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¬ďLa mezcla de terquedad e ingenuidad fue mi perdici√≥n¬Ē | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-06-20 22:31:28

¬ďLa mezcla de terquedad e ingenuidad fue mi perdici√≥n¬Ē

A principios de este a√Īo, Marcela Loaiza volvi√≥ de visita a Pereira, su ciudad de crianza y donde est√° buena parte de la familia. Desde hace m√°s de tres a√Īos vive en Estados Unidos con su esposo y sus dos hijas.
¬ďLa mezcla de terquedad e ingenuidad fue mi perdici√≥n¬Ē

En la capital de Risaralda se encontr√≥ con parte de un pasado doloroso que le ha dejado cicatrices imborrables en su vida. Un infierno al cual no quiere volver jam√°s, pero que con asombro vio que es el presente de muchas colombianas en el Jap√≥n y el oscuro futuro de jovencitas que buscan alg√ļn camino para sacar adelante su familia y poder cumplir sus sue√Īos en la vida.

Marcela es de las pocas mujeres que han salido a dar la cara luego de ser v√≠ctimas del tr√°fico de personas. Estuvo sometida en Jap√≥n como prostituta, casi como esclava de una mafia que la enga√Ī√≥ y que lo sigue haciendo con centenares de mujeres colombianas a las que les prometen trabajos ideales en el Lejano Oriente, para luego explotarlas como prostitutas en condiciones infrahumanas.

Decidi√≥ contar su historia a trav√©s del libro ¬ďAtrapada por la mafia Yakuza¬Ē, y aunque lo hubiera podido hacer bajo un seud√≥nimo y ocultar su identidad, quiso salir a la luz p√ļblica para asegurar que todo lo que relat√≥ en las 220 p√°ginas de este libro es una realidad que no la ha dejado en paz en los √ļltimos nueve a√Īos.

Ha pasado el tiempo desde que su drama ocurri√≥, pero es una historia que se sigue repitiendo en el pa√≠s. S√≥lo esta semana, la Fiscal√≠a General de la Naci√≥n confirm√≥ que fue desmantelada una de las redes m√°s grandes de tr√°fico de personas que operaba en el pa√≠s, la cual enga√Īaba a mujeres entre los 16 y 25 a√Īos de edad para luego obligarlas a entregar su cuerpo en diferentes partes de Colombia.

¬ďEl tr√°fico de personas en el pa√≠s est√° m√°s vivo que nunca. En mi visita en enero a Pereira habl√© con una joven de 17 a√Īos, quien sin conocer nada de mi historia, me cont√≥ su intenci√≥n de viajar a Jap√≥n, trabajar dos o tres a√Īos supuestamente como bailarina y lograr el dinero suficiente para montar un negocio en Pereira¬Ē.

Marcela de inmediato se vio reflejada. Era una jovencita madre soltera, como lo era ella, que cansada de pasar tantas necesidades económicas estaba dispuesta a viajar al otro lado del mundo donde le habían prometido, como a Marcela, ser bailarina y ganar buen dinero para darle una buena vida a su familia.
¬ďLe escuchaba las promesas que le hab√≠an hecho para que viajara, eran las mismas que me hab√≠an hecho a m√≠. Era aterrador sentir que esa ni√Īa podr√≠a pasar por el mismo infierno que yo¬Ē.

Entre l√°grimas y armada de valor, decidi√≥ confesarle lo que a solo su madre le hab√≠a dicho: su experiencia en el Jap√≥n. Por m√°s de dos horas relat√≥ c√≥mo fue enga√Īada, c√≥mo le quitaron los documentos de identidad, obligada a pagar m√°s de 200 millones de pesos adem√°s de su manutenci√≥n diaria y el permiso diario para que la mafia le permitiera trabajar en una de las calles m√°s peligrosas de la ciudad.

Tambi√©n c√≥mo fue v√≠ctima de uno de los m√°s temibles capos del Yakuza, quien la golpe√≥ de tal forma que estuvo por m√°s de dos semanas internada en un hospital, adem√°s de todos los horrores que sus compa√Īeras de infortunio tuvieron que soportar. Incluso, algunas mujeres recib√≠an tal maltrato que terminaron asesinadas o con partes de sus cuerpos desfiguradas.

Dicha confesión de Marcela le sirvió a la joven para que recapacitara, pues ya había caído en las redes de tráfico de personas, le habían sacado los documentos necesarios para viajar y estaba a la espera de que le confirmaran el día y la hora para ir al Lejano Oriente.
Tambi√©n le sirvi√≥ a Marcela para darse cuenta de que su historia podr√≠a ser √ļtil para que otras j√≥venes no cometan el error de creer en falsas promesas y no tengan que convertirse en esclavas sexuales.

As√≠, y con el apoyo de su esposo, decidi√≥ contar su historia para ayudar en el tema de prevenci√≥n y lograr que menos mujeres terminen solas y desamparadas en las calles de Tokio, teniendo como due√Īos al Yakuza, una de las mafias m√°s temidas en el mundo.

Escalera al infierno

Hace nueve a√Īos Marcela trabajaba como cajera de un supermercado. Con el salario manten√≠a a su peque√Īa hija, ayudaba a su madre y sus hermanos, por lo que sus ganancias no alcanzaban para mucho y siempre se ve√≠a en serios aprietos para llegar a fin de mes.

En medio de dicha desesperación se encuentra con Lina, una amiga de colegio y de su misma condición social humilde, pero que en ese momento se movilizaba en una lujosa camioneta y lucía ropa de marca. Lina, sin muchos detalles, le contó que había estado en el Japón como prostituta y que allí había conseguido el dinero.

Marcela le pidi√≥ ayudar para hacer lo mismo, pero recibi√≥ un no rotundo, ¬ďNo quiero que sufras ni que arriesgues tu vida¬Ē, recuerda que Lina le dijo aquel d√≠a.

¬ďAhora entiendo que quer√≠a evitarme un mal, pero en ese momento no lo pens√© as√≠. Cre√≠ que lo hac√≠a de mala amiga, que no quer√≠a que progresara. Si ella lo hab√≠a logrado y ahora estaba bien, por qu√© yo no lo iba a poder hacer. La mezcla de terquedad e ingenuidad fueron mi perdici√≥n¬Ē.
Sin la ayuda de Lina consiguió el contacto para poder viajar. Le tramitaron todos los documentos, entre reales y falsos, además de los tiquetes nacionales e internacionales y dos mil dólares para que llevara en el bolsillo.

¬ďMe dijeron que la deuda ser√≠a por los tr√°mites de documentos, pasajes y mi manutenci√≥n en el Jap√≥n. Jam√°s hab√≠a tenido tanto dinero en mi bolsillo, pero al llegar, me quitaron los papeles y me dijeron que les deb√≠a 200 millones de pesos, adem√°s de otros gastos diarios en dicho pa√≠s¬Ē.
Ah√≠ comienza el relato desgarrador en el libro, el cual inici√≥ en un peque√Īo cuaderno hace algunos a√Īos atr√°s como parte de las terapias que realiz√≥ para poder vivir con ese pasado que amenazaba con no dejarla ser feliz.

¬ďYo cuando volv√≠ a Colombia hice todas las vueltas judiciales del caso, pero nada pas√≥. Me guard√© toda esa verdad para m√≠ y eso me estaba consumiendo. Busqu√© ayuda profesional que me ayud√≥ mucho. Entiendo bien a las mujeres que vuelven y prefieren callar todo el horror vivido, pero yo busco ayudar para que otras mujeres no vivan lo que yo sufr√≠¬Ē.

Su autoestima estaba en cero, no se sent√≠a digna de su familia y mucho menos de volver a encontrar el amor de un hombre, pero poco a poco lo ha logrado y ahora siente que ha forjado una familia llena de afecto y cari√Īo.

¬ďAll√≠ tu pasas a un segundo plano, no tienes miedo a morir y eso la mafia lo sabe bien, entonces lo que hace es presionarte por el lado m√°s vulnerable: tu familia¬Ē.

¬ďSi se porta mal o intenta escapar, no va alcanzar a llegar a Colombia para el funeral de su hija¬Ē, era la peor y m√°s constante amenaza que recib√≠a Marcela en el Jap√≥n por parte de su ¬ďManilla¬Ē, el nombre que le dan a la persona que se encarga de vigilarla y cobrarle la deuda que asumi√≥ con la mafia.

LA PEOR DE LAS MAFIAS

En medio de todo, Marcela reconoce que tuvo suerte. ¬ďMe pudo haber ido peor¬Ē, pues no era directamente manejada por miembros de la mafia Yakuza, sino por personas que le pagaban a dicha organizaci√≥n criminal para que les permitiera llevar mujeres a prostituirse.

¬ďEsa era otra de las amenazas. Muchas mujeres, que estaban en mi misma condici√≥n e intentaban escapar o se portaban mal, eran vendidas directamente a Yakuza, lo que significaba que la deuda se triplicaba y las condiciones de vida empeoraban¬Ē.

Seg√ļn testimonios de otras mujeres, estar directamente ligada a Yakuza era someterse al r√©gimen del terror. Muchas de ellas eran constantemente golpeadas por cosas como llegar cinco minutos tarde a la calle donde se prostitu√≠an, y si la falta era m√°s grave, eran quemadas con cigarrillos en partes de su cuerpo como el cl√≠toris.
Marcela tuvo que presenciar en la calle la dantesca escena de cómo a una mujer colombiana la golpeaban con bates de béisbol de aluminio hasta desfigurarla y dejarla inconsciente. Luego se enteraría que la mujer había muerto.

¬ďNo pude hacer nada por ella. Estaba escondida entre la basura de un restaurante. Si sal√≠a correr√≠a la misma suerte que ella¬Ē.
Reconoce que muchas mujeres son enga√Īadas dici√©ndoles que ser√°n bailarinas, que cuidar√°n ancianos o que ser√°n meseras, pero tambi√©n sabe que hay otras mujeres que siendo prostitutas en Colombia llegan al Jap√≥n para ejercer el mismo oficio.

¬ďLo que no saben es que ser prostituta en Colombia es muy diferente a serlo en el Jap√≥n. All√≠ eres esclava, no eres due√Īa de tu vida y no tienes a nadie. Vives en constante peligro y no puedes confiar en nadie, porque la mafia tiene a mujeres esp√≠as que se hacen pasar por prostitutas para sacarte informaci√≥n¬Ē.
Pese a ello, y arriesgando su vida, ayud√≥ a muchas colombianas que como ella, llegaron enga√Īadas para enfrentarse a un mundo oscuro y sin ley.
Cuenta en el libro que aunque había mujeres de todo el mundo en dicha calle de Tokio, la mayoría eran latinas, y casi el 80 por ciento eran colombianas, de todas partes del país.
Tuvo que soportar todo eso hasta que pag√≥ su deuda, y aunque su ¬ďmanilla¬Ē quer√≠a cobrarle m√°s, ella logr√≥ escabullirse, huir y volver a Colombia, donde el temor la acompa√Ī√≥ por varios a√Īos.

¬ďNo quer√≠a salir de mi casa, menos que mi hija lo hiciera. Mi familia no entend√≠a mi paranoia, porque no les hab√≠a contado la verdad. No fue f√°cil hacerlo, confesarle a mi madre lo que hab√≠a vivido, luego al hombre que ahora es mi esposo. Ahora, con la salida del libro, toda mi familia sabe la verdad, hasta mi hija de 14 a√Īos de edad, y el apoyo ha sido total. Es lo importante, mi familia, sin importar qu√© tanto o poco se tiene. Si lo hubiera entendido a los 20 a√Īos, me hubiera ahorrado mucho sufrimiento¬Ē.

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