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El requinto que canta, trina, aletea, vuela¬Ö | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-06-21 05:00:00

El requinto que canta, trina, aletea, vuela¬Ö

La plumilla entre sus dedos vuela y la caricia de esas alas de colibrí sobre el acero templado o sobre el cobre entorchado hace levantar a ochocientas personas de sus asientos en el auditorio Gerardo Arellano de Ginebra, Valle.
El requinto que canta, trina, aletea, vuela¬Ö

Los aplausos se hacen interminables cuando arrancan de esos seres en éxtasis que han sentido que por sus venas corre una espuma efervescente que llega hasta el corazón.

Acaba de ejecutar con su requinto el pasillo ¬ĎR√≠o Cali¬í de Sebasti√°n Solari y todav√≠a el alma de Carlos Andr√©s flota en el diapas√≥n y un azul el√©ctrico, di√°fano e intermitente, lo rodea en una aureola feliz que lo estremece.

Quienes lo oímos a quince centímetros de cercanas lejanías quedamos tan encandilados como quien se encuentra de repente en su ventana con la aurora boreal.
Esos salones son su campo de juego donde presenta sus divertimentos ante un auditorio exquisito y exigente, y donde el que menos sabe de instrumentaci√≥n andina no se olvida que ¬ĎOjo al Toro¬í lo compuso Cantalicio Rojas, y dominando un p√°nico esc√©nico tiene que desnudarse con lo m√°s memorable de su repertorio ante un ¬Ďtribunal de arbitrios tan severos¬í.

Con ¬ĎCamino de Pozo Azul¬í de Jos√© Alejandro Morales y ¬ĎTodo Tuyo¬í del pamplon√©s Bonifacio Bautista, hay que ver sus cort√≠simos choques el√©ctricos cuando hacen contacto las yemas de sus dedos con la tersura de las cuerdas, la limpieza con que cae en la nota y esa danza febril de sus manos pintadas por El Greco, para terminar redondeando el multicolorido esplendor de la ejecuci√≥n con un pase de pecho. De su pecho henchido de satisfacci√≥n.

Sus primeros a√Īos

Carlos Andrés es un vino joven recién vaciado en un barril de cuarzo. Antes de esperar por su maduración y ver ese lento discurrir a través del cristal, se puede escanciar sorbo a sorbo pues ya viene perfumado de maderamen, de roble antiguo que se detuvo en su tiempo.

A sus ocho a√Īos martillaba en la guitarra las once primeras notas de la introducci√≥n del pasillo lento ¬ĎLos Cisnes¬í: ta ta ta, ta ta ta¬Öta,ta,¬† ta t√°.¬†
Andelfo Quintero, su padre de 40 a√Īos, empez√≥ a los 28 ¬ďgracias a Santiago el peluquero de la esquina¬Ē, que le vendi√≥ el primer requinto en Zapatoca y con la ayuda de un m√©todo para digitar con n√ļmeros se le med√≠a a ¬ĎLa Turca¬í y a las rumbas criollas de Emilio Sierra.

Esos vasos comunicantes que llaman gen√©tica vienen de Jos√© Mar√≠a Quintero, padre y abuelo respectivamente, que le vend√≠a tiples a Jos√© A. Morales y se pasaban de tienda en tienda y de trago en trago en ¬Ďchisgas¬í de largo aliento y corta aceptaci√≥n de la madre y abuela.
En un principio, Andelfo acompa√Īaba a su hijo con el tiple y con tanto entusiasmo, que cuando el requinto mel√≥dico terminaba la ejecuci√≥n, el tiple acompa√Īante pasaba derecho, tal vez hasta el d√≠a siguiente.

Carlos Andr√©s recibi√≥ clases de requinto b√°sico y acordes de Luis Felipe Guar√≠n. Ha sido llevado de la mano maestra del manizalita Gilberto Bedoya y Rito Antonio Mantilla le dio una beca de teor√≠a musical. Por esos contornos de cuerdas estuvieron Gerardo Navarro, Jos√© Luis Mart√≠nez, el desaparecido Aquileo T√©llez, Gustavo Rodr√≠guez y Miguel √Āngel, el taller de Dana Moreno y el gran Pedro Nel Mart√≠nez, que gui√≥ con su estremecimiento musical a Manuel Eduardo, su hermano menor y acompa√Īante certero con su tiple en Ginebra.

A Manuel, quien cumple 15 a√Īos en julio, se le dificulta el requinto ¬Ėcierto que lo es¬Ė quiz√° por su larga estructura, pero en cambio al tiple ya empieza a sacarle sus primeras esencias cuando digita apasionadamente ¬ĎCaricias¬í de Pacho Benavides, con la compa√Ī√≠a de las cuerdas graves de la guitarra de su hermano, que bordonea hermosamente los entornos de la pieza, pues estudi√≥ dos a√Īos de guitarra cl√°sica.

El mecenas

Roberto Villamizar Mutis, uno de los padres del Festivalito Ruitoque√Īo, ha sido su descubridor, su impulsador, su ayudante y su auxiliador, que le pone la patena para que no caigan al suelo las moronas de lo m√°s sagrado.

Se lo traía de Zapatoca todos los fines de semana y lo acogía en su casa para que no se rompiera ese eslabón de la cadena que une el entusiasmo de querer aprender más con las facilidades para poder hacerlo. Todavía lo hace.

A sus diez a√Īos se lo llev√≥ a V√≠ctor Su√°rez a la emisora cultural Luis Carlos Gal√°n Sarmiento y le dijo: ¬ďAqu√≠ le tengo una joya para el Festivalito¬Ē. Todav√≠a se escuchan los aplausos.

Lo dem√°s viene por a√Īadidura: presentaciones en Fusader, audiciones en el Dann Carlton, triunfar en Armenia en ¬ďEl Cuyabrito de Oro¬Ē con un solo de requinto, porque era para ¬Ďsolistas¬í y Andelfo no lo pudo acompa√Īar y se le iba saliendo el santandereano y etc√©tera. Interpret√≥ ¬ĎMorrorrico y Ruth¬í, una guabina de Mario Mart√≠nez y el estadio casi se cae. Para ejecutar un instrumento ¬Ďsolamente solito¬í se requiere un a√Īo de preparaci√≥n, dice Roberto Villamizar.

Del Festival Nacional del Pasillo en Aguadas, el segundo en importancia despu√©s de Ginebra, aunque m√°s dif√≠cil pues se concursa con una √ļnica pieza, sali√≥ por derecho propio para el ¬ĎMono N√ļ√Īez¬í.

Los triunfadores de Aguadas salen con un h√°lito celestial que les hace da√Īo porque no ensayan, no retoman lo vivido para volverlo a vivir en la resonancia de la caja y de las cuerdas y entonces viene do√Īa Hortensia Badillo, se√Īora joven reina y madre y les tira las orejas con una chancleta: ¬ďEs que toca as√≠ por que si no¬Ö ¬°h j j j...!¬Ē, me dice con un dejo santandereano, los codos sobre la mesa y las manos en la barbilla.

Santa madre. Le toc√≥ rega√Īarlo para que le compusiera un pasillo y de ese amor filial sali√≥ algo muy original como, imag√≠nense: ¬ďHortensia¬Ē. A Lina Mar√≠a, la hija m√©dica de su mecenas le compuso, imag√≠nense otra vez: ¬ďLina Mar√≠a¬Ē. Luego vino ¬ďHermosura¬Ē, la danza ¬ďOcaso¬Ē y el bambuco ¬ďZapatoqueando¬Ē, que es adem√°s el nombre de su √ļltima producci√≥n en CD.

Roberto Villamizar tambi√©n atiende su futuro. En Bucaramanga hay una universidad privada que quiere acogerlo pues en estos asuntos ¬Ďse vive con muchas privaciones¬í. Piensa en la Universidad Nacional que es de altas exigencias y en que sea un empresario de su talento como Juanes y Shakira para que no sean ¬ďm√ļsicos de trapear, de tienda, de venga pa¬íc√°¬† y toque¬Ē.

La nota final

Estudia historia en su primer semestre. Le gusta el antiguo Egipto y la prehistoria.

Tal vez le enternecen las notas agudas del maullar de los gatos que en Egipto eran sagrados. O las notas graves del eco de la tumba de Nefertiti.
Quiere ser innovador de la m√ļsica andina mezclando m√ļsica brasile√Īa sin quitarle su sabor primigenio a lo nuestro.

De las piezas m√°s dif√≠ciles de ejecutar en requinto le parece que es ¬ĎPatasdilo¬í de Carlos Vieco y el imposible, porque el registro del instrumento no da por sus notas demasiado graves o demasiado agudas es ¬ĎEl Cucarr√≥n¬í, de Luis Uribe Bueno. Pues a m√≠ me parece que en el solo arranque se traga como cinco escalas; y ser√≠a interesante esperar el resultado de este creador cuando combine al brasile√Īo Waldir Azebedo con Anselmo Dur√°n o a Vinicio de Moraes con Alberto Castilla.¬†¬†¬†¬†¬†¬†

Su hermano Manuel Eduardo se queda con el tiple porque el chelo es más alto que él.

Su hermanita Angie Marcela de nueve a√Īos se queda con el canto. Me muestran una foto de su belleza, con el cabello hasta los hombros, sus ojos resplandecientes de vida y me parece que la fotograf√≠a va a cantar ¬ĎEl Regreso¬í de Efra√≠n Orozco.

En Zapatoca, la tierra que los arrull√≥ en su seno desde ni√Īos, los recibieron con papayera y desfilaron desde la unidad deportiva El Camp√≠n hasta la alcald√≠a donde les entregaron la medalla de honor y de reconocimiento ¬ĎManuel Serrano Blanco¬í, ilustre escritor zapatoca.

El viernes pasado, el Concejo de Bucaramanga también le entregó su merecido testimonio de afecto.
El 24 de junio va todo el grupo familiar a Cortiple en Medellín. No más.
Por √ļltimo, pues se me acab√≥ la cuerda, no s√© c√≥mo describir la majestuosidad de su requinto: si como una dama solemne de largo cuello o como un caballero de sombrero ingl√©s con poncho moniquire√Īo o como una Chica de Ipanema tallada en caoba verde.

Porque tambi√©n sabe a Brasil ese trinar incandescente, a jazz tropical - escuchen ¬ĎArrastrape¬í¬Ė y tambi√©n sabe a coco semienterrado en la arena. Y a ca√Īa, a an√≠s, a arrier√≠a, a sal√≥n bogotano de principios de siglo XX, a Pedro Morales Pino, a Oriol Rangel, a Diego Estrada.
Interminables olores y sabores. Por lo pronto un brindis por los triunfadores en Ginebra. Con Ginebra.

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