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Es la ética, muchachos | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-05-18 05:00:00

Es la ética, muchachos

Es la ética, muchachos

Nos parece que tanto la defensa como la parte acusadora no han apuntado sus baterías hacia los aspectos verdaderamente fundamentales, que podrían aportar lecciones valiosas tanto para los usufructuarios del poder, como para la opinión pública. Los primeros porque han limitado sus argumentos a los aspectos procedimentales y legales, en tanto que en los segundos simplemente se percibe el aprovechamiento de una ocasión propicia para incomodar al presidente.

La guardia pretoriana del gobierno ha ignorado las “sutilezas” de la ética, preocupándose exclusivamente de estar ceñidos a los códigos y los detractores del régimen se han enfilado hacia el descubrimiento de actuaciones que podrían ubicar a Tomás y a Jerónimo fuera de lo permitido por la ley.

Basta con conocer los conceptos básicos y tener una conciencia escrupulosa para entender que la práctica de la ética es equivalente a poner a funcionar un selector entre el bien y el mal, más allá de considerar si las convenciones humanas acerca de los mínimos de convivencia - razón de ser de la ley- se ajustan a tal selección, comportamiento, este último, que puede acarrear situaciones lamentables como mantenerse bordeando los límites del Código Penal o situarse en el centro de críticas y habladurías, exponiéndose a lo que las abuelas llamaban “dar de que hablar”.

En su vehemente discurso en el recinto del Congreso el Ministro de Hacienda tuvo la ligereza -seguramente no la notó- de afirmar que la ética es equivalente a lo legal, olvidando que existen infinidad de actuaciones en las cuales se obra incorrectamente sin necesidad de incurrir en trasgresiones a la ley que generen una penalización y muchas veces ni tan siquiera se produce una contravención. Valgan como ejemplos el paso de un cruce cuando el semáforo está en rojo, sin ser visto por la autoridad competente, o el pago de salarios de hambre, valiéndose del apuro de los trabajadores por lograr un sustento mínimo. El mundo no debería ser el escenario propicio para los avivatos.

Los delfines y los áulicos presidenciales se han defendido con valentía y fluidez. Fue suficiente escuchar a Tomás y Jerónimo dando explicaciones de su conducta por televisión para percibir claramente que ellos están convencidos de la legalidad de sus actuaciones; sin embargo no es suficiente. Cuando por fuerza de las circunstancias se disfruta de tanto poder y se está rodeado de tanto funcionario de mentalidad laxa y dispuesto a congraciarse con la suprema autoridad y su familia, es indispensable actuar con grandeza y desprendimiento, dejando pasar ciertas oportunidades por halagüeñas que ellas sean. Vendrán mejores y menos peligrosas ocasiones para darse “el gustico”.

 

 

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