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Jugando con candela | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-07-01 05:00:00

Jugando con candela

Jugando con candela

La primera es que no tiene lógica que la Iglesia, al tiempo que condena la acción criminal de las FARC e invita a los integrantes de esta maléfica organización a dejar al país en paz, se opone a que permanezca en el cargo la única persona que, en toda nuestra historia, ha tenido la voluntad y valentía de combatir a los asesinos que, de manera despiadada, han utilizado todos los mecanismos sucios a su alcance para imponer el terror e intentar llevar a Colombia por el camino del totalitarismo del cual Venezuela es hoy el mejor ejemplo.

Pero además, el argumento presentado por la Iglesia es el más manido de todos: que una segunda reelección afectaría la democracia. Eso es como decir que alguien acierta en la aplicación de un remedio contra el SIDA, pero que opta por no aplicar una tercera dosis porque la comunidad médica considera que se trata de un recurso novedoso que atenta contra los protocolos científicos convencionales.

Lamento contradecir a los ilustres jerarcas de la Iglesia que han expresado su oposición al tercer mandato, pero creo que el país necesita y merece el tercer mandato de Uribe como única garantía de curación de la enfermedad de corrupción y violencia que desde hace tanto tiempo afecta a nuestra patria.

Pero lo peor de todo no es lo dicho, sino que la oposición de la Iglesia termina por hacerles el juego a los criminales de las FARC y a todos los políticos ansiosos de poder para seguir desangrando a Colombia, lo cual es más que absurdo. De modo que sería bueno que la alta jerarquía repensara su posición sobre este tema, para que no termine jugando con candela, cortando la tercera dosis y provocando la recaída del país en la enfermedad que hace siete años, aproximadamente, lo tenía al borde de la muerte.

A grandes males grandes remedios, dice el adagio: lo que nos corresponde hoy a los colombianos es hacer alarde de un pragmatismo que nos permita curar el mal primero, para luego pasar a los fundamentalismos constitucionales —y las ambiciones personales—, cuando ya la medusa no pueda reproducirse. Lo contrario sería perder el terreno ganado.

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