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La mano abierta de un pueblo en dos im√°genes (2) | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-06-22 05:00:00

La mano abierta de un pueblo en dos im√°genes (2)

Cumpliendo con lo prometido, Vanguardia Liberal entrega hoy la segunda parte de la disertación del ex presidente Belisario Betancur, para ingresar a la Academia de Historia de Santander, que hace referencia en esta ocasión a la vida del escritor Tomás Vargas Osorio
La mano abierta de un pueblo en dos im√°genes (2)

Tom√°s Vargas Osorio
Saeta de la muerte

Nacido en Oiba el 23 de octubre de 1908, muri√≥ en Bucaramanga el 21 de diciembre de 1941: fue una vida breve, que ¬ďsolo tuvo juventud¬Ē, pero dej√≥ huella perdurable en prosa y en verso, corta como su vida, empero rigurosa, profunda. M√°s de una vez le o√≠ repetir a Eduardo Carranza, de memoria, el soneto ¬ďCoraz√≥n¬Ē:
Siempre perdido, siempre rescatado retorna a m√≠ de cada lejan√≠a, herido, alegre, ni√Īo, traspasado. Saeta de la muerte lo segu√≠a.
Fiel como el agua al cauce bien hallado, vuelve tras de la lucha y la porf√≠a, pez, por los mares pescador, y alado tray√©ndose el coral de su agon√≠a. Eres m√≠o, si herido m√°s profundo. Fin y principio, sombra y luz del mundo en ti, pero t√ļ solo en mi costado.
Oh corazón sin fin, ala y latido, rescatado una vez y otra perdido, pez, por los mares pescador, y alado.

¬ŅDe d√≥nde este raudal de met√°foras, en alguien que apenas pas√≥ por la escuela y el colegio hasta ser solo bachiller y nunca por la universidad? Adem√°s, c√≥mo y por qu√© la adivinaci√≥n de formas esot√©ricas que en Mallarm√© eran casi indescifrables, que en el Rimbaud de las ¬ďIluminaciones¬Ē resultaban invitaciones a la introspecci√≥n, a mirar hacia el mundo interior de las impresiones e imprecaciones; que en Cernuda desafiaba la racionalidad de toda ortodoxia de comportamiento sensible? ¬ŅDe d√≥nde esa impensable melancol√≠a que irrigaba todos sus sentimientos, su dif√≠cil escritura y su cr√≠ptica poes√≠a?

Sus analistas coinciden en que fue su pasi√≥n por la lectura el elemento catalizador de su angustia, el motor de su b√ļsqueda incesante. Y su existencia de retraimiento y aislamiento adolescentes, el espacio que le llenaron el Balzac de ¬ďLa Comedia Humana¬Ē con la algarab√≠a y las contradicciones de sus personajes; el Dostoiewski de ¬ďLos hermanos Karamazov¬Ē envueltos en las pesadumbres y la devastaci√≥n; el Tolstoi de ¬ďLa guerra y la paz¬Ē; el Dickens de la ¬ďHistoria en dos ciudades¬Ē¬í y, en fin, el Miguel de Unamuno, las soledades y angustias de ¬ďEl sentimiento tr√°gico de la vida¬Ē.

Jaime Ardila Casamitjana, por los tiempos de su novela ¬ďBabel¬Ē, en el pr√≥logo exhaustivo a los dos tomos de obras completas de Vargas Osorio (¬ďLa familia de la angustia¬Ē, ¬ďVida de Eugenio Morantes¬Ē, ¬ďBit√°cora¬Ē, ¬ďPoes√≠as¬Ē, ¬ďCuentos Santandereanos¬Ē, entre otras), trae una visi√≥n comprensiva del poeta que a mi parecer es la mayor aproximaci√≥n a su perfil singular.

¬ďDesde los primeros a√Īos, dice Ardila, la vocaci√≥n literaria se adue√Ī√≥ de cuanto en √©l hab√≠a latente. Nadie, sin embargo, influy√≥ en la orientaci√≥n de su destino de escritor; nadie puso en sus manos un autor, un libro, la ruta de una escuela literaria o filos√≥fica. La b√ļsqueda de lo que se necesitaba se ¬Ďprodujo por el mejor camino: el del instinto¬í. De las primeras experiencias nada sabemos, pero de las que luego maduraron en √©l y lo enriquecieron, lo sabemos todo¬Ē.

Regreso de la muerte

De silueta elegante, hablar sobrio y parsimonioso, con delicada cojera que estilizaba como Lord Byron, emit√≠a juicios poblados de circunloquios a la manera de Marcel Proust, que conoci√≥ en los propios textos en franc√©s. No obstante esa temperancia, bien pronto fue advertido por la gente de pro del Socorro, primero, donde hizo el bachillerato en el Colegio Universitario y en donde, apenas transpuestos los veinte a√Īos, dirigi√≥ ¬ďEl Liberal¬Ē; y de Bucaramanga en donde dirigi√≥ ¬ďVanguardia Liberal¬Ē.

Lo cual era la antesala de la Asamblea y de la C√°mara de Representantes. Y de los ¬ďCuadernos de Piedra y Cielo¬Ē, en los que su poema ¬ďRegreso de la muerte¬Ē, publicado en 1939, fue consagratorio, y ejerci√≥ influencia notable, incluidas sus evocaciones nerudianas, incitando a ¬ďdejar de escribir relatos desmayados y descoloridos, y lanzarse resueltamente en la vena ancha y turbulenta de la vida americana para escribir nuestra novela b√°rbara¬Ē, como ¬ďLa vida de Eugenio Morantes¬Ē.

Cita en Quito

El arduo asedio de infortunios no le daba tregua. Sus √ļnicas salvaguardias eran las intuiciones anticipatorias -y desde luego las inminencias de Proust, Dostoievski, Unamuno y Kafka, que le serv√≠an de puente a ef√≠meras felicidades er√≥ticas. En una de las cuales, exiguas, viaj√≥ al Ecuador, el dulce amor fugaz al hombro, concretamente al g√©lido Quito, en donde Benjam√≠n Carri√≥n, el maestro de las letras ecuatorianas, descubre su anonimato, con todo y el dulce amor.

M√°s bien las cosas eran s√≠mbolo para √©l, todo era versi√≥n de la patria dura y seca como ¬ďLa tierra bald√≠a¬Ē de T.S. Eliot, que empieza ¬ďabril es el mes m√°s cruel del a√Īo...¬Ē. As√≠, tambi√©n en Vargas Osorio ¬ďUna tierra seca, sin nombre, /acoger√° nuestros huesos. /Una tierra est√©ril, hosca, una tierra/ de ceniza, sin p√°jaros, sin flores y sin fuentes, / una tierra sin blandos rumores, silenciosa, / con altas y fr√≠as pe√Īas¬Ö/¬Ē.

No es as√≠ Oiba, su pueblo nutricio, verde sobre verde, entonces y todav√≠a con bosques naturales por entre los que revientan c√°mbulos ins√≥litos. ¬ďYo recuerdo una patria bella/ y a√ļn llevo en la sangre su comarca.../ Una dulce patria/. Este rostro m√≠o que ahora es duro, tosco y amargo/ como las piedras solitarias de los caminos/ tambi√©n tuvo su infancia/. Alguna vez fue bello. Sepultas primaveras. /-¬°Oh los pinos, la casa de pinos!-. /Pero qu√© lejano est√° todo aquello¬Ö/¬Ē.

Y el arduo asedio de infortunios que no le dio tregua. Muri√≥ el 21 de diciembre de 1941, en Bucaramanga, de apenas 33 a√Īos. ¬ďHas de cerrar los ojos, tierra est√©ril,/ y abrirlos a otra luz que te conviene. /No m√°s, de la alondra¬Ö/.

Los dos ríos

La enfermedad le destru√≠a los huesos pero templaba la estatura de su esp√≠ritu. Y daba √≠mpetus a su enigm√°tica poes√≠a. Sus compa√Īeros piedracielistas -Rojas, Carranza, Camacho Ram√≠rez, por evocar unos cuantos-, exaltaban la lividez de su angustia y la oquedad de su lirismo, en prosa para penetrar en el alma del paisaje, en el alma del hombre en el paisaje; y en verso, para instalar categor√≠as metaf√≠sicas. En el fondo, eran una sola y misma cosa los elementos y los sentimientos. Sus contempor√°neos en la met√°fora, √©l en la ontolog√≠a sin mengua del treno. Oigamos esta descripci√≥n luminosa del alma l√≠quida de dos de nuestros r√≠os:

¬ďEl r√≠o, ancho y el turbio, este pobre y proletario r√≠o Magdalena est√° creando en el pa√≠s un sentido vagabundo de la vida. Qu√© diferente es de los otros r√≠os. Mientras el tren descend√≠a a Puerto Wilches, yo observaba la evoluci√≥n del r√≠o Lebrija. Primero era impetuoso y √°gil, precedido siempre por una blanca cola de espuma; luego empezaba a formar curvas graciosas como si estuviera jugando con la selva, y no obstante lo desolado del paisaje, conserva en su desembocadura cierto aspecto alegre, vigoroso y vivaz. -El Cauca es un r√≠o ocioso, rico, dulce y donjuanesco.

Pasa la vida cortejando ciudades y aldeas, tejiendo guirnaldas de agua y de cielo, corriendo por calles, id√≠licas, como un muchacho de quince a√Īos, pero este pobre proletario r√≠o Magdalena inspira l√°stima. Es laborioso, oscuro y humilde. R√≠o esclavo y fatigado como un buey viejo, me hace recordar una frase de Ludwig: ¬ĎSolo una vez un r√≠o me ha parecido tener un destino humano¬í¬Ē.

El peque√Īo Dios

Aquella simbiosis de luces y de sombras, ven√≠a de muy lejos, de las interioridades de su temprana versaci√≥n, de su personal yuxtaposici√≥n intelectual. A partir del pensamiento de Remy de Gourmont de que ¬Ņacaso la poes√≠a fue hecha para ser comprendida?, en un ensayo sobre la ¬ďNaturaleza y direcci√≥n de la poes√≠a moderna¬Ē, Vargas Osorio penetr√≥ en la esencialidad filos√≥fica de las vanguardias literarias, lo cual resulta v√°lido tambi√©n para la propia filosof√≠a y, desde luego, tambi√©n para la pl√°stica. A Picasso le preguntaron en una exposici√≥n por el significado de un cuadro suyo, y respondi√≥ que √©l ignoraba ese significado, pues √©l (el autor) tan solo lo hab√≠a pintado. A√Īos antes, Stephane Mallarm√© hab√≠a dado una respuesta similar a una pregunta sobre la explicaci√≥n que pod√≠a caber en un poema suyo: yo apenas lo escrib√≠.

Vargas Osorio dio las respuestas que solo hab√≠an expresado cr√≠pticamente los creacionistas Vicente Huidobro, Fierre Reverdy y Jorge Luis Borges; y de modo balbuciente, los militantes del grupo colombiano de ¬ďPiedra y Cielo¬Ē, nombre salido del t√≠tulo de un libro del espa√Īol Juan Ram√≥n Jim√©nez. ¬ďNo la toques ya m√°s, as√≠ es la rosa¬Ē, dec√≠an. Huidobro afirmaba como imperativo categ√≥rico, que el poeta es un peque√Īo dios. Vargas Osorio pensaba igual y escrib√≠a igual. Dec√≠a:

¬ď...La poes√≠a es, primordialmente, un oficio divino. Los antiguos dieron al poeta el rango de los profetas y los sacerdotes. Era el encargado de establecer el contacto con lo desconocido y los seres misteriosos que lo habitaban: en su palabra como en un globo de cristal, los pueblos descifraban sus destinos... Ante la imposibilidad de utilizar un idioma propio, un idioma exclusivo de los poetas, estos han apelado a la imagen...

¬ŅPuede culparse al poeta de pretender ser oscuro e inteligente? El ingeniero se expresa profesionalmente por medio de cifras algebraicas o de figuras geom√©tricas; el fil√≥sofo se construye todo un sistema ling√ľ√≠stico para exponer su pensamiento. El poeta moderno... ha tenido que recurrir a hacer su idioma m√°s complejo, menos accesible, por medio del proceso de evoluci√≥n y de aquilatamiento de la imagen que caracteriza y define la poes√≠a contempor√°nea.

Mallarm√© lleg√≥ a poseer una verdadera y complicada t√©cnica para producir misterios y encantos po√©ticos. Instalaba por dentro de las cosas un mecanismo de iluminaci√≥n que no permit√≠a ver, ni advert√≠a siquiera la superficie o el contorno de su presencia material. En la poes√≠a mallarmeliana una mujer es solo el recuerdo de una mujer, una rosa es solo el espacio que una rosa puede colmar. ¬ŅNo advert√≠s en este procedimiento el arte de la c√°bala?¬Ē

Pasos de mujeres cansadas

La cr√≠tica anal√≠tica se estremeci√≥ con elogios certeros ante las im√°genes inesperadas, ante el simbolismo ins√≥lito de met√°foras enigm√°ticas que salieron de la entra√Īa de las bre√Īas de Santander, de los valles verdecidos de Oiba, de sus todav√≠a bosquecillos naturales que dan envidia. El cuaderno de ¬ďPiedra y Cielo¬Ē publicado por Jorge Rojas, consisti√≥ en solamente 500 ejemplares, que fueron a dar a destinatarios multiplicadores en Am√©rica y en Espa√Īa. Creci√≥ la curiosidad ante tal revelaci√≥n.

Creci√≥ tanto que hasta el siempre urticante Flaminio Barrera, escribi√≥ elogios incre√≠bles sobre novelas, cuentos y poes√≠as de Vargas Osorio, en un paralelo con Barrera Parra, ¬ďcon quien tiene tantos puntos de semejanza como ser, hasta ahora, los dos escritores m√°s importantes que ha dado Santander, pero sus palabras depuradas y cadenciosas como leves pasos de mujeres cansadas en la noche, dan una especie de lirismo oto√Īal y celeste claridad. Y son la genuina expresi√≥n de esa alma delicada y laureada prematuramente por el c√°ncer¬Ē.

Una tierra seca

Dije antes que pocos meses antes de morir, visitó a Quito a escondidas. Ya en aquellas tierras se sabía del misterioso, del esotérico y precoz creador. Sobre quien Otto Morales Benítez escribió el más completo análisis crítico, la más profunda visión antropológica y metafísica que existe sobre aquel joven maestro que apareció como una fulguración literaria, como un relámpago anticipatorio en el duermevela de las letras nacionales. Morales Benítez presenta los rasgos esenciales de la discreta existencia de Vargas Osorio y de su insurgencia visionaria y anticipatoria.

Es, todavía, tiempo de retomar la vida y la obra de Tomás Vargas Osorio, para situarlos en la alta cima que les corresponde. Así lo están haciendo la Universidad Industrial y la Autónoma. Y así lo hacen otras instituciones culturales de Bucaramanga, San Gil y Oiba, cuya Casa de la Cultura lleva su nombre.

Epílogo
Una nueva mística

La transmutaci√≥n que signific√≥ para Jaime Barrera Parra el descubrimiento de Antioquia, se cumple tambi√©n en m√≠ con Santander. En donde mi primera esposa Rosa Elena √Ālvarez, mis hijos, Beatriz, Diego y Mar√≠a Clara; mis nietos Paula, Daniel, Cristina, Natalia y Juan Camilo; y mi bisnieta Elo√≠sa; mi esposa Dalita y yo, encontramos la alegr√≠a, la luz, la bondad, la laboriosidad, la amistad, la plenitud, sin mengua de las ataduras a Antioquia y al Zulia, que amamos.

La lectura anterior es parte del pago de esa deuda impagable.
Se√Īor Presidente doctor Miguel Jos√© Pinilla y Se√Īores Miembros de la Academia de Historia, doctor Antonio Cacua Prada, distinguidas personalidades, Se√Īoras, Se√Īores:

Seg√ļn pensara Barrera Parra, en buena hora todas las fuerzas de Santander se conjugan para la creaci√≥n de una nueva m√≠stica, que enaltezca aquella patria con la dulzura de una naranja al mediod√≠a, cantada por Vargas Osorio. ¬°Santandereanos, siempre adelante!

 

 

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