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¬ď...y a mi hijo, que so√Īaba con ser soldado | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-07-05 05:00:00

¬ď...y a mi hijo, que so√Īaba con ser soldado

Cerca de cumplirse un a√Īo de la muerte de su hijo de 22 a√Īos, v√≠ctima de uno de los ¬Ďfalsos positivos¬í ocurridos en Norte de Santander, Mary Vega, quien se traslad√≥ a Bucaramanga, no ha obtenido ninguna respuesta por parte de la Justicia. En cambio, ha sido amenazada y sobrevive en condiciones de extrema pobreza.
¬ď...y a mi hijo, que so√Īaba con ser soldado

Mary Vega ya casi completa un a√Īo cargando una desaz√≥n que se mezcla con la negaci√≥n de sus derechos como v√≠ctima y la imposibilidad de acceder al expediente de su hijo, presentado por el Ej√©rcito como un presunto guerrillero ca√≠do en combate.
 
Ni siquiera ha podido recuperar la c√©dula de Carlos Mauricio Nova Vega, √ļnica pertenencia que encontraron junto a su cuerpo, el 27 de agosto de 2008, en la vereda Islitas, en Hacar√≠, Norte de Santander.

Lo que esta mujer de 56 a√Īos, nacida en Socorro, Santander, sabe sobre la muerte de su hijo a manos de miembros adscritos a la Trig√©sima Brigada del Ej√©rcito, se reduce a lo que vio cuando trajeron el cuerpo desde Oca√Īa para enterrarlo en un cementerio en Gir√≥n.

Ten√≠a cuatro impactos de bala. Mary los se√Īala sobre su propio cuerpo: uno en el hombro, otro en el pecho, otro m√°s en uno de sus brazos y en el est√≥mago. Dice que Carlos Mauricio ten√≠a la cara con marcas de colillas de cigarrillo y su piel estaba negra: ¬ďEra como si le hubieran pegado y tambi√©n quemado¬Ē.

La desaparici√≥n del tercero de sus siete hijos sucedi√≥ en el mismo periodo de tiempo en el que se conoci√≥ la existencia de varias fosas comunes en Oca√Īa, Norte de Santander. Luego, se identificar√≠a a las v√≠ctimas como los j√≥venes de Soacha, que destaparon el esc√°ndalo de los ¬Ďfalsos positivos¬í.

Cuando esto ocurri√≥, en agosto de 2008, las organizaciones de derechos humanos que trabajan en Norte de Santander, ya hab√≠an advertido de la situaci√≥n. Ven√≠an monitoreado los casos denunciados desde 2006, donde las v√≠ctimas eran campesinos de la regi√≥n del Catatumbo, que fueron presentados como ¬ďdados de baja en combate¬Ē.

En un informe que se expuso al relator especial de Naciones Unidas sobre ejecuciones extrajudiciales, Philp Alston, a mediados de junio, en cabeza del Colectivo de Abogados Luis Carlos Pérez, se afirmó que la implementación de las ejecuciones extrajudiciales en Norte de Santander se incrementó con la entrada en vigor de la Trigésima Brigada y la Brigada Móvil N.15 del Ejército.

Seg√ļn el informe, en 2008 las denuncias de campesinos ejecutados, oriundos de Norte de Santander, disminuyeron, pero fueron apareciendo otros casos que reportaban como muertos en combate a j√≥venes de otras regiones. Uno de ellos fue Carlos Mauricio, que llevaba tres a√Īos viviendo entre Bucaramanga y Barranquilla,¬† aprovechando la temporada de agosto hasta diciembre, para trabajar en zapater√≠a.

Una copia

La muerte de Carlos Mauricio es una copia de la de los jóvenes de Soacha.

La √ļltima vez que su t√≠o Jorge Vega lo vio, el 25 de agosto de 2008, el joven pas√≥ por un peque√Īo local donde vende zapatos en el centro de Bucaramanga, pidi√©ndole $2.000. Hac√≠a poco hab√≠a salido de la casa donde se hospedaba con uno de sus hermanos.

Seg√ļn el relato de Mary Vega, que viv√≠a en Barranquilla, a donde fue desplazada desde San Vicente de Chucur√≠ hace m√°s de 30 a√Īos, Carlos Mauricio lleg√≥ a Bucaramanga a comienzos de agosto para presentarse a un trabajo en zapater√≠a, pero le respondieron que s√≥lo pod√≠a comenzar al finalizar el mes.

¬ďPor no estarse quieto, entr√≥ a trabajar en una construcci√≥n que quedaba un poco m√°s arriba del parque Centenario¬Ē, cuenta ella.

Ese d√≠a, tanto su t√≠o como otros testigos, afirman que el joven sali√≥ en la ma√Īana, con su hermano, buscando otras zapater√≠as, regresaron cerca de la hora del almuerzo y ah√≠ se separaron. Carlos Mauricio fue visto en el parque Centenario por otro de los hermanos de Mary, que trabaja como vendedor ambulante, donde estaba con dos j√≥venes quienes tambi√©n desaparecieron con √©l y que tristemente fueron enterrados en Oca√Īa como NN.

¬ďDonde mi otro hijo le siga los pasos, me matan a los dos muchachos¬Ē, dice Mary, y su hermano agrega como si se tratara de una oraci√≥n: ¬ďy si mi hermano se hubiera quedado con √©l en el Parque, esto nunca hubiera sucedido¬Ē.

 Otro vendedor ambulante afirmó que los jóvenes fueron abordados por dos hombres que les ofrecían trabajo, hasta que finalmente se subieron en una camioneta. Después del crimen, este vendedor no ha regresado al Parque Centenario, comenta la familia.

En el informe anual del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, presentado en febrero de 2009, se afirma que est√° confirmada la existencia de redes encargadas de ofrecer a las v√≠ctimas trabajos en municipios diferentes a los de su lugar de origen y de ¬ďprocurarles medios para trasladarlas hasta tales lugares¬Ē, donde eran ejecutadas y presentadas como muertos en combate.

As√≠ ocurri√≥. El 27 de agosto de 2008, la Trig√©sima Brigada, con sede en C√ļcuta, inform√≥ que en Hacar√≠, al occidente de Norte de Santander, miembros del Batall√≥n de Infanter√≠a 15 ¬ĎGeneral Francisco de Paula Santander¬í se enfrentaron con un reducto de la cuadrilla ¬ĎCarlos Armando Cacua¬í del Eln y ¬ďen la acci√≥n fueron dados de baja tres terroristas¬Ē.

Eran Carlos Mauricio y los dos j√≥venes que lo acompa√Īaban ese lunes funesto.

El duelo

La siguiente noticia sobre Carlos Mauricio lleg√≥ tres d√≠as despu√©s. Fue una llamada a un n√ļmero celular de un primo, que funcionarios de Medicina Legal en Oca√Īa encontraron en uno de sus bolsillos.

En la noche del 27 de agosto, Mary Vega se enteró del crimen de su hijo. Atrás quedaron los fritos y jugos que vendía en la puerta de su casa en el barrio San Roque en Barranquilla.

Ninguno de sus hijos estudi√≥ y hace dos a√Īos uno de ellos muri√≥ en un atraco a un bus donde trabajaba como ayudante.
De Carlos Mauricio dice que su ilusión era ser un soldado del Ejército Nacional. Que varias veces se presentó pero no lo reclutaron. Y que le gustaba tirarse al piso a imitar rutinas de ejercicios.

Ya muerto, apareci√≥ enfundado en un uniforme de la guerrilla. Tambi√©n encontraron su c√©dula, y los investigadores judiciales en Oca√Īa informaron que su ropa estaba a 20 metros de donde hallaron el cuerpo, dice la madre.

Una sobrina de Mary fue la que lo reclam√≥ en Oca√Īa, porque sus fuerzas no le alcanzaron para ese viaje.

¬ďYo estoy aqu√≠ es por mi hijo, no m√°s. Me qued√© para saber porqu√© mataron a mi hijo¬Ē, dice. Pero nada ha pasado.

Sus reclamos no paran. Mary no alcanza a entender c√≥mo funcionan las entidades encargadas de llevar el proceso penal y la investigaci√≥n disciplinaria correspondiente contra miembros de la Fuerza P√ļblica.

Su memoria se ha debilitado desde entonces. Dice que se pierde en las calles de Bucaramanga, que no puede dormir, que siente que su cabeza no aguanta m√°s.

Ella exige verdad y justicia, pero está agotada. Como muchas de las víctimas, se ha visto obligada a asumir los gastos del entierro de su hijo, del traslado del cuerpo, los viajes y de las comunicaciones con funcionarios que finalmente no le han resuelto nada. Todo se resume en deudas.

Con la ayuda de su hermano Jorge, Mary aprendi√≥ a firmar derechos de petici√≥n y ha tocado las puertas del Ej√©rcito, de la Alcald√≠a de Bucaramanga, de Acci√≥n Social y del Ministerio de Defensa. Sin embargo, a la fecha, no ha tenido respuestas ¬Ďpositivas¬í.

Al contrario, días después de la muerte de Carlos Mauricio recibió una llamada amenazante donde la citaban en la Puerta del Sol para darle datos sobre los autores del crimen. Le insistieron que si denunciaba, matarían a otro de sus hijos.

Mary Vega se siente amenazada. Su hermano es su gran bastón, pero su situación de pobreza es extrema. Ofrece agua y tamarindo en las calles de la ciudad, pero no vende mucho.

Su lucha no termina allí. Es claro que la impunidad y la negación a sus derechos como víctima, es  una situación generalizada.

Numerosas organizaciones que trabajan con derechos humanos coinciden en que quienes cuentan con la posibilidad de presentar sus denuncias a la Fiscalía, si no están en contacto o viajando a la ciudad donde se encuentra el proceso, no obtienen resultados positivos.

¬ďPara aquellos que tienen la posibilidad de otorgar poder a un abogado para que adelante las acciones correspondientes, desafortunadamente, estar en contacto con √©l es una labor tit√°nica, por las dificultades en la comunicaci√≥n, por la consecuci√≥n de documentos, por las distancias¬Ē, afirma una de las abogadas del colectivo Luis Carlos P√©rez, que maneja un grupo de casos de ¬Ďfalsos positivos¬í en Norte de Santander.¬†

A esto se suman las condiciones sociales de las v√≠ctimas, desconfianza en las autoridades p√ļblicas y la falta de garant√≠as en materia de seguridad y protecci√≥n. ¬ďEsto impide que las v√≠ctimas tengan la posibilidad real de participaci√≥n en los procesos¬Ē, agrega un abogado de la Corporaci√≥n Compromiso.

Sentada en una cafeter√≠a del centro de la ciudad, esta mujer susurra, como si pidiera un favor, que tan siquiera, el Estado deber√≠a brindarle un psic√≥logo, ¬ďalguien que me escuche¬Ö¬Ē.

 

 

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