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Cuando el amor ahoga | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-06-01 05:00:00

Cuando el amor ahoga

“Nadie está diciendo que no los amen”, señala la psicóloga Alicia Rojas de Calderón. “Pero hay que saber amarlos”.
Cuando el amor ahoga

La psicóloga asegura que cada etapa de la vida exige una demostración de afecto que le permita al hijo ajustarse a la niñez, la adolescencia, la juventud y la adultez.

No está mal mimar al niño. Hablarle con cariño, hacerle cuchicheos o escogerle alguna ropa de vez en cuando.

Pero si el niño ya no tiene 9 años y es un joven de 23, esta clase de afecto se transforma en un amor que puede llegar a deteriorar la relación familiar y que incluso puede frenar la confianza y deseo natural de un hijo a independizarse.

Una consecuencia es la rebeldía

Freddy Jesid Álvarez es un joven de 15 años que vive con sus tías y su abuela.

“Cuando mi hermana lo trajo para que lo cuidáramos, nosotras nos alegramos mucho de tenerlo aquí. Hacía rato que no había niños en la casa y él llegó para alegrarnos la vida”, comenta Sonia, tía de Freddy.

Freddy creció muy mimado y querido por su abuela y sus dos tías solteras, que lo cuidaron y le facilitaron la posibilidad de estudiar.
La etapa de la adolescencia llegó y como es natural, Freddy empezó a manifestar sus intereses, que no siempre correspondían a lo que sus tías y su abuela querían.

Sin embargo, ese no fue el mayor inconveniente.
“Se ha vuelto muy grosero, ya no quiere estar con nosotras. No le gusta que lo toquemos y se pone muy agresivo si tratamos de hacer algo por él”, señala Sonia.

Ella comprende que para algunos adolescentes esta etapa de la vida significa cambios y descubrimientos, pero que no está segura de cómo afrontar la situación o de cuál sea el problema en su relación con el Freddy.
Sin embargo, el joven tiene otra perspectiva de su rebeldía y parece conocer muy bien la razón por la cual la relación con sus tías y su abuela se ha deteriorado.

“Lo que pasa es que son todas mujeres y no comprenden que no quiero que me mimen todo el tiempo. Ellas me siguen escogiendo la ropa, me hacen de todo y lo que yo quiero es empezar  a sentirme independiente, comenzar a ser mayor”.

La doctora Alicia Rojas de Calderón señala que “lo mejor sería que ambos manifestaran su posición y que llegaran a un acuerdo. Pero, desde el punto de vista del joven, él tiene la razón. Es hora de que ellas cambien la manera en que le expresan su afecto. No que dejen de quererlo, pero sí que dejen de tratarlo como un niño, eso sólo traerá sufrimiento a la familia”.

LA VOZ DEL EXPERTO
Annie de Acevedo / Psicologa

“Es irónico lo que pasa. Los padres dedican su vida a hacer felices a sus hijos y el resultado es la infelicidad, pues ellos nunca aprenden la autosuficiencia, nadie los preparó para esto.

En aras de una felicidad mal entendida, los padres les dan todo y más: clases de música, deportes, el mejor colegio, felices cumpleaños, viajes exóticos y, en fin, un exceso de gratificación.

Estos padres se sacrifican no sólo monetariamente, sino en todo sentido para que sus hijos tengan lo mejor del mundo.

Pero al ver crecer a estos hijos estamos viendo que se vuelven no sólo cómodos sino exigentes. Son niños que han crecido con tanta atención y preocupación por su felicidad, que se quieren mucho a sí mismos, pero a nadie más.

Esa autoestima no es buena. Les hace difícil dar a los demás y, por lo tanto, sus interacciones emocionales son conflictivas”.

LA VOZ DEL EXPERTO
ÁNgela marulanda / psicóloga

“La sociedad en general, y la familia en particular, han sufrido una serie de grandes y rápidos cambios en los últimos tiempos que han dado lugar a que como padres nos estemos enfrentando, no solo con unos niños muy distintos a lo que fuimos nosotros en la infancia, sino también a una serie de nuevas situaciones que no comprendemos ni sabemos manejar.

Esto ha dado lugar a que seamos mamás y papás más inseguros y que por lo mismo, a menudo reaccionemos en formas muy diversas ante un mismo problema con los hijos: en unas ocasiones les regañamos; en otras no les damos importancia; en algunas volamos a solucionarles todo, y en ciertos casos les tratamos con atención y cariño. Es decir, actuamos de diferentes maneras según el estado de ánimo en que nos encontremos.

Cuando los padres actuamos en forma consistente ante los problemas con los hijos, ellos saben a qué atenerse y pueden aprender a confiar en nosotros o, por lo menos, a no dejarse afectar mucho por nuestras reacciones porque son predecibles. Pero cuando cambiamos constantemente nuestra manera de responder, los niños no pueden anticipar qué les va a ocurrir y viven en continua expectativa respecto a lo que les sucederá. Y estas situaciones de incertidumbre traen como consecuencia un estado de ansiedad permanente en los hijos”.

LA VOZ DEL EXPERTO
IVÁN ESPINOSa / psicopedagogo

“Los padres sobreprotectores inconcientemente están creando en sus hijos alteraciones en su personalidad, con lo que dificultan la relación del niño con el medio.

Por lo general este tipo de niño tiene un marcado sentimiento de inferioridad, es así que cuando un niño de su edad realiza alguna actividad propia de su estadio (fase), el sobreprotegido inmediatamente manifiesta no poder hacerlo por cuanto se siente más pequeño, estos niños -por lo general- están al margen de actividades competitivas, agravándose más su patología de inferioridad.

“Otra característica es la gran dependencia hacia sus progenitores, a través de la inseguridad, llegando al extremo de dudar de todo lo que hacen, tareas escolares, juegos, amistades.

 

 

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