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Permiso para volar | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-05-16 18:05:18

Permiso para volar

Mis plumas son todo para mí. Con ellas me desplazo sobre bosques y montañas para buscar mi alimento sin correr ningún riesgo, pero un día me perdí y desde entonces sólo he conocido el dolor, el encierro y el maltrato.
Permiso para volar

Sobrevolaba por las montañas de Santander cuando me perdí entre edificios, casas, carros y personas. No lo niego, me asusté y pronto el hambre no me dejó seguir volando, así que aterricé en San Antonio del Carrizal, en Girón, donde un hombre me llevó a su casa.

Creí que aquel hombre me ayudaría a recuperar mi camino, pero no fue así. Me sujetó del pico y las patas, luego cortó las principales plumas de mis alas y me torturó arrancándome una a una las de la cola; sólo me dejó dos.

No sé cuánto tiempo viví en ese lugar. No me alimentaban bien y como si fuera poco, me maltrataban todo el tiempo.

Estaba destinado a pasar el resto de mis días encerrado en una pequeña jaula en la que muy poco podía moverme, hasta que apareció un hombre de uniforme que me llevó a la finca La Esperanza (que pertenece a la Corporación de Defensa de la Meseta de Bucaramanga), en donde un grupo de veterinarios me recibió y se entristeció por mi mal estado y bajo peso.

Del orgulloso aguilucho que surcaba el aire no quedaba nada.

Los médicos murmuraban que mi libertad se demoraría por lo menos un año, y no es para menos, los de mi especie cambian de plumas una vez por año cuando estamos en nuestro hábitat natural, pero encerrados en jaulas, este proceso podría demorar mucho más.

“La única posibilidad de devolverle la libertad al aguilucho es haciéndole un injerto de plumas en la cola y las alas.

Este procedimiento en Colombia nunca se ha hecho, por lo menos no con la cantidad de plumas que él necesita”, fue la sentencia de Vladimir Quintero, médico veterinario de la corporación ambiental.

El donante

Desde septiembre de 2008, cuando llegué a la finca La Esperanza, rogaba por un donante para recuperar las plumas y mi libertad. Tuvieron que pasar seis meses hasta que un ave de mi misma especie muriera en un accidente, dejando sus plumas intactas.

En ese momento, los veterinarios María Janeth Torres Chaparro y Vladimir Quintero, así como el anestesiólogo Alberto Cala, Director del Centro Médico Quirúrgico Veterinario de la Universidad Cooperativa de Colombia, decidieron rescatar las plumas del aguilucho muerto para implantármelas.

Ese proceso duró poco más de un mes. Los médicos tuvieron que lavarlas, secarlas y hasta lijarlas para quitarles las impurezas del aguilucho donante. Y cuando ya estuvieron listas, programaron mi cirugía.

La cirugía

El martes 5 de mayo fue el gran día. El doctor Quintero entró a mi jaula, me metió suavemente en una red y luego en un guacal en el que me llevó hasta el Centro Médico Quirúrgico Veterinario, donde me realizarían el procedimiento.

Al llegar a la Clínica me encontré con los médicos expertos y con 16 estudiantes de último semestre de medicina veterinaria, quienes seguirían mi cirugía paso a paso.

Lo primero que hicieron fue aplicarme una inyección en el pecho. Luego me empecé a sentir débil y hasta inofensivo para ser un ave rapaz y carnívora.
Me cogieron de las patas y me las forraron con gasas blancas, haciéndome una especie de mitones. Luego las sujetaron con esparadrapo para que no se soltaran.

Aunque poco a poco me fui durmiendo, seguía escuchando algunas voces.

-“Alguien que por favor le tenga las patas todo el tiempo”, dijo la doctora María Janeth.
-“¿Está respirando?, súbale el pico para introducirle el tubo de la anestesia”, afirmó el anestesiólogo.
-“¿Cómo está el corazón? Usted no le descuide el corazón, esté pendiente todo el tiempo”, repitió el anestesiólogo a un ayudante de cirugía.
Yo sentía que mis ojos amarillos se apagaban.

“Esta cirugía  durará cerca de una hora y consiste en introducir un conector que fusiona la pluma receptora con la del donante. A esta se le adhiere un pegante especial para que se sostenga y no se caiga en los momentos de acicalamiento.

Cada injerto de pluma puede durar cerca de 15 minutos y deben tener un tamaño exacto según la parte donde se injerte”, les explicaba la veterinaria a los estudiantes.

Eso fue lo último que oí.

Cuando desperté, supe que la cirugía duró una hora y que me injertaron 10 plumas en la cola, pero que necesitaría otras dos intervenciones para remplazar las de mis alas.

Complicaciones de la cirugía

La recuperación no ha sido fácil. Cuando estaba despertando de la anestesia, intenté levantarme bruscamente y no fui capaz, perdí el equilibrio, caí sobre una de las plumas que me acababan de injertar y me la arranqué.

La segunda complicación es que el cautiverio ha generado cambios en mi comportamiento. Permanezco estresado y escondido en mi jaula, y por eso me arranqué dos plumas más en medio del desespero.

El pasado martes 12 de mayo, los médicos volvieron a injertarme las tres plumas que me arranqué. Me cambiaron a una jaula más amplia para ejercitarme, lo que me relaja un poco, pero sigo extrañando volar sobre las montañas.

La próxima semana será la cirugía de mi ala derecha, y dentro de 15 días, la del ala izquierda. Con las plumas completas vendrá otra etapa, aprender de nuevo a volar.

Características del Aguilucho

Color: gris parduzco.
Plumas: de color gris, algunas con bandas canelas y blancas.
Medidas: 38 centímetros (aprox.).
Peso: 290 gramos.
Edad: adulto.
Ojos: amarillos.

La liberación

Según los veterinarios María Janeth Torres y Vladimir Quintero, después del injerto de las plumas, al aguilucho se le deben realizar terapias para ejercitar sus músculos. Además, deberán enseñarle cómo cazar, ya que es probable que por el tiempo que lleva en cautiverio, lo haya olvidado.

Puede que pasen unos meses más antes de su liberación, pero cuando esta se dé, no será sólo el gran día para el ave; también será un motivo de celebración para los médicos veterinarios que hicieron historia un 5 de mayo.

Cirugías Similares

En 2008, la Cdmb, en compañía de médicos veterinarios de la Universidad Cooperativa de Colombia, rehicieron el pico de una guacamaya a la que, al parecer, un perro o un gato se lo habrían arrancado durante su cautiverio. El pico fue elaborado con material de odontología.

Para este año tienen planeado implantarle los colmillos a un mico, al que se los arrancaron en cautiverio para que no mordiera. Otro proyecto busca cuadrar la mandíbula de una boa constrictor, a la que se la descuadraron de un golpe, lo que le impide alimentarse por sí misma.

ÚNICA EN COLOMBIA

Según los veterinarios Vladimir Quintero y María Janeth Torres, la literatura y estudios científicos registrados en el país, no hablan sobre un implante total de plumas a un ave rapaz como el aguilucho. “Hemos conocido casos en los que se le han injertado a las aves 2 ó 3 plumas, pero en el caso de este aguilucho son todas las de la cola y las alas” dijo Torres Chaparro.

Estos médicos veterinarios trabajan en un artículo científico que publicarán en revistas especializadas, en donde registrarán esta experiencia única en Bucaramanga y Colombia.

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