Espigas de fe | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-06-04 05:00:00

Espigas de fe

Es el pan de la vida, es el oro de la tierra y, sobre todo, es la fe del sembrador. Esas palabras podrían resumir a las más bellas expresiones de la naturaleza: las espigas.
Espigas de fe

Sus semillas se unen para conformar hermosos racimos de granos, todos extra√≠dos de los √°rboles de la vida. Las espigas, majestuosas y doradas por el sol, son alimentos, son se√Īales de prosperidad y, por supuesto, nos confirman que todo saldr√° bien.

No se trata de cualquier creencia. Es la certeza de que podemos confiar en lo que no se puede ver, y que debemos conservar la calma cuando todo se nos vuelve turbulento.

El labriego lo sabe muy bien y basa su futuro en las espigas. Cuando abona la tierra y siembra sus semillas siente que, por m√°s borrascas que azoten a su finca, siempre cosechar√° los mejores cultivos.

El granjero planta una semilla, la riega y la cuida, porque sabe que crecerá. Así debe ser nuestra fe. Ella debe ir en contra de los malos augurios, de la desesperanza e incluso de las adversidades.

Tener fe es crear un vacío en el corazón para que lo llene Dios, tal como lo hace la espiga en las tierras del sembrador.

¬°Claro! tener fe no es sentarse a esperar que todo le caiga del cielo. Esa es la fe del perezoso.

La clave es mirar hacia el frente, trabajar por los ideales y cultivar la paciencia, pues todo lo bueno alg√ļn d√≠a germinar√°.

La fe en Dios requiere que uno obre con confianza en √Čl, antes de ver el resultado final.

También significa que se debe hacer todo lo que está a su alcance para lograr las cosas por las cuales trabaja.

Con fe, la respuesta no sorprende. Ya se sabe qué sucederá. El atleta tiene claro que ostentará su medalla de oro en su pecho, porque ha entrenado para ello.
Tener fe es permanecer en su puesto cuando todos los dem√°s desertan. Es hacer lo que Dios pide hoy y saber que √Čl har√° ma√Īana lo que ha prometido.

El que cree, no tiene miedo; al menos no se queda sembrado en él. No hay chance de dudar. En otras palabras, cuando se cree, se tiene la seguridad de que todo va a salir como se tiene proyectado. Sólo así los impedimentos que se ven como barreras, de-saparecen.

Si su cuarto queda a oscuras y a usted le asustan los fantasmas de su mente, tenga fe; nada le pasar√°. ¬ŅPor qu√©? Porque el resplandor de su habitaci√≥n est√° en el coraz√≥n, no en el bombillo.

Tener fe es seguir a pesar de que los caminos estén cerrados. Es confiar en sus sentidos, antes que en lo que le dicen los demás. Es abrir los ojos y ver más allá de lo que todos ven.

Ojo: la fe también consiste en aceptar las cosas tal como suceden y entender que cualquier resultado obtenido es para sacarle el mayor provecho.
La fe es como la semilla, algo que germina más allá de las dudas, las tempestades y la tristeza del corazón. ¡Cultive su fe y muy pronto verá la cosecha!

¬ŅY qu√© pasa con la ciza√Īa?

Un hombre sembr√≥ una buena semilla en su campo. Sin embargo, mientras dorm√≠a lleg√≥ uno de sus enemigos y sembr√≥ ciza√Īa al lado del trigo. Cuando pasaron los d√≠as crecieron las plantas y se empez√≥ a formar la espiga; pero tambi√©n apareci√≥ la ¬Ďintriga¬í. ¬†

El hombre quiso arrancar la siembra de una. Sin embargo recapacit√≥, pues dedujo que si la desprend√≠a, tambi√©n da√Īar√≠a la cosecha y arruinar√≠a el trigo.
Por eso dej√≥ que crecieran juntos, trigo y ciza√Īa, hasta el tiempo de la recogida final. No tuvo miedo de actuar de esta forma, s√≥lo tuvo la fe suficiente como para esperar que nada malo ocurriera.

Cuando lleg√≥ la bonanza, con sumo cuidado apart√≥ la ciza√Īa y la at√≥ en gavillas para quemarla; despu√©s almacen√≥ el trigo en su granero. Luego descubri√≥ que ten√≠a m√°s trigo que nunca y que la ciza√Īa era tan d√©bil que, de una manera r√°pida, se extingui√≥.

Moraleja: Siempre tendremos gente que tratar√° de hacernos mal, pero no por ello debemos desistir de nuestras metas. Tengamos fe en nosotros mismos. Nuestra confianza puede ser la m√°s peque√Īa de todas las semillas, pero cuando crezca llegar√° a ser m√°s grande que las malas intenciones de los dem√°s. ¬ŅNo les parece?

BELLA HISTORIA

√Čl era un escritor humilde. Afrontaba una de esas pobrezas que, de la misma miseria, le atropellaba su honra y lo dejaba como muchos mendigos de hoy d√≠a: ¬°aru√Īando mendrugos!

Con improvisadas caucheras cazaba gorriones en los tejados y los cocinaba, sirviéndole de asador una de las varillas oxidadas que reposaban sobre los techos que frecuentaba.

A veces, por tener empe√Īadas sus √ļltimas ropas, permanec√≠a semanas enteras en su rancho, sin m√°s vestidura que una colcha de
retazos.

Sus amigos, no tan humildes como √©l, lo criticaban por no trabajar. Le cuestionaban esa idea ¬Ďloca¬í de querer convencer con sus escritos a una casa editorial, sobre todo en una √©poca como la que √©l vivi√≥. Al fin y al cabo, √©l no dejaba de ser un f√≠sico ¬Ďmuerto de hambre¬í.

No era fácil hacerse leer de los críticos, cuando su vientre no oía preceptos y, de manera permanente, le gritaban que se pusiera a
trabajar en un oficio que le devengara un sueldo b√°sico.

Este hombre, enamorado de las letras y con una convicci√≥n profunda de que alg√ļn d√≠a ser√≠a alguien en la vida, se acostumbr√≥ a comer pan con aceite, del mismo que hoy se utiliza para fre√≠r los alimentos.

Seg√ļn afirmaba, la espiga era su secreto para no perder la fe de que alg√ļn d√≠a ser√≠a admirado por sus textos: ¬ďmientras tenga aceite, un escritor no se morir√° de hambre¬Ē.

Y de la cabeza del tallo del trigo, allá donde se contienen los granos, él logró su propósito de ser un gran novelista, convenciendo con trabajo a más de una empresa editorial.

Pese a ello, siempre fue una persona sencilla y humana porque, seg√ļn contaba, no ten√≠a nada de qu√© ¬Ďjactarse¬í.

√Čl hizo del pan su poes√≠a, fue una extra√Īa comuni√≥n de espiga e inspiraci√≥n, s√≥lo para escribir las l√≠neas que le garantizar√≠an su futuro.

¬ŅQu√© tuvo Emilio Zola, el novelista franc√©s de esta historia?
¬ďPues, hambre de triunfo¬Ē, respondi√≥ el mismo autor.

Fue un hambre que le permitió convertir sus letras en un sol redondo y fragante de harina, como para repartir al creyente y al mendigo que pasa frente a un templo.

Emilio Zola nunca fue un glotón, ni siquiera cuando tuvo el suficiente dinero como para pagarse banquetes enteros. Siempre consideró que para pasar una noche tranquila, había que cenar de manera parca y que el mejor alimento para su cuerpo, era el espíritu de querer hacer las cosas.
Mejor dicho, su alimento fue la espiga de la fe.

S√≥lo as√≠ pudo tener el aceite suficiente para observar, para imaginar y para creer que podr√≠a tocar el cielo con las manos, a√ļn con el
estómago retorciéndose del hambre.

 

 

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