sus juguetes para regalárselos al niñito.
La era de los hijos unicos

Tuve que entrar a mediar porque era un acto de generosidad tan bonito que no se lo podía frustrar, pero a la vez, no podía permitir que entregara todo; busqué equilibrar la situación diciéndole ‘regálale éste, pero recuerda que el otro te gusta mucho’.  Lo felicité por el acto tan hermoso de solidaridad, pero tenía que hacerle entender que él también debía que tener lo suyo”. Esta escena de la vida real y no de las telenovelas que ha protagonizado María Cecilia Botero en su amplia carrera como actriz, muestra que el hijo único no siempre es sinónimo de egoísmo. La presentadora del Magazín ‘Día a Día’, del Canal Caracol, afirma que ser madre de un solo hijo ha sido una gran experiencia porque Mateo no fue tan único. Cuando él tenía 9 años, después de que murió su papá, el director David Stivel, fue a vivir con ellos una sobrina de María Cecilia, de 13 años de edad. Mateo la recibió con total tranquilidad, recuerda María Cecilia, no hubo ninguna escena de celos ni nada por el estilo, iban al mismo colegio y terminaron de crecer como hermanitos. Esta actitud abierta se debe a que María Cecilia viene de una familia de nueve hermanos, que le dieron 16 primos a Mateo, con quienes compartía en las reuniones familiares y aún hoy hacen planes. “Lo que debemos hacer los padres que no podemos darnos el lujo de tener varios hijos es unirlos con los hijos de los otros, porque sí es importante que aprendan a compartir, a relacionarse con los demás y a saber que deben ocupar un espacio específico en el mundo porque hay otros seres que también ocupan su espacio”, asegura. Sin embargo, el psicoterapeuta Carlos Alberto Segura, egresado de la Universidad del Valle, considera que el hijo único sí tiende a conservar un perfil especial, con algunas excepciones. Excepciones que dependen del manejo de los padres. Como puede ser el caso de Mateo. La actriz enfatiza que siempre trató de que su hijo no estuviera solo. “Como tuve tantos sobrinos antes de Mateo, fui muy cercana a ellos, y cuando él nació, mis sobrinos estaban a su alrededor y esa sensación de hijo único siempre quedó neutralizada por la familia grande”. El psicólogo Segura afirma que debido al exceso de preferencia que los hijos unigénitos reciben de parte de los padres, los tíos y abuelos, crecen con la idea de que son privilegiados ya que se les da gusto en todo lo que ellos requieren y apetecen. Esa condición los marca con una tendencia al egocentrismo y al egoísmo, por lo que les cuesta mucho trabajo compartir sus pertenencias y hasta su habitación. “Se les dificulta ser solidarios porque desarrollan un perfil caprichoso que hace más conflictivas sus relaciones sociales y de pareja, perfil que a veces perdura hasta la adolescencia y la vida adulta”, explica el psicoterapeuta. Ese carácter caprichoso –explica Segura– implica baja tolerancia a la frustración, habilidad indispensable para aceptar las realidades de la vida y la convivencia social. ¿Hijos tiranos?El psicólogo Carlos Arturo Mercado Álvarez, coincide en que crecer entre adultos que están satisfaciendo todos los deseos de un niño que no tiene que competir con otros hermanos por su cariño, desarrolla una inclinación a querer tener todo lo que desea y no aprende a resolver problemas y ni a comunicarse. “El hijo único puede terminar siendo un tirano con sus padres porque, aunque ellos le nieguen ciertos caprichos, esa es la teoría, pero le falta la práctica, o sea vivir esa experiencia de disputarse el tiempo, el cariño y la atención de los padres cuando éstos compartan sus saberes con sus hermanos”, dice. Además, es un niño que no desarrolla habilidades sociales porque con esa ausencia no tiene con quien jugar, quién se le meta al cuarto. Nadie lo molesta en casa. Situación que supieron sortear los Stivel con Mateo. “Tanto David como yo teníamos conciencia de que Mateo era un hijo único y no queríamos el niño ‘pataletudo’ que se cree el centro de universo y siempre hicimos un esfuerzo para evitar que eso sucediera. Quizás cuando recién murió el papá sí se puso ‘pataletudo’, pero obedecía más a esa razón profunda que era la ausencia, que a su condición de hijo único”, concluye María Cecilia. La actriz aconseja hacerles entender lo importante que es compartir porque cuando crezcan todo es una competencia, que sepan que no son tan únicos, que hay muchos seres en el universo y que él ocupa sólo un espacio más, y que siempre habrá muchos mejores que él, más bonitos o más inteligentes que él, porque esa la vida”. Un futuro sin hijosCon este panorama en el que aumenta el índice de familias con hijos únicos, los especialistas pronostican para el futuro relaciones de pareja temporales. De hecho, ya se presentan, por la necesidad de sentir que la vida gira sobre ellos mismos, sumada a la baja tolerancia a la frustración y a la falta de madurez para compartir la vida en pareja, que deriva en relaciones poco duraderas, inestables y conflictivas. Y puede ir más allá, según el psicólogo Carlos Alberto Segura. Las personas que fueron hijos únicos tenderán a no desear hijos. Puede haber tanto egoísmo en la pareja que decide no procrear para no ‘sacrificarse’, para no cambiar su bienestar y comodidad por cuidarlos. “A los jóvenes les parece aburrido cuidar a un niño, oír el llanto, tener que cambiar pañales y demás, porque no tienen esa capacidad de brindar vida; por el contrario, quieren seguir absorbiendo de los demás, porque crecieron para recibir, no para dar”. De ahí que la recomendación para los padres de hijos únicos es enseñarles a compartir su lonchera, sus juguetes, su espacio; a tener amigos y a sostener relaciones cordiales con los demás. “Hay que enseñarles que la realidad de la vida implica vivir y compartir con muchas personas”, sugiere Segura. También agrega que es importante enseñarles normas para que los caprichos no se les vuelvan, más tarde, un hábito difícil de superar y que les traerá mucho conflicto en el futuro. La otra cara de la moneda, lo positivo del hijo único, es que son personas con tendencia al éxito, porque tienen la fuerza del afecto. “Crecen con la ventaja de que nunca han carecido del afecto y ésto les genera una fuerza única y poderosa en su capacidad anímica, humana y en su desenvolvimiento en lo que les resulte importante, como una profesión o una vocación, porque se vuelven altamente competitivos”, concluye el psicólogo.Tiempo y dineroEl psicólogo Carlos Arturo Mercado Álvarez, de la Universidad Javeriana, señala que la tendencia a las familias unigénitas es multifactorial, destacando que el aspecto económico es el de mayor incidencia. “Los padres jóvenes están conscientes de todos los costos que implican la atención en salud, que empieza desde el embarazo; en alimentación y en educación, tanto así que hoy en día hay muchas inversiones que se hacen desde antes de nacer para garantizar el futuro de ese hijo”, dice. Otro factor –explica el psicólogo– es el uso del tiempo de los padres, ya que ellos invierten demasiado tiempo en crecer laboral, profesional y académicamente, y no disponen de espacios para atender varios hijos. “La sociedad actual tiene el énfasis en el crecimiento profesional como el deseo del logro; puede parecer egoísmo o individualismo, pero ese es el énfasis cultural. Paradójicamente, expone que a mayor nivel cultural, los padres de hoy no se sienten en capacidad de criar niños o desconocen las maneras de manejar los hijos.Además señala que las actuales generaciones crecieron en familias de tres y cuatro o más hijos, escuchando los relatos de sus padres sobre todas las responsabilidades y dificultades que tuvieron para levantarlos. Eso los lleva a tomar la decisión de limitarse a tener un hijo. “Ellos sintieron el poco tiempo que dedicaban sus padres a cada uno de ellos y no desean para sus hijos esa ausencia y tener que repartir su poco tiempo libre entre varios hijos”.

Publicada por
Alda Mera COLPRENSA-EL PAÍS
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