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Recordando a Gerardo Serrano | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-05-24 05:00:00

Recordando a Gerardo Serrano

Hace años escribo artículos de opinión para periódicos y revistas. Especialmente lo he hecho a lo largo de más de tres décadas en Vanguardia Liberal. Desde que existe la Internet es frecuente que algunos lectores, para solidarizarse con el escrito o para cuestionarlo, envían sus comentarios al columnista valiéndose del correo electrónico.
Recordando a Gerardo Serrano

Algún día recibí un mensaje con observaciones a un planteamiento sobre el gobierno del presidente Pastrana. Bien elaborada la nota y bastante fuerte. Un buen regaño. Como santandereano de cepa, respondí de inmediato, también en tono alzado, lo que por cierto no es muy recomendable. Lo mejor es seguir el consejo del doctor Carlos lleras: “leer varias veces y contar despacio, hasta cien”, antes de ripostar.

El esporádico interlocutor me contestó despedazando mis argumentos. ¡Quién dijo miedo! Defendiéndome repliqué al airado lector, quien firmaba  con el nombre de Gerardo Serrano. Un seudónimo, pensé.

En adelante recibí con frecuencia sus comentarios. Lo curioso del caso fue que sus reflexiones me comenzaron a parecer interesantes. Aun cuando casi siempre eran críticas, las encontré razonables, responsables  y bien argumentadas. Era claro que se trataba de alguien serio, bien formado, con principios políticos y  criterios cívicos. Por ese entonces nuestra correspondencia ya era bastante tranquila.

Un día le dije que pusiera la cara y me contara quién era. Me contestó que era Gerardo Serrano, Santandereano y Conservador. Lo de Conservador ya lo había intuido. No imaginé lo del paisanaje a pesar del apellido, pues pensaba que era ficticio. Me gustó saber que se trataba de una persona que escribía con franqueza y de frente. Todo un santandereano.

De ahí en adelante, sin nunca dejar de comentar aspectos de la vida nacional, comenzamos a tratar distintos asuntos, entre ellos temas personales, familiares y comarcanos. Se volvió una relación cercana, que compartí con Rosita y los muchachos.

Un día le conté que pasaría vacaciones de Navidad en Bucaramanga con la familia, y como ya éramos amigos cibernautas, nos pusimos una cita familiar. Antes de vernos, le pregunté a mi compañero y buen amigo Eduardo Remolina sobre Gerardo, quien me dijo: “es una gran persona, de familia apreciada y respetable, godísimo, eso sí”. Para conocernos y comer, nos encontramos en el Restaurante La Carreta. Fue una reunión grata, muy familiar, que recordamos con afecto.

Después nos vimos y hablamos muchas veces. Nos invitaron a su casa. Con su hijo Juan Carlos me escribo. Es un joven profesional “pilísimo”, quien resultó ser un comentarista económico y político de alto turmequé. ¡Quien lo creyera! La tecnología propició una amistad buena, sana, desinteresada, de la que mi familia y yo nos sentimos honrados y alegres.

Hace poco asistí al funeral de Gerardo. Ni Rosita, ni nuestros hijos, pudieron asistir. Pero estuvieron, como yo, tristes por su temprana partida. Lo seguimos recordando con afecto. Fue un privilegio conocerlo, lo mismo que a Tita y los hijos. Al cielo, donde está, le enviamos nuestro mensaje de cariño por el correo de lo espiritual.

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