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La dignidad de la justicia | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-06-06 05:00:00

La dignidad de la justicia

La dignidad de la justicia

En contraste, su perversión, en el mismo orden, se torna en corrupción, deslegitimidad e indignidad.

Una sociedad podría sobrevivir bajo las sombras de un gobierno corrupto -experiencia sufrida por el mundo-; también podría mantenerse a flote con un Congreso que traiciona sus intereses, pero cuando la justicia pierde su norte y se desvía por atajos de inequidad, la organización social se desvertebra y sucumbe para regresar a la vida cavernícola, donde cada quien imparte justicia.

Es el preludio de la disolución de una sociedad, porque languidece su eje central, su nervio más sensible.

Todas las huellas que ha dejado la corrupción –pese a las buenas intenciones de un presidente- y las heridas profundas que han quedado en el alma nacional ante las evidentes alianzas de un significativo número de congresistas con la delincuencia organizada, envuelta en el ropaje de un paramilitarismo criminal, nada ha causado tanta alarma social como aquellos desafortunados episodios en los que se han visto involucrados algunos magistrados de la Corte Suprema de Justicia, por cuenta de las atenciones del señor Ascencio Reyes, muy cercano a Giorgio Sale, porque quienes administran justicia no pueden tolerar su asedio, aún con apariencias inocentes, so pena de vulnerar la majestad implícita en ella.

En esa dirección se expresaron -con el valor de una constancia histórica- dos distinguidos magistrados de esa Corte, cuando, al formular su salvamento de voto frente a una sentencia, manifestaron que “Esta explosión de obsequios y regalos así nada concreto se pida por ellos, aceptarlos por el empleado que debía rehuirlos, debe merecer reproche y sanción, porque la justicia resulta estropeada en su buen nombre y termina por deteriorarse… los regalos ciegan los ojos de los sabios y se hacen en perjuicio de los justos”. -Citado por Salud Hernández.

Reconforta saber que la crisis de valores no es colectiva; perviven en medio de las dificultades almas valientes dispuestas a salvar las instituciones.

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