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Un erróneo comportamiento social | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-06-28 05:00:00

Un erróneo comportamiento social

Un erróneo comportamiento social

Los ejemplos abundan. Ocurría ya a comienzos de la era republicana, como deja ver José María Cordovez Moure en sus “Reminiscencias de Santa Fe y Bogotá”. En el siglo XIX la transculturización tomó como norte las costumbres francesas e inglesas. Desde mediados del siglo XX imitamos comportamientos, vocablos, nombres, música, vestuario y modales estadounidenses. Ello es un ventarrón inmanejable hoy. Les calcamos lo frívolo y lo que nos lesiona y somos duros, no permeables, ante sus actitudes sanas.

Hay una conducta social norteamericana que debe ser analizada con detenimiento pero nos gusta pasar sobre ella con ligereza, pese a que es la que ha permitido a E.U. superar profundas crisis sociales, económicas y políticas. Es la capacidad de autocrítica que como comunidad tiene cuando cae en una charca. Eso le permite extirpar lo sucio, sanear la colectividad y seguir su camino con gran fuerza.

Fue evidente en el caso de Watergate. Como nación E.U. se salvó por haber sido capaz, frente al sol y el mundo, de autocriticarse y purgar lo erróneo, censurable e ilícito a los más altos niveles. Por eso pudo, con nueva energía, reemprender con gran fuerza su marcha como sociedad.

Ocurrió también en la gran crisis económica de 1928 y ha vuelto a ser palpable en la actual crisis económica. E.U. ha sacado a luz sus pecados, reconocido sus equivocaciones y sancionado a quienes causaron daño. Se purga socialmente y se revitalece. El día que no lo haga se hundirá en la decadencia.

Nosotros, tan inclinados a tomarlos como espejo, somos la antítesis de tal proceder. Cuando hay conductas y comportamientos censurables, que nos causan daño como sociedad, no reconocemos que son equivocados, no sancionamos a quienes incurrieron en ellos, disfrazamos los hechos, somos laxos ante el delito, nos solidarizamos con lo que está manchado, aceptamos las verdades a medias, gozamos tapando lo incorrecto y disculpando a los culpables. No nos purgamos social ni políticamente y estigmatizamos a quienes nos advierten que ese comportamiento colectivo es torpe.

Disimular la hondura de los daños nos atrae. En estos días nos sentimos aliviados porque dirigentes gremiales y funcionarios del gobierno disfrazaron la dimensión de nuestra crisis económica, romamente creemos que las “chuzadas” del DAS no tienen significación, hemos tratado de pasar por encima de los “falsos positivos”, nos importa un higo que haya tantas manzanas podridas en el Congreso, nos hacemos los de la vista gorda ante el maridaje con el paramilitarismo, con los narcotraficantes, etc.

Mientras esa sea nuestra actitud social, viviremos de crisis en crisis, aunque todas son solo episodios de la misma crisis, esa que no hemos sido capaces de expurgar como colectividad.

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