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Una justicia medieval | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-05-22 05:00:00

Una justicia medieval

Siempre hemos creído que la justicia en Colombia está llena de trámites inútiles; todo porque no ha podido superar el procesalismo a ultranza que tenía en épocas en donde el modernismo no existía y por lo tanto el rito era más importante que la función social.
Una justicia medieval

Es absurdo que procedimientos innecesarios como las notas de presentación personal de los escritos que a ella se lleven, continúen no solo vigentes, sino que muchas veces hagan que una pretensión justa se pierda por no haberse cumplido ese trámite.

Hace algunos años se implementó en la justicia laboral la celebración de una audiencia previa de conciliación, diligencia a la cual las partes, tanto la demandante como la demandada, deben asistir obligatoriamente para intentar la posibilidad de un arreglo amistoso que ponga fin al litigio.

Pues bien, esa buena intención del legislador terminó por convertirse en una carga pesada e inútil para las partes, pues son escasísimas las veces en las que se logra un acuerdo, al que se hubiera podido llegar con mecanismos más ágiles y menos onerosos que el de obligar a las personas a concurrir físicamente a un juzgado, solo para que en él hagan la manifestación de carecer de ánimo conciliatorio.

Además, como cada juzgado maneja su propio Código de Procedimiento, es necesario determinar a qué despacho ha correspondido la demanda para precisar si es inevitable que las personas que demandan o son demandadas asistan; si lo pueden hacer a través de poder general, otorgado mediante escritura pública; si lo pueden hacer a través de poder especial simple o si el mismo poder que el apoderado tiene para representar a su cliente en el proceso en el que precisamente se faculta al abogado para conciliar, sirve para ahorrarle a éste el tener que venir de otra ciudad solo para decir “no tengo ánimo conciliatorio”.

En pleno siglo XXI, con toda la tecnología posible, es absolutamente inconsecuente que continuemos empleando en el trámite de las actuaciones judiciales procedimientos absurdos, obsoletos y carentes de toda razón lógica, pudiendo agilizarlos con una simple interpretación ajustada a la realidad y a la economía procesal.

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