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Desde el alma | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-05-30 05:00:00

Desde el alma

Hace pocos años me encontraba en Bogotá, en la unidad anticorrupción de la Fiscalía General de la Nación, esperando entrevistarme con el fiscal y recibir ayuda frente a la crisis más angustiante que ha padecido mi familia. En frente mío aparecía un afiche con el rostro de una mujer, su mano levantada apuntándome con el dedo índice y encima de ella la palabra en mayúsculas, DENUNCIE.
Desde el alma

Cuando el fiscal me recibió le dije: ¿Sabe usted lo que les pasa a los ciudadanos que atienden la invitación que hace el afiche de su oficina? Mi esposo, atendiendo las indicaciones de la fiscalía, de grabar y filmar a un delincuente que trataba de sobornarlo, terminó preso durante trece meses, víctima de la corrupción de ese organismo y de seres inescrupulosos que calumnian sin vergüenza a otros, para al final y después de mucho tiempo, ser declarado inocente.

Hoy, después de tan dolorosa experiencia y frente a lo que está ocurriendo con el rector de nuestra Alma Máter, la UIS, no dejo de reflexionar sobre las similitudes que presentan ambas situaciones: Ciudadanos honorables que actúan siguiendo instrucciones de las autoridades, de la noche a la mañana se ven expuestos a la sevicia y al escarnio público, por supuestas irregularidades tejidas hábil y siniestramente por individuos con intenciones non sanctas. Personas buenas, de comprobada honorabilidad, que frente a la amenaza creyeron en las instituciones y siguieron indicaciones que más tarde les rebotaron en el alma y en la buena fe.

¿Por ingenuidad? Reto a las personas de bien a que me contesten con sinceridad si hubieran actuado acertadamente y con experticia frente al primer hecho inesperado, como la llamada anónima de un delincuente y en un contexto similar al que se dieron los hechos en la UIS. Personas con trayectorias de vida intachables en nuestra comunidad, que no aparecieron de la noche a la mañana, conocidas por su humanismo y sus ejecutorias y que de repente, quieren convertirlas en delincuentes. ¿Cómo no apoyarlos? ¿Cómo no creerles si hasta en nuestra constitución se encuentra consignada la presunción de buena fe? ¿Cómo no ponernos de su lado y no hacer el juego a los malandrines con deseos de exterminio? ¿Cómo no enfatizar en el fondo de esas personas y no en la aparente forma? No permitamos que la calumnia se cuele en nuestras vidas.

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