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Grímpolas | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-06-19 05:00:00

Grímpolas

Grímpolas

El portal de acceso, los jardines fragantes, los extensos corredores de anchos techos sostenidos en pilares de madera nativa, los cielos de caña y teja de barro, los salones de trabajo y descanso, con muebles y antigüedades de atildamiento hidalgo; las salas con ventanas espaciosas por donde se cuela el aire y los muros encalados en los que está prendido el verbo de los imaginados contertulios, suscitan rememoraciones centenarias. La Casa de Bolívar se confunde silenciosa en la memoria del Prócer.

Cómo no volver a los diálogos, entre bélicos y místicos, con el cura Valenzuela, con el militar francés Luis Perú de la Croix y demás visitantes, un poco más vehementes en la sorpresiva sustitución de temas que agitaban o aplacaban el impulso de las hamacas y el inesperado testimonio de los edecanes.

En la casa está todo. Desde la ampliada efigie del Libertador que el pintor iluminó pensando en la altura de un extraordinario Consejo de Ministros, con su prodigiosa inclinación artística, hasta los óleos laterales de patriotas que alientan el estudio en esta mítica casona, restaurada por la Academia Colombiana y la munificencia del Presidente Eduardo Santos, en 1949. Aquí está todo intacto.

Apenas la modernidad transformó en avenida la pesebrera, la cuadra de los caballos, los cuadrúpedos amigos que llevaban al campeón de las jornadas y a sus subalternos, por las campiñas de Piedecuesta, Girón y Floridablanca, a las intercaladas sombras de los gigantes caracolíes que hoy amenazados atestiguan la verticalidad de ayer.

Llega hoy a esta Academia, a exaltarla como Miembro Honorario, el ex-Presidente de la Nación, don Belisario Betancur Cuartas a quien la altura de su mente lo mantiene en el mundo de los libros y en el protagonismo del idioma.

El “Perfil de un Gran Pueblo en dos Imágenes”, título de su escrito de ingreso, reconoce y encomia el pasado de dos plumas santandereanas, Jaime Barrera Parra y Tomás Vargas Osorio tempranamente asomados a los postigos de la eternidad. Mantenga la generosa inclinación escrita en paisanos nuestros de la prodigiosidad de Aurelio Martínez Mutis, en las Epopeyas del Cóndor y la Espiga, de José Camacho Carreño, iluminando en su palabra el doloroso final del estudiante Bravo Pérez, de César Ordóñez Quintero suscitando tribunicio el estímulo de las aclamaciones, ahora cuando se van a cumplir los centenares de años de libertad, señalada y empezada en las comuneras provincias guanentinas que S.E. visita y sirve generoso.

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