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Un ¬Ďdesplazado de la vida¬í | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-05-24 05:00:00

Un ¬Ďdesplazado de la vida¬í

Todas las ma√Īanas, antes de salir de su casa, Jorge le ofrece una oraci√≥n al Divino Ni√Īo Jes√ļs y toma con fuerza la manilla con su imagen, que carga desde los 17 a√Īos. Siempre dice: ¬ďNo se sabe si sea la √ļltima vez que lo haga¬Ē.
Un ¬Ďdesplazado de la vida¬í

Desde ni√Īo, este campesino oriundo de Yacop√≠ (Cundinamarca) ha tenido muy pocos d√≠as de tranquilidad. Su vida ha estado enmarcada por la presi√≥n de la violencia vestida con diferentes trajes. Lo han tildado desde ¬ďparaco¬Ē, hasta ¬ďguerrillo¬Ē, pasando por esp√≠a, ¬ďsopl√≥n¬Ē e infiltrado del Ej√©rcito.

A sus 34 a√Īos, recuerda su pasado como ¬ďuna novela¬Ē que muy poco ha tenido de rosa y por el contrario le ha dejado imborrables marcas; unas menos visibles que otras, pero todas igual de dolorosas.

Jorge vive solo en un humilde sector de Bogot√°, pues hasta su esposa y su peque√Īa hija de 5 a√Īos de edad le huyeron al fantasma de la violencia que lo persigue. Para el Estado, √©l es apenas uno de los aproximadamente 3 millones de desplazados en el pa√≠s.

A la capital llegó hace tres meses. Las constantes amenazas contra su vida y su familia lo hicieron huir de Cartago (Valle) con apenas unos cuantos objetos personales, que guarda en una caja de cartón que le sirve como clóset.

Gracias a la Fundación Funhumana, que vela por el bienestar de la población en condición de desplazamiento, logró ubicar una habitación que comparte con otra familia en su misma situación.

Ahora, al drama de su vida se ha sumado la batalla jurídica y legal que enfrenta para buscar una reparación, pero hasta ahora nada parece avanzar.

La huída

Su tragedia, asegura Jorge mientras mira detenidamente la imagen del Sagrado Coraz√≥n de Jes√ļs que tiene pegada a la pared de su habitaci√≥n, inici√≥ a los 8 a√Īos, cuando ¬ďunos hombres¬Ē desaparecieron a su padre.

Era apenas un ni√Īo y sus recuerdos son muy vagos. Sin embargo, asegura que a partir de ese momento su madre y tres hermanos m√°s iniciaron un peregrinaje por diferentes sectores de la geograf√≠a colombiana, que a√ļn no termina.

Seg√ļn recuerda, su padre sali√≥ a cumplir una cita con un hombre a quien llamaban ¬ďEl √Āguila¬Ē y jam√°s se volvi√≥ a saber de √©l. ¬ďCon el paso del tiempo, ya uno m√°s grandecito, supe que ese hombre era paraco y entend√≠ la presi√≥n bajo la que se encontraba mi padre¬Ē, dice el campesino con evidente disgusto, pues ¬ďsaber las cosas no cambia nada¬Ē.

De Yacop√≠ partieron hacia Mesetas (Meta), donde viv√≠a una de sus hermanas mayores. ¬ďMi madre nos prometi√≥ una vida nueva y la pretend√≠amos encontrar en ese bonito pueblo, donde eran interminables las cabezas de ganado¬Ē, recuerda con nostalgia.

Para ese entonces los grupos al margen de la ley dominaban buena parte del territorio nacional. La guerra entre guerrilla y paramilitares era cruenta y no respetaba inocentes. Pasados tres a√Īos de vivir en aparente calma, volvieron las presiones de lado y lado.

Jorge decidi√≥ irse de su casa en compa√Ī√≠a de un vecino con el objetivo de conseguir dinero ¬ďy darle mejor vida a la vieja¬Ē; el destino fue San Jos√© del Guaviare, donde lo esperaba un trabajo como raspach√≠n de coca. Entre tanto, su madre huy√≥ para donde unos parientes lejanos en El Santuario (Risaralda).
¬ďSupe lo que era trabajar duro para ganar plata. Gracias a Dios nunca fui un pela¬ío de vicios ni vainas raras y logr√© ahorrar lo necesario para vivir¬Ē, dice orgulloso. Pero con el placer del dinero tambi√©n llegaban m√°s problemas.

¬ďAll√≠ mandaban las Farc, pero cuando intentaba viajar o moverme para otro lado aparec√≠an los paras y me jod√≠an¬Ē. Esa fue la raz√≥n para que durante nueve a√Īos Jorge no volviera a saber ni de su madre ni de sus hermanos. ¬ďEl Meta era de las autodefensas y haber ido hubiera sido sentenciarme a muerte¬Ē.
Cansado de esa situación y con el deseo de saber de su familia, decidió regresar a la casa de su hermana. Para salir de la región aprovechó los viajes en canoa que hacían gratis las Farc, a cambio de colaboración en eventos.

¬ďNo pens√© encontrar en la misma casa a mi hermana y mucho menos que me reconociera. Pero todo lo contrario, en cuanto llegu√© y pregunt√© por ella volvimos a recordarnos como antes¬Ē, relata.

Su madre, al conocer de la aparición de su hijo, a quien daba por muerto, vendió lo poco que tenía en El Santuario y regresó a su lado. Seis meses después las amenazas retornaron. Los paramilitares sospecharon de la presencia de Jorge en el municipio y lo tildaron de enviado de la guerrilla.

¬ďEra mejor salir. Nos iban a matar y as√≠ no vive nadie, menos cuando se tiene el antecedente de lo ocurrido con el pap√°¬Ē. El siguiente destino ser√≠a Cartago, en el Valle del Cauca; de all√≠ era el nuevo esposo de la madre de Jorge, por eso lo creyeron conveniente.

En territorio vallecaucano dur√≥ cerca de cinco a√Īos, pero como si la violencia fuera su sombra, se empezaron a presentar asesinatos de algunos de sus amigos m√°s cercanos. ¬ďAl parecer eran producto de las acciones de las bandas emergentes¬Ē, dice, con reserva, Jorge.

Ya con su hija, que para ese entonces ten√≠a 4 a√Īos, decidi√≥ dejarlo nuevamente todo y ¬ďseguirle haciendo el quite a la muerte¬Ē, que hasta ahora no hab√≠a dejado de acecharlo.

¬ďUna nueva vida¬Ē

As√≠ lleg√≥ a la capital. Su hija y su esposa regresaron a Yacop√≠, de donde era la mayor parte de la familia de la joven. Este √ļltimo capitulo fue hace apenas tres meses.

√önicamente con segundo de primaria, un pasado lleno de inestabilidad y dolor, y con la tristeza de no contar con la presencia de su peque√Īa hija -de quien s√≥lo guarda un par de zapaticos de reci√©n nacida- Jorge ha tenido que empezar a construir una nueva vida.

Esta vez, afirma, ¬ďlas cosas ser√°n distintas¬Ē y la suerte tendr√° que empezar a sonre√≠r. Su f√©rrea fe lo hace un convencido de que ¬ďdespu√©s de la tormenta viene la calma¬Ē, por eso afirma, con algo de gracia, que ¬ďa d√≥nde es que vaya el buey, que no le toque arar¬Ē, Hace pocos d√≠as, despu√©s de algo m√°s de dos meses desempleado, Jorge encontr√≥ trabajo como funcionario del Acueducto. ¬ďDesde que haya qu√© hacer y todo est√© bajo la ley, soy feliz¬Ē.

Pero en su nueva vida ya empez√≥ a recibir amenazas. ¬ďSabemos d√≥nde esta usted y su ni√Īa¬Ē, dice uno de los dos mensajes de texto que ha recibido. Su √ļnico mecanismo de defensa es un radiotel√©fono que le entreg√≥ el Ministerio del Interior, ¬ďpor si algo grave me llega a pasar¬Ē, explica con resignaci√≥n.

Mientras esto ocurre, su cuarto se llena cada vez m√°s de documentos que certifican su condici√≥n de desplazamiento y con los que pretende alg√ļn d√≠a recibir los beneficios de ley a los que tendr√≠a derecho por ser una v√≠ctima de la violencia.

Pero nada ocurre. ¬ďPasa el tiempo y nadie me da raz√≥n. Simplemente me dicen que debo esperar y que en alg√ļn momento me corresponder√° algo de la reparaci√≥n. Cada vez me convenzo m√°s de que lo que soy es un desplazado de la vida¬Ē.

La Ley

Jorge acepta que no sabe nada de leyes y que escasamente entiende cuando le hablan de plata o de algo relacionado con lo que le quitaron en el pasado, como su finca, su ganado y hasta su tranquilidad.

Parte de la demora de la que habla es el ¬ďplan tortuga¬Ē en el que cay√≥ la Ley de V√≠ctimas en la C√°mara de Representantes. La discusi√≥n de la iniciativa que contempla, entre otros puntos, la restituci√≥n del patrimonio usurpado a causa del conflicto armado (desde bienes inmuebles, como fincas, parcelas, viviendas, comercios, hasta otro tipo de pertenencias), ha venido siendo aplazada reiteradamente en el Congreso de la Rep√ļblica.

Además, el texto que está por discutirse en la Cámara dista mucho del aprobado en el Senado. La restitución de los cultivos, el ganado y las aves de corral, no está incluida en el nuevo texto.

La ley, de autor√≠a del senador Juan Fernando Cristo, lleva m√°s de un a√Īo de debates en el Parlamento, y cada vez se ve m√°s lejos su aprobaci√≥n. La iniciativa mantiene enfrentados al gobierno y la oposici√≥n; las reformas de fondo han sido evidentes y las soluciones no se ven aparecer.

Incluso, tras las modificaciones en el texto, defensores de los Derechos Humanos cuestionan que la norma parece más en beneficio de los victimarios, que de las propias víctimas.

Jorge no conoce de debates, de ponencias, ni mucho menos de periodos legislativos. √Čl s√≥lo desea recuperar lo que un d√≠a ¬ďarbitrariamente¬Ē le quitaron; volver a la √©poca en que entre cabezas de ganado y la tranquilidad propia del campo so√Īaba con sus hermanitos ¬ďbajando al pueblo en los mejores caballos de la regi√≥n y siendo due√Īos de buena parte de las tierras¬Ē, dice con los ojos llenos de l√°grimas, mientras recuerda que ya es un nuevo d√≠a y tiene que salir a enfrentar el presente que lo aqueja.

 

 

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