Publicidad
Publicidad
Vie Dic 9 2016
20ºC
Actualizado 07:41 am

Gatos que atraen los rayos | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-08-03 07:05:04

Gatos que atraen los rayos

Al principio la cosa no pasó de una pequeña molestia. A medida que fueron transcurriendo los días el olor fue insoportable. Se pensó que podía ser un cadáver insepulto, pero el olor de los cadáveres es otro. No existe olor más nauseabundo que el de un crimen.
Gatos que atraen los rayos

Era un olor dulzón, penetrante, que termina embriagando como aquellas especies odoríficas indeterminadas de las que no se sabe si son perfumes o repelentes para insectos. En las sesiones los concejales actuaban como si estuviesen seminarcotisados, con la confusión que resulta de aspirar los olores de una almohada vieja. Todo lo aprobaban sin discusión, sin debate alguno, ni dardos ni puñaladas por la espalda, la dulzura y armonía de un edén.

Hasta que un concejal que jamás hablaba, exclamó. ¡Son orines de gato! Desde ese momento como si hubiese caído la noche que todo lo espanta, al tropel abandonaron el recinto para sesionar desde entonces en un lugar cercano al Alcalde. Los bromistas decían que los gatos en pandilla se fueron a cacería al salón de la democracia. Están equivocados, allí no quedan ratas y el único que caza en pandilla es el hombre. Los gatos son solitarios como los poetas. Fueron allí con el olor dulzón de sus miaos, para protestar contra la destrucción de la identidad histórica de la ciudad, sin que a los concejales se les escuchase un maullido. El hábitat de los gatos está desapareciendo a pasos gigantescos.

Los gatos duermen en los tejados, es el sitio predilecto, una teja de barro cocido tiene la estructura cóncava que se amolda a la pereza de los gatos. Siempre envidié a los gatos que fornicaban en los tejados. Recibí llamadas por teléfono, lánguidas voces de mujeres gatas con afanes lascivos, pero jamás con la tonalidad y el lamento líbido de las gatas deseosas de sus machos a la luz de la luna. También, he envidiado de los gatos el deambular solitario por túneles, socavones e inmensos almacenes repletos de mercancía que se puede tocar.

Una vez observaba la vitrina de un almacén, vi un gato persa deslizándose por la alfombra azul, rozando su espinazo con los anoréxicos maniquíes arropados con tules y vestidos de seda. Era el Rey del lugar. Seguramente vivía allí feliz, sin los olores de los hombres, sobretodo el del hombre ambicioso que es el olor de los perros mojados. Reto a alguien que me diga que ha viajado en un avión con un gato. Yo si. Un campesino en una escala en un aeropuerto de la selva se subió a nuestro avión con un gato negro en una jaula de pájaros.

Ambos traían su olor. Saludó e intentó darles la mano a todos los pasajeros desde la primera silla. Nadie le respondió ni le dio la mano, no sabía que la gente educada de la ciudad no saluda. En el viaje el gato escapó. El campesino buscó el animal por todas partes perturbando la tranquilidad fingida de los pasajeros. De pronto la alarma cundió cuando todos se dieron cuenta que era un gato negro y que podía estar escondido en la cámara de los controles del avión, que podíamos estar volando a Leticia en vez de Málaga.

En efecto los controles se afectaron y volamos por horas sin rumbo entre las nubes hasta que el piloto se lanzó de picada en un claro y dimos a un aeropuerto de narcos. El gato jamás apareció, algo tan inexplicable como ser un gran fumador sin comprar fósforos.

Publicada por
Contactar al periodista
Publicidad
Publicidad
Publicidad