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Palabras Inútiles | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-05-26 11:32:26

Palabras Inútiles

La reelección del señor Presidente encuentra cada vez más críticos, ya dentro de las propias filas de esa masa gelatinosa y heterogénea llamada “uribismo”. Ni más ni menos que los notables no saben cómo meter al genio desbocado al sombrero, la botella o la Lámpara de Aladino de donde lo sacaron.
Palabras Inútiles

El geniecillo está atrapado en la red de sus propios medios con los que ha pretendido perpetuarse en el poder, sin importar que el Estado Social de Derecho quede descuartizado y quiéralo o no, terminar instaurando, una vez más en América Latina, un régimen caudillista y autoritario.

Muchos críticos han discutido por qué el señor Presidente no puede irse aun cuando su pobre alma torturada y sangrante se lo pida. Los escándalos han sido demasiados y gravísimos, como nunca antes en nuestra historia republicana. Dejar el poder es exponerse demasiado, sino que lo digan Pinochet desde el infierno y Fujimori desde la cárcel. Y lo triste es que las dictaduras hoy se montan usando medios democráticos: plebiscitos, referéndums, actos legislativos, todos demandando la maltratada invocación de la “voz del pueblo”.

Sabemos hace mucho tiempo ya que esta voz no garantiza por sí misma la democracia, sino más bien la tiranía de la mayoría, como lo observara Alexis De Tocqueville en 1835 al estudiar la democracia en Estados Unidos. Y la crítica de Tocqueville no pierde vigencia. Pese a los efectos del mesianismo y caudillismo, la opinión política colombiana va perfilando un cambio hacia la recuperación de la institucionalidad y la decencia democrática. Salomón Kalmanovitz es certero en su columna de ayer en El Espectador: el referendo no la tiene fácil.

El paramilitarismo no es el mismo sin sus “jefes naturales” extraditados y el colapso de las pirámides también pasará cuenta de cobro electoral. Añadidos los crímenes de Estado, las interceptaciones ilegales, el uso arbitrario de la ley y de los cargos, pueden llevar al traste las pretensiones reeleccionistas. Un rotundo NO o una devastadora abstención están a la vista.

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