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Bucaramanga, más que once letras | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-06-19 05:00:00

Bucaramanga, más que once letras

Bucaramanga, más que once letras

“Bucaramanga es un faro de encender mujeres bellas, la luz que incendia su cielo bajó cantando a la tierra, y se subió en largos ritmos al cuerpo de las doncellas”, decía Rafael Ortiz González –el poeta prolífico de la comarca-.

Con ellos, muchos más enaltecen el paraninfo literario de Santander. Vargas Osorio, Ismael Enrique Arciniegas, Gómez Valderrama, Serrano Blanco, José Antonio Escandón, Barrera Parra, Juan Cristóbal Martínez (Juancé), Regueros Peralta, Martínez Collazos, Luis Ernesto Puyana, los Espinosa Valderrama, Ernesto Camargo Martínez, Pinto Barajas, Silvia Galvis Ramírez, Luis Enrique Figueroa, Carmen de Gómez Mejía, Uribe Prada, Ciro López Mendoza, para nombrar solo algunos que desde la literatura o el periodismo han dado lustre a la estela del intelecto regional.

Por iniciativa de la sangre joven de Manolo Azuero impulsaremos una actitud constructiva frente al deterioro de Bucaramanga. La demolición de nuestra memoria arquitectónica no es sino el síntoma de una pandemia cultural más nociva: la pérdida de la memoria regional. Las generaciones de la globalización encauzan sus talentos por torrentes pluriculturales que conocen gracias a la “conectividad” con el mundo.

Así debe ser. Pero lo que siembra el pasado en la conciencia colectiva de cada pueblo es la simiente. Aquí no estamos partiendo de cero, ya tenemos mucho camino andado. La huella de nuestros hombres de letras no puede borrarse de nuestra memoria. La academia puede parir intelectos universales en sociedades que promueven la erudición de los jóvenes sobre las glorias artísticas: las locales y las foráneas. ¿Cuánto sabe la mayoría de más de un par de los nombres que arriba cité? Nada.

En este país –y dentro de él, en Santander muy especialmente- las artes lingüísticas se dan silvestres. Ya es una tradición latinoamericana el acariciante manejo del idioma por parte de los colombianos. Leemos más que otros, escribimos mejor y hablamos más castizamente. Sin embargo, más parece un producto de la suerte que del cultivo deliberado del idioma. Bucaramanga debe recoger su memoria y honrarla para darle consistencia y norte al desarrollo humano local.

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