En los años 90 del siglo XX el área cultivada de maíz en Colombia era de 664 mil hectáreas y en 2008 era de 536 mil; en los años 70 del pasado siglo el área cultivada de algodón era de 270 mil hectáreas, en 2008 de solo 39.297; entre 1996 y 2008 la producción de trigo cayó en un 41% y el año pasado tuvimos que importar 1341000 toneladas de tal cereal; la superficie sembrada en cebada a comienzos de los 70 era nueve veces más grande que la sembrada en 2008 y el año pasado tuvimos que importar 284 mil toneladas. Las cifras preocupan al colombiano del común quien no se explica las razones reales de ello.
Publicado por: REDACCION EDITORIAL
La cuestión es de fondo. En Colombia la agitación social en el campo ha sido una constante desde comienzos del pasado siglo y ya en los años 20 del siglo XX las inteligencias debatían sobre cómo aumentar la productividad del agro y asegurar el suministro de materias primas y alimentos a precios competitivos. Tal vez el discurso más inteligente fue el de Alfonso López Pumarejo y su visión permitió expedir la Ley 200 de 1936, pero su política fue estigmatizada y neutralizada al lograrse expedir la Ley 100 de 1944.El campo, sus conflictos y la necesidad de darle impulso, sedujeron a Carlos Lleras Restrepo y por eso fue el impulsor de la Ley 135 de 1961 y de la política de Reforma Agraria. Pero la polarización de fuerzas y el empuje del sector terrateniente lograron abortar todo.De entonces a hoy la falta de una inteligente política agraria ha sido la constante; el mal uso del suelo, la apropiación de las mejores tierras cultivables por los gestores de la violencia (narcotraficantes, paramilitares y guerrilla), ha provocado que haya gran concentración de la tierra en pocas manos. De 40 millones de hectáreas aprovechables para la agricultura que hay, solo se cultivan 5 millones. El resto está en pastos para ganadería extensiva.El gobierno Uribe ha tenido pocos aciertos en materia agraria. Ha impulsado los cultivos de caucho, cacao, palma africana, caña de azúcar, madera y materia prima para biocombustibles, los que generan pocos empleos por hectárea y exigen una inversión muy alta. La política dirigida a la producción de alimentos ha sido raquítica, desestimulando el cultivo de productos fundamentales. Un perfil alimenticio de Colombia hecho por la FAO en 2002 muestra que en 1990 producíamos el 90% de las proteínas, calorías y grasas que consumíamos mientras en 2002 importábamos el 51% de las dos primeras y el 33% de las grasas. Y de 2002 a hoy las cosas han empeorado.En materia del agro hay que ir más allá del discurso sobre la creatividad empresarial y de imaginarios blindajes de la economía. Tenemos un grave problema de producción agrícola y temas de menor dimensión han absorbido la atención.No olvidemos que la prosperidad económica real no se mide solo en puntos del PIB sino en realidades concretas.









