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Sobre el carro particular | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-06-07 05:00:00

Sobre el carro particular

No hay duda que la invención del automóvil es beneficiosa para la humanidad.  Pero, como ha sucedido con otros adelantos técnicos formidables (el teléfono celular, la computadora...) su mal uso crea esclavitudes y genera problemas graves aunque evitables o disminuibles.
Sobre el carro particular

Así por ejemplo, el uso irracional del carro particular y su dependencia tiene consecuencias desastrosas tanto en la esfera individual como en la social y ambiental.

Me refiero aquí no tanto al automotor utilizado como instrumento de trabajo, sino a aquel de uso individual.

Muchas personas encerradas en esas cajas metálicas empobrecen sus relaciones sociales, se tornan neuróticas, padecen de molestias pulmonares, artritis etc.. y terminan inválidos o envejecen antes de tiempo por no usar su naturales patoricas y respirar permanentemente aire contaminado.

En lo social, el mal uso de este aparato causa innumerables accidentes y ri√Īas, impide el desplazamiento seguro y c√≥modo de los peatones y genera trancones que muchas veces hacen m√°s r√°pido el desplazarse a pie o en bicicleta. En cambio, el uso del transporte p√ļblico es muchas veces m√°s c√≥modo y menos estresante y promueve ese bien com√ļn tan valioso como es el empleo digno.

En la actualidad, la humanidad está tomando conciencia del desastre que se avecina debido al recalentamiento global y a la contaminación generados en gran parte por el uso irracional de los automotores.

Por lo tanto, el Estado como promotor del bien com√ļn no debe proteger en forma no selectiva la industria automotriz, privilegiando la bicicleta, el desplazamiento peatonal, el transporte p√ļblico y los automotores no de lujo sino de trabajo; debe fomentar las formas de transporte no contaminantes como los ferrocarriles y las v√≠as fluviales y la fabricaci√≥n de automotores menos depredadores del ambiente. Debe desanimar al mismo tiempo el uso del carro particular, especialmente el de gran cilindrada mediante impuestos, restricciones viales y de horarios, numerosos parqueaderos y no ceder a los llorones por el precio de la gasolina, de tal manera que dicho aparato sea utilizado solamente para largos desplazamientos y hacia lugares donde exista suficiente parqueo y carezcan de adecuado servicio p√ļblico.

Por ese motivo no estoy de acuerdo con las medidas de los gobiernos destinadas a favorecer la industria automotriz. Es cierto que tales f√°bricas promueven el empleo y generan impuestos, pero no en la misma medida que los hacen las peque√Īas empresas y la construcci√≥n; es cierto que producen bienes pero no tan importantes como los electrodom√©sticos o tan esenciales como los alimentos y la vivienda popular. El Estado debe favorecer a los peque√Īos, no a los grandes, y los productos de inter√©s social y no aquellos lujosos o de uso exclusivo.

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