“Cualquier tomate que veo, me lo imagino en salsa”: Pastor Mateo Romero | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-05-24 05:00:00

“Cualquier tomate que veo, me lo imagino en salsa”: Pastor Mateo Romero

La placa ubicada fuera de su casa y que lo identifica como Pastor Mateo Romero, no cuenta a los caminantes desprevenidos la historia y sueños de este hombre de 79 años de edad.
“Cualquier tomate que veo, me lo imagino en salsa”: Pastor Mateo Romero

El brillo de sus ojos y el carisma que lo caracteriza, dejan ver que, a pesar de sus años, todavía le quedan muchos tomates por cortar.
En una mesa de su casa, reposan tres tarros grandes, uno de salsa de tomate, otro de ají procesado y otro de vinagre. Hacen parte de una serie de productos de la marca Almar, etiqueta que representó su gran orgullo.

Este barranqueño, que hasta 1992 tenía su micro-empresa de productos con sello casero, como salsas, ajíes, mayonesas y mostazas, y que se comercializaba en grandes cantidades en la región, vio cómo la violencia y las continúas amenazas, le arrebataron su negocio. Poco a poco, él y su familia, fueron desplazados a Barranquilla.

Las amenazas de las que habla, no sólo venían de grupos armados ilegales que controlaban la Comuna Siete, sino de empresas nacionales, cuyos productos tenían en Barrancabermeja un gran nicho de mercado. Para ellas, Almar era su competencia. “Los dueños de la empresa nacional sobornaban a los funcionarios de salud que hacían las inspecciones sanitarias, para que nos persiguieran”, narró el microempresario.

“Éramos más o menos seis empleados, más el resto de la familia. Teníamos comercializadores en ciudades importantes como Bucaramanga”, añadió Romero.
En ese tiempo, comercializaban casi 1.200 garrafas de productos que también iban dirigidos a Cimitarra, San Pablo, Sabana de Torres y Valledupar, entre otros.

Pero el negocio no corrió con buena suerte ante el distrito portuario. La falta de acueducto y las malas condiciones sanitarias, los obligaron a no seguir produciendo las salsas tradicionales. Fue entonces cuando Romero y su familia se trasladaron a Barranquilla.

Tres años después y ya calmada la situación en Barrancabermeja, retornaron a la capital del petróleo, su tierra natal. Desde 1995, la lucha continúa, preparando con sus manos las salsas con sello barranqueño.

“Lo que me queda es la nostalgia de lo que se perdió, pero igual animado, porque muchas personas me dicen que vamos a salir adelante. Yo quiero hacer de esto una hacienda, siento que es una hacienda. Cualquier tomate que veo, me lo imagino en salsa”, dice.

Aterrizando en la realidad

Hoy los ingresos para la familia por la venta de los productos, no superan el millón de pesos que, en todo caso, deben invertir en la compra de envases, verduras, tomates, cajas y tapas. “Lo que queda es para sobrevivir”, expresó. En la actualidad, la producción no llega ni a los 100 envases, cuando anteriormente, aseguró, se hacía lo suficiente para 200 cajas. La producción de salsas Almar sobrevive en el barrio Provivienda.

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