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Heridas de infancia | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-06-27 05:00:00

Heridas de infancia

Heridas de infancia

Si quienes hemos tenido oportunidades en la vida tenemos heridas de infancia, profundas unas y superficiales otras, que se manifiestan en nuestro comportamiento como adultos, como la muerte del padre o de la madre, una falta de reconocimiento persistente, palabras desestimulantes o de rechazo, condena e ironía, actos de tiranía, de venganza, violación de territorio, gestos de desprecio, actitudes de indiferencia, sobreprotección, de expectat

ivas exageradas, qué diremos de aquellos que las sufren en extremos insoportables en su cuerpo, sensibilidad, inteligencia y aspiración a existir. Es que verse obligado a trabajar tan pronto se tiene algo de fuerza en su cuerpo y a exponerse a los avatares de la vida, por condiciones de pobreza absoluta y con la falta de oportunidades que ello implica, no debe ser cosa fácil.

¿Cómo pensar en una Colombia postconflicto si no protegemos la niñez y creamos condiciones de equidad para ellos en particular, que les permita desarrollarse y llegar a ser adultos responsables, sanos física y emocionalmente? ¿Es acaso simple coincidencia que Colombia aparezca como uno de los países más violentos e inseguros del mundo? Porque un niño que se abre campo en la vida a codazo limpio, sin estudio, recorriendo calles, exponiéndose al abuso sexual y a la droga, viendo lo que no tiene que ver, escuchando lo que no tiene que escuchar, pasando hambre y dificultades, formando en muchos casos bandas de barrio para sobrevivir y pertenecer a algo, difícilmente puede llegar a edad adulta sin resentimientos y odios. ¿No está allí el semillero de los grupos al margen de la ley y de la delincuencia común?

Pero las heridas pueden sanar. No vayan a creer que estamos perdidos. El adulto puede recuperarse de sus heridas, por profundas que sean. Muchas personas e instituciones públicas y privadas trabajan para lograrlo. Creo que es posible soñar con una Colombia postconflicto en la que el niño tenga oportunidades, viva su infancia como niño y su aspiración a existir tenga cabida. Por lo pronto los adultos podemos trabajar sobre nuestras heridas, sea el que sea su origen, dándonos cuenta, siendo conscientes de nosotros mismos y permitiendo la emergencia del ser, ese si intocable.

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