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Mi Padre: Pedro A. Pacheco | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-06-20 05:00:00

Mi Padre: Pedro A. Pacheco

Mi Padre: Pedro A. Pacheco

De joven estudió en el colegio San Pedro Claver de Bucaramanga, allá en el viejo edificio que es hoy el centro Cultural del Oriente, en el parque Centenario.

 Luego  viajó a Bogotá a estudiar  odontología en el Instituto que  en ésa época  graduaba los primeros profesionales de esa rama, realizando largas cabalgatas hasta llegar a la Bogotá de los años veinte, aquellos que fueron llamados en Francia como la Belle época y que dio a vida los brillantes impresionistas que transformaron la pintura.

Al terminar su carrera se estableció  en Pamplona, en donde instaló su consultorio  para asombro de los pamploneses, que llegaban  a conocer de  cerca  la fresa de palanca,  uno de los instrumentos  más refinados de tormento creados por la civilización en el siglo XX y,  que mi papá manejaba con  habilidad de verdugo. Ramiro Blanco Suárez fue testigo de esas épocas, cuando mozalbete pasaba por el lado del consultorio y alcanzaba a ver el nuevo instrumento de tortura con curiosidad de judío antes de entrar a los hornos crematorios para su sacrificio final.

En Pamplona nació Manuel, el pintor Pacheco de Suratá, que por cierto creó su propio impresionismo con su pintura de vitral.

Mi madre, Aura María Blanco, trabajaba allí  como oficinista en el Banco, con una habilidad pasmosa para el manejo de la máquina de escribir. Luego  la llevaron a Suratá al cuidado de la abuela Sofía  para atender su segundo embarazo, en donde nací  yo en medio de un aguacero torrencial y cuando los eucaliptos de  Llano grande se estremecían al contacto con la tempestad. Eran las seis de la mañana. Y en Bucaramanga nacería Álvaro, quien también es pintor. Mi papá instaló su consultorio en la calle 33 y  luego lo  trasladaría a la calle 34, junto a David Habeich y Manuel Forero Blanco. A la vuelta estaba Carlos O Pérez y más tarde Carlos Maigel Zagarra.

Al  frente  la joyería Granados. Era un cristiano viejo, con  fe de carbonero que cándidamente compraba billetes de lotería y se los tiraba a  los santos, que mudos esperaban la buena suerte desde  sus esculturas, cuando seguramente los sacristanes debieron disfrutar  de algún bienestar con un gordo de la lotería Santander. Perteneció  también  a la sociedad de San Vicente de Paúl y junto con Eloy Vásquez, Pablo Narváez, y otros, se dedicaban a recoger mercados para repartir luego a familias indigentes. Vea texto completo en raulpachecoblanco.blogspot.com

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