Somos iguales, pero no por eso tenemos que ser ¬Ďcalcados¬í | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-07-12 17:02:23

Somos iguales, pero no por eso tenemos que ser ¬Ďcalcados¬í

Don Evaristo, un viejo algo amargado, tiene un par de botas negras para cada día de la semana, colecciona las hojas del almanaque para quemarlas todas juntas el primer día del mes siguiente y en su desvencijado ar-mario encuaderna sus libros con pastas de colores iguales.
Somos iguales, pero no por eso tenemos que ser ¬Ďcalcados¬í

Seg√ļn dice, tanto las botas, como los d√≠as del calendario y sus libros deben ser id√©nticos.
 
Y todos los d√≠as hace lo mismo: se levanta a las 6:00 de la ma√Īana, se persigna y desayuna; 15 minutos m√°s tarde le dedica de manera exacta una hora a la lectura del peri√≥dico.

Después sale a arreglar el jardín de su casa, hasta que llega el momento del almuerzo, al cual le destina rigurosamente una hora.

En la tarde, justo a la 1:00 p.m., hace la siesta hasta las 3:00 p.m. Acto seguido vienen sus onces, un juego de dominó con sus amigos hasta la hora de la cena, reza unas oraciones y ahí sí ¡a dormir otra vez!

Sus d√≠as transcurren as√≠, ¬°calcados!¬† Lo peor es que obliga a su mujer a que lo acompa√Īe en estos rituales cotidianos y se molesta cada vez que ella le reprocha por el tedio que todo esto le representa.

Seg√ļn cuentan los que lo conocen, Don Evaristo, siempre fue as√≠: fr√≠o, calculador y rutinario.

A sus hijos los quería educar de esa forma: pretendía que fueran a su imagen y semejanza. Aspiraba a que ellos siguieran el ritmo de la vida a modo de borregos, marchando, no hacia donde ellos quisieran, sino por donde el viejo Evaristo dijera.

¡Claro! Ninguno de ellos les siguió la cuerda y todos prefirieron escapar, antes de terminar pareciéndose a su achacado padre.

¬†Las vidas de las ¬ďovejas des-carriadas¬Ē, como los tild√≥ el viejo, fueron distintas a la de su decr√©pito padre. Educaron a sus hijos, crecieron con ellos, pero los dejaron volar; les infundaron valores, pero jam√°s los obligaron a obedecerlos a juro. Y, obviamente, siempre respetaron sus sue√Īos.

¬†Nadie puede pretender que seamos como los dem√°s. Es cierto: somos iguales, nos cubre el mismo sol, tenemos los mismos derechos que los otros y es evidente que nos corresponde hacerlos valer, g√ļstenos o no.

Pero, desde el mismo momento en el que nacemos dejamos de ser id√©nticos y empezamos a colocarles las r√ļbricas a nuestras acciones.

Mi apellido puede ser más humilde que el suyo, pero soy yo quien decido honrarlo con mis acciones; mis sentimientos pueden ser impulsos desaforados, pero es mi corazón el que late, no los de los demás.

La vida no tiene que ser una imitación de historias; por más que el resto de gente viva grandes experiencias, me corresponde vivir las propias.
No calque su vida con espejos ajenos. No haga ese ridículo; sienta su propio mundo.

Eso no quiere decir que se tenga que aislar o que no respete a nadie. ¬°Todo lo contrario! parta de √©l para entender que somos iguales; pero recuerde que no por eso usted tiene que ser ¬Ďcalcado¬í.

ACEPTE AL OTRO

Cuando vea que algo no le gusta de la otra persona, no haga  otra cosa distinta a la de respetarla. Tenga consideración hacia la manera de pensar de ella, muy a pesar de que sus conceptos sean diferentes a su sentir.

Usted debe tratar a su semejante como si estuviera frente a un hermano e incluso como si se colocara en sus zapatos.

Y es que cuando se hace el ejercicio de caminar con las botas del otro, se encuentra por ejemplo, que no le tallan e incluso que lo hacen tropezar. La clave est√° en resistir esa particular forma de caminar en la vida.

Cada vez que pueda, haga esta interesante prueba. Verá que para intercambiar su punto de vista con otra persona, a veces tiene que ponerse en los zapatos de su prójimo.

De esta forma usted logra transformar su actitud cr√≠tica y termina comprendiendo a su compa√Īero, a su esposa, a su padre o a su amigo.

En eso consiste la tolerancia: es una fórmula mágica para comprender mejor a los demás y, por qué no, para hablar con ese ser que jamás ha podido entender.

Cuando se es tolerante, se embellece el alma y se aclara el sentido de la vida; porque uno aprende qué es eso de aceptar al otro tal como es él. Además, hacer esto no le vale ni un peso y lo engrandece como ser humano.

SIGA SU SUE√ĎO

Jacob, el m√≠tico personaje b√≠blico, vio una vez una escala misteriosa en su sue√Īo. La misma part√≠a de la tierra y se perd√≠a en el cielo y, a trav√©s de ella, los √°ngeles sub√≠an y bajaban. De pronto, Jacob oy√≥ la voz de Dios, predici√©ndole que su descendencia ser√≠a tan numerosa como el polvo de la tierra. Desde entonces, se ha considerado el extremo superior de esta escala como el s√≠mbolo del ideal de un hombre, s√≥lo accesible para las personas que tienen claro para d√≥nde van.

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