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Mineros... a punta de vela y porra | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-05-24 05:00:00

Mineros... a punta de vela y porra

A solo un kil√≥metro de la v√≠a que lleva a Cepit√°, uno de los pueblos que adornan las entra√Īas del Ca√Ī√≥n del Chicamocha, una peque√Īa entrada en uno de los costados de la monta√Īa que no supera el metro de altura, da la bienvenida al mundo subterr√°neo de Josefito Beltr√°n, un hombre de 49 a√Īos oriundo de Aratoca, que ha logrado tener su propia mina, legalizarla y explotarla con la ayuda de su familia.
Mineros... a punta de vela y porra

Esta es la historia de un campesino que hered√≥ el oficio de minero y que a punta de buscar y escarbar, encontr√≥ una veta de fluorita en medio de las √°ridas monta√Īas del Chicamocha.

Solo, se aventur√≥ a abrir un hueco. Solo, se intern√≥ cerca de 80 metros, una labor que le cost√≥ ocho meses de arduo trabajo, hasta que dio con la marca de la fluorita, la misma que lo ha guiado desde hace 14 a√Īos para saber d√≥nde perforar.

La mina se encuentra en la vereda San Antonio, parte baja de Aratoca y no es difícil dar con ella. Un aviso en la carretera que alerta sobre la caída de rocas y un compresor recostado en toda la entrada, evidencian el trabajo minero.

En la zona, sobretodo en Umpal√°, otro de los pueblos del Ca√Ī√≥n, la fluorita abunda, pero el abandono y la falta de inversi√≥n han hecho que hoy, s√≥lo la mina de Josefito est√© activa. Y √©l se siente orgulloso de su resistencia, que se suma a la de su pap√°, Jos√© del Carmen Beltr√°n, el verdadero responsable de que sus hijos y nietos amen la miner√≠a.

Hace casi 30 a√Īos, quien empez√≥ a trabajar en las minas de fluorita fue don Jos√© del Carmen, pero el trabajo era clandestino, explica Josefito, que tambi√©n trabaj√≥ en Mutiscua (Norte de Santander) en minas de m√°rmol y en Charal√°, explotando calcita.

Su pap√° experiment√≥ en otras minas ubicadas en un sector llamado Los Llanitos, en el Ca√Ī√≥n y fue ah√≠ donde aprendi√≥ a identificar la fluorita, que por lo general es blanca y casi incolora, pero tambi√©n se da en tonos verde, rosado, morado y azul.

¬ďEsta fluorita (la de San Antonio) se encontr√≥ gracias a unos ingenieros que vinieron de √Ābrego (Norte de Santander). Ellos nos ense√Īaron a reconocer el material¬Ē, dice.

Por muchos a√Īos, Josefito, otro hermano y su pap√°, trabajaron en varias minas de fluorita con la empresa Colmiche (Colombiana Minerales del Chicamocha), que luego fracas√≥. Y fue entonces cuando empez√≥ la verdadera b√ļsqueda.

Josefito explica que son cerca de nueve hect√°reas las que contienen fluorita entre Aratoca y Cepit√°. ¬ďYo me la he pasado por toda esta √°rea buscando y no he encontrado m√°s¬Ē.

Don Jos√© del Carmen trabaj√≥ hasta 1991, luego vino otro ingeniero que estuvo al frente hasta 1995 y desde entonces, el empe√Īo por explotar la fluorita es el mayor deseo de Josefito.

No ha sido f√°cil.

S√≥lo hasta hace dos a√Īos, la mina es realmente de Josefito Beltr√°n. Dur√≥ una d√©cada sacando las licencias correspondientes en el Ministerio de Minas y Energ√≠a, hasta que sali√≥ favorecido como minero de hecho, una figura que cobija a aquellos que sin tener un t√≠tulo minero vigente, llevan a cabo explotaciones de dep√≥sitos y yacimientos mineros.

Por dentro

Una imagen de la Virgen de Fátima es la marca del triunfo. Está colgada justo donde Josefito encontró la veta de la fluorita, un material que se utiliza, por ejemplo, en el proceso de derretir chatarra.

¬ďEs como sacarle la cachaza a la panela; con la fluorita le sacan todo el √≥xido a la chatarra para que quede el hierro puro¬Ē, explica el minero. Tambi√©n se utiliza para hacer jab√≥n y cemento blanco.

La imagen se la regalaron unos hombres que se hacen llamar Los Caballeros de la Virgen, que pasaron por unas ferias en Umpal√°. Desde entonces, est√° colgada en una de las r√ļsticas paredes de la mina, justo donde una peque√Īa ca√≠da es superada por una escalera.

Josefito dice que ese lugar le da buena suerte. Hasta ese punto explor√≥ solo, pero de ah√≠ en adelante uno de sus hijos, cu√Īados y hermanos de √©stos, se han unido en lo que consideran una empresa familiar.

All√≠, con la ayuda de la luz de las linternas, se distingue la veta, blanca. Esa l√≠nea -que es la fluorita en s√≠- es la que le da la forma a la mina, que tiene 150 metros de profundidad, aunque hay 300 metros m√°s, que el a√Īo pasado quedaron obstruidos por culpa de un derrumbe.

Josefito pasa de largo por el arrume de rocas que se pierden en la oscuridad. Est√° acostumbrado al calor que se concentra en el peque√Īo espacio por donde circulan los mineros y que aumenta con la profundidad. Tambi√©n al polvo que lo invade todo. En el sitio del derrumbe s√≥lo hay un aviso escrito a mano sobre un pedazo de madera, a modo de advertencia.

Por ahora, el due√Īo de la mina se concentra √ļnicamente en la extracci√≥n del mineral, aunque acepta que la producci√≥n podr√≠a mejorar si sus recursos se lo permitieran.

Unas cuantas velas

Muchos pensar√≠an que tener una mina convierte al due√Īo en un potencial empresario, pero el caso de Josefito prueba que el camino por recorrer cuando el due√Īo es el mismo que pica y saca, puede ser bastante largo.

Cinco hombres, todos de la familia Beltr√°n, conforman el grupo de mineros que lidera Josefito. ¬ďTenemos para emplear diez m√°s, lo que pasa es que las ventas est√°n bajitas. Las empresas piden poco desde que la empezaron a importar cuando el precio del d√≥lar estuvo tan bajito¬Ē, explica.

El frente de trabajo se ubica justo al final de la mina. All√≠, luego de serpentear un camino que gira en varias direcciones, que sube y baja, que en ocasiones obliga a caminar agachado y cuya altura s√≥lo supera los dos metros justo cuando se termina, est√° V√≠ctor, uno de los hijos de Josefito, dos cu√Īados m√°s, un cu√Īado de su hijo y un amigo, profesional en el arte de cargar el material. Lo llaman ¬ďel maletero¬Ē, que armado de un pretal que cuelga de su cabeza, saca cargas de 50 kilos cada una.

En este punto, en medio de una nube de polvo por efecto de las perforaciones que hacen con una broca, los hombres, con la sola ayuda de la luz de unas cuantas velas, separan la fluorita del resto de la roca. Arrodillados, soportando altas temperaturas y con muy poco aire, pasan cerca de ocho horas.

 

Josefito explica que en su caso puede entregar el material triturado, gracias a que una arenera del sector le presta la m√°quina para hacerlo. ¬ďDe ah√≠ para adelante la empresa que la compra se hace cargo del resto del proceso¬Ē, dice.

Hoy, este minero mantiene un contrato con una sider√ļrgica en Manizales, a la que env√≠a mensualmente cerca de 20 toneladas de fluorita.

¬ďSe vende a 500 mil pesos la tonelada. Se podr√≠an sacar hasta 200 toneladas pero lo que falta es tecnolog√≠a, maquinaria¬Ē, dice.

Oscar Prada, oriundo del municipio de San Andrés y el más joven del grupo, lleva tres meses trabajando en la mina. Dice que fue difícil aprender a reconocer la fluorita, pero que ya sabe que hay dos rasgos que la hacen inconfundible: brilla con la luz y es más pesada.

Prada explica que las ganancias del trabajo las reparten por partes iguales, aunque cada uno tenga tareas diferentes. As√≠, el n√ļmero de costales que saca el maletero lo dividen entre 5 y cada cual, lo multiplica por $5 mil, que es lo que Josefito paga por cada costal.

As√≠ las cosas, para que estos mineros artesanales consideren que un d√≠a ha sido realmente productivo, deben superar los 20 bultos. Y lo logran. ¬ďEsto es ya un patrimonio. Viene de generaci√≥n en generaci√≥n¬Ē, dice Josefito Beltr√°n, orgulloso de generar trabajo para su propia familia.

Fuera de la mina, el aire del Ca√Ī√≥n los reconforta de cuando en cuando. El paisaje es gratificante. Para ellos es como una bendici√≥n. Lo disfrutan por partida doble, tanto, que les da tambi√©n para subsistir aunque lo hagan con tan pocas herramientas y en unas condiciones que los alejan de la modernidad.

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