Es la ética, muchachos | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-05-18 05:00:00

Es la ética, muchachos

Parodiando a Bill Clinton cuando dec√≠a: ¬ďEs la econom√≠a, imb√©cil¬Ē, queremos referirnos, una vez m√°s, al sonado caso de los hijos del presidente, a los acalorados debates que tal affaire ha suscitado y a las diversas interpretaciones que debe generar un caso de tal naturaleza.
Es la ética, muchachos

Nos parece que tanto la defensa como la parte acusadora no han apuntado sus bater√≠as hacia los aspectos verdaderamente fundamentales, que podr√≠an aportar lecciones valiosas tanto para los usufructuarios del poder, como para la opini√≥n p√ļblica. Los primeros porque han limitado sus argumentos a los aspectos procedimentales y legales, en tanto que en los segundos simplemente se percibe el aprovechamiento de una ocasi√≥n propicia para incomodar al presidente.

La guardia pretoriana del gobierno ha ignorado las ¬ďsutilezas¬Ē de la √©tica, preocup√°ndose exclusivamente de estar ce√Īidos a los c√≥digos y los detractores del r√©gimen se han enfilado hacia el descubrimiento de actuaciones que podr√≠an ubicar a Tom√°s y a Jer√≥nimo fuera de lo permitido por la ley.

Basta con conocer los conceptos b√°sicos y tener una conciencia escrupulosa para entender que la pr√°ctica de la √©tica es equivalente a poner a funcionar un selector entre el bien y el mal, m√°s all√° de considerar si las convenciones humanas acerca de los m√≠nimos de convivencia - raz√≥n de ser de la ley- se ajustan a tal selecci√≥n, comportamiento, este √ļltimo, que puede acarrear situaciones lamentables como mantenerse bordeando los l√≠mites del C√≥digo Penal o situarse en el centro de cr√≠ticas y habladur√≠as, exponi√©ndose a lo que las abuelas llamaban ¬ďdar de que hablar¬Ē.

En su vehemente discurso en el recinto del Congreso el Ministro de Hacienda tuvo la ligereza -seguramente no la notó- de afirmar que la ética es equivalente a lo legal, olvidando que existen infinidad de actuaciones en las cuales se obra incorrectamente sin necesidad de incurrir en trasgresiones a la ley que generen una penalización y muchas veces ni tan siquiera se produce una contravención. Valgan como ejemplos el paso de un cruce cuando el semáforo está en rojo, sin ser visto por la autoridad competente, o el pago de salarios de hambre, valiéndose del apuro de los trabajadores por lograr un sustento mínimo. El mundo no debería ser el escenario propicio para los avivatos.

Los delfines y los √°ulicos presidenciales se han defendido con valent√≠a y fluidez. Fue suficiente escuchar a Tom√°s y Jer√≥nimo dando explicaciones de su conducta por televisi√≥n para percibir claramente que ellos est√°n convencidos de la legalidad de sus actuaciones; sin embargo no es suficiente. Cuando por fuerza de las circunstancias se disfruta de tanto poder y se est√° rodeado de tanto funcionario de mentalidad laxa y dispuesto a congraciarse con la suprema autoridad y su familia, es indispensable actuar con grandeza y desprendimiento, dejando pasar ciertas oportunidades por halag√ľe√Īas que ellas sean. Vendr√°n mejores y menos peligrosas ocasiones para darse ¬ďel gustico¬Ē.

 

 

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