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El fallo electoral del Consejo de Estado | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-07-09 05:00:00

El fallo electoral del Consejo de Estado

El fallo electoral del Consejo de Estado

La primera reacción ciudadana es de aguda inconformidad por dos justas razones: en primer lugar, porque tan importante decisión electoral se profirió más de 3 años después de haberse llevado a cabo los comicios, cuando estamos a las puertas de que termine el período para el que fueron electos los senadores, lo que hace que ella sea “un saludo a la bandera”; en segundo lugar, porque nuestro sistema electoral despide un pútrido olor ya que las dos últimas elecciones de Congreso han sido una charca de fraudes. Por eso en el Senado no son todos los que están, ni están todos los que son.

Sin poner en tela de juicio tan válidas inquietudes ni mermar importancia a ellas, prudente es no olvidar que el camino para llegar a la sentencia materia de comentarios fue largo y sinuoso.

Desde cuando se celebraron las elecciones de 2006, la Procuraduría adelantó investigación y sus conclusiones llevaron al Procurador General a instaurar la demanda en 2007. Así, el proceso del Consejo de Estado duró en su trámite dos años, cubrió todo el mapa electoral colombiano y se condensa en un expediente de cerca de 250 mil hojas que forman 500 cuadernos y llenan 300 discos compactos, lo que exigió la dedicación de 30 asesores y la magistrada ponente, quienes recaudaron, estudiaron y valoraron miles de pruebas. Y de contera, redactaron una sentencia de 1.500 folios. Por ello, si bien la censura es válida, las razones tienen peso.

Lo escandaloso es que en Colombia las elecciones sigan siendo frágiles, teatro de tanto delito y triquiñuela. Los analistas coinciden en que el fallo se quedó corto ya que el “chanchullo” fue mayor. Y asusta que Bogotá sea escenario de “chocorazos”.

Que en Colombia los políticos sigan usando recursos tan pedreros para ser electos como la suplantación de votantes, la utilización de cédulas inhabilitadas, de cédulas aún no entregadas a sus propietarios, la adulteración de formularios electorales, demuestra que nuestra política tiene todos los vicios que pueda alguien imaginar y que en el Senado, de los 102 senadores, son contados los que no tienen mácula ya sea de carácter penal, ora de tipo electoral.

Si en el país hubiera respuesta ciudadana y sentido de la dignidad y la moral públicas, el Senado debería declararse impedido del estudio de los asuntos sustanciales de la vida nacional, ya que expele un mal olor y no tiene autoridad moral para actuar. Pero en Colombia estamos y por eso es válida la apocalíptica y amarga sentencia del maestro Darío Echandía de que éste es un país de cafres.

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