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Lo democrático de la seguridad | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-06-07 05:00:00

Lo democrático de la seguridad

Fuera de la protesta previsible de FENALCO y de las glosas de un par de economistas, poco se debatió la propuesta de Luis Carlos Sarmiento para que todos paguemos el impuesto de la Seguridad Democrática “porque nos beneficia por igual a todos”.
Lo democrático de la seguridad

Por supuesto que un crimen es un crimen, que el Estado está obligado a protegernos a todos y que todos hemos de ser solidarios con la víctima. Pero la frase inocente del magnate en realidad esconde la pregunta central y silenciada en esta fase de la historia de Colombia: ¿seguridad de quiénes y contra cuáles riesgos?

Casi siempre se piensa que la seguridad es un bien indivisible y homogéneo, o sea que un país es igualmente “seguro” o “inseguro” para todas las personas que lo habitan. Pero la realidad es muy distinta: cada persona está expuesta a riesgos criminales diferentes según su edad, su sexo, su barrio, su color o su nivel de ingreso. Es más: cada persona percibe de manera distinta la inminencia del riesgo y – sobre todo-  las medidas de seguridad deben ser diferentes para cada grupo.   

Para citar el ejemplo que debería ser obvio y que no lo es en ésta sociedad machista: un hombre tiene cuatro veces más probabilidad que una mujer de ser muerto o golpeado en la calle, pero una de cada tres mujeres colombianas es o ha sido víctima de la violencia doméstica. O sea que no hay inseguridad sino inseguridades.

Eso pasa en todas partes. Pero en Colombia se añade una rareza crucial para entender lo que está sucediendo: la Seguridad Democrática es una política rural para un país donde el 70% de la población vive en grandes ciudades. Los asesinatos y secuestros de las Farc no amenazan al peatón de Chapinero o de Junín, sino a los finqueros y tenderos del Huila o Putumayo. Y sin embargo las grandes ciudades apoyan a rabiar al Presidente de las Seguridad Democrática.

Más todavía: la seguridad de Uribe es todo lo contrario de la de Mockus, Fajardo, Garzón o Peñalosa. La una es militar, la otra es cívica, la una es pacificación, la otra es pedagogía, la una es la tarea del siglo XIX que no hicimos, la otra es la tarea del siglo XXI que estamos comenzando. Esta es la brecha más honda que separa – o debía separar- las “dos Colombias”, y lo patético es que aquellos ex alcaldes civilistas no logran desmarcarse de la Seguridad Democrática.

Y no lo logran sobre todo porque las Farc son una mula muerta y atravesada en el camino de Colombia: por cuenta de las Farc no hemos salido aún del siglo XIX o – más exactamente- las Farc existen porque Colombia no resolvió el problema del siglo XIX, el problema del uso del suelo.
Y por eso, mientras la Seguridad Democrática no democratice la tenencia y los usos del suelo, la seguridad que sin dudas ha logrado en estos años dará paso a las inseguridades del mañana: no hay seguridad sino seguridades.  

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