Mi hijo hace de todo | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-06-08 05:00:00

Mi hijo hace de todo

La psicóloga infantil Ángela Salazar recibió hace un par de meses en su consulta a Luis, de 11 años, y sus padres, porque se sentía estresado.
Mi hijo hace de todo

Siendo naturalmente un niño sociable, Luis se había puesto irritable, sufría de dolores de cabeza y, de manera extraña, las relaciones con algunos de sus compañeros no eran las mejores.

Cuando la doctora Salazar le preguntó a Luis cómo se sentía en la convivencia con sus padres, respondió que era excelente, que nunca peleaban.
Ahí no radicaba el problema. ¿Entonces? La psicóloga revisó el horario de actividades de Luis.

En la mañana de 7 a 2, tenía clase en el colegio. De 3 a 5, clase de ajedrez y de 6 a 8, natación, los miércoles y los jueves. Los lunes, martes y viernes tomaba clase de inglés e informática. Los sábados, cada 15 días, recibía clases de dibujo en la biblioteca pública y cuando no, tenía clase de francés.

“Me sorprendí mucho. Luis tenía una agenda más apretada que la de mi hija, que estudia medicina. Le comenté a sus padres que ahora entendía por qué la relación era tan buena: nunca se veían”, comenta Ángela Salazar.

Los padres de Luis manifestaron que el niño nunca se había quejado y que sus profesores les manifestaban que su hijo tenía talento en cada actividad que desarrollaba.

Luis coincidía en su gusto por el dibujo, reconocía que aprender idiomas era importante, quería ser un buen alumno y se divertía nadando.
“Él tampoco entendía muy bien porque estaba irritado. Con un par de charlas y tratamiento, descubrimos que Luis necesitaba algo muy simple: descansar”, comenta la psicóloga infantil.

Fue difícil convencer a los padres de Luis para que aceptaran la terapia radical que la especialista les recomendó. “Usualmente esta terapia se usa cuando ninguna de las dos partes reconoce que está sobrecargada: le pedimos a los padres de Luis que lo retiraran de todas las actividades extracurriculares por dos meses. Al principio, ni siquiera el propio Luis estaba de acuerdo”.

Pero pasados 15 días, Luis se veía más animado y feliz. Tenía más amigos y había recuperado aquellos con los que se había peleado. Sus lazos afectivos eran más profundos y empezó a construir su verdadera personalidad.

“Luis no se quejaba, pero ese no era su verdadero carácter. Después de tres semanas, manifestó que extrañaba el dibujo y quería volver a nadar, pero por las otras actividades no mostró ningún interés”.

El tiempo que Luis pasaba en las otras clases, lo ocupa ahora en dibujar en solitario o ir a nadar con sus amigos. También empezó a hablar más con sus padres y contaba con fervor acerca de una serie de televisión de dibujos japoneses que le fascinaba.

“Incluso se reía con frecuencia. La primera vez que vino a la terapia apenas si sonreía”, comenta Ángela Salazar.

LISTA
A la hora de escoger las actividades

La psicóloga infantil Ángela Londoño, ofrece los siguientes consejos antes de tomar alguna actividad curricular para su hijo:

1 Sea selectivo/a: no matricule a su hijo en el grupo de “salto alto” sólo porque está de moda.
2 Sepa el compromiso: no se comprometa con su hijo a matricularlo en una actividad para luego no poder cumplir con los implementos que se le solicitan. Tampoco lo matricule en uno que requiera horarios en los cuales su hijo debería estar descansando.
3 No se agote, ni lo agote: siempre habrá padres que quieran que sus hijos pequeños se conviertan en genios deportivos o artísticos y con este fin los inscriben en las siete artes y en todos los deportes. No sea uno de ellos.  
4 Tenga expectativas razonables: sí, hay niños genios, pero eso no significa que el suyo lo sea. Incluso no significa que sea deseable. Si inscribe a su hijo en una actividad, procure que disfrute con ella, no que cumpla como si fuera un test.
5 Los niños necesitan tiempo para descansar. No está mal que su hijo quiera ver algo de televisión o simplemente dormir la siesta después de la escuela. No quiera arruinarles su infancia con una agenda tanto o más apretada que la suya.

LA VOZ DEL EXPERTO
Antonio Muñoz Hoyos / Pediatra

“Es necesario que el niño disponga de un ambiente favorable en el que exista un razonable equilibrio entre las actividades educativas y las llamadas extraescolares. Cualquier exageración que desestabilice este binomio resulta perjudicial para el niño.

Es conveniente no imponer ninguna actividad extraescolar al niño, sino intentar consensuarla con él, en función de sus intereses y preferencias. La configuración de la agenda extraescolar se trata de un acuerdo a tres bandas, en el que deben participar los profesores, los padres y, claro está, el propio niño.

Los beneficios que las actividades extraescolares pueden tener en el niño dependen fundamentalmente de dos factores. En primer lugar, del propio niño, de su temperamento, interés por determinadas cosas, capacidad de aprendizaje, edad, etc. En un escolar o adolescente demasiado tranquilo, que tiene tendencia a emplear su tiempo y pasar la tarde entera jugando o viendo la tele, cualquier clase extra puede suponer un buen estímulo; no debemos olvidar que el espíritu de superación y el esfuerzo forman parte del aprendizaje”.

Rosina Beltrán / Sicóloga infantil

 

“Las actividades extraescolares representan principalmente un aspecto positivo, ya que han sido asociadas a un mejor nivel educativo, al requerir más competencias interpersonales, más aspiraciones y nivel de atención y un mayor pensamiento crítico y madurez personal.

En algunos casos se realizan demasiadas actividades fuera de la escuela y éstas son mal elegidas por los padres  o planificadas de forma errónea, no produciéndose una coordinación o complemento con las actividades realizadas en el colegio, afectando de forma negativa el rendimiento académico.

Las actividades extracurriculares no sólo ofrecen a los niños qué hacer en el tiempo libre, sino que estas actividades promueven un positivo sentido de los niños como personas y decrecen las posibilidades de que dejen la escuela”.

 

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