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De Ramón a Juan | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-08-08 05:00:00

De Ramón a Juan

Orgullosos afuera, desde√Īosos adentro. As√≠ nos portamos los colombianos con lo nuestro.
De Ramón a Juan

Causa rubor ver el ingenuo e inocuo empe√Īo de los compatriotas que se viajan al exterior con poncho ¬ďpaisa¬Ē, sombrero ¬ďvueltiao¬Ē, manillas tricolores y camiseta de la selecci√≥n de f√ļtbol, como si al llegar a Frankfurt o a Nueva York, el tropel de transe√ļntes del primer mundo fuese a detenerse para admirar todas las quincallas que puerilmente se cuelgan los colombianos para exhibir la nacionalidad. Es un c√°ndido intento, in√ļtil pero profundamente tierno. Lo siento, all√° nadie repara en su sombrero ¬ďvueltiao¬Ē, a nadie le importa la ruana tricolor.

n cambio aqu√≠, en casa, donde m√°s se requieren impulsos cotidianos de pertenencia y sentido comunitario, posamos de humanistas europeos, de pl√°sticos y pragm√°ticos ¬ďgringos¬Ē y ahora, para alcanzar el colmo de nuestro desprecio por lo local, preferimos vernos a nosotros mismos como mexicanos de ranchera (de los que ya no se usan ni en Guanajuato). ¬†

Nadie puede discutir que nuestro Juan Vald√©s es hoy el s√≠mbolo de la Colombia que casi perdimos con los golpes de la era ¬ďnarco¬Ē. El campesino laborioso, de buena e impecable estampa, salido de la noble cultura del caf√©, reivindica nuestra maltrecha imagen en el mundo entero. Entonces, es indignante que est√© tomando fuerza la injuriosa idea de adherir calcoman√≠as a los carros con el logotipo de nuestro Juan Valdez, pero con la cara de don Ram√≥n (el personaje secundario de ¬ďEl Chavo¬Ē) y el nombre de Ram√≥n en lugar de Juan. He visto cinco en esta semana.

Además de las implicaciones legales de la desfiguración de una marca reconocida y registrada y, por supuesto, del maltrato comercial a uno de nuestros emblemas insignes, la comparación es ofensiva y el uso de la calcomanía habla de nuestro desprecio por lo propio. Don Ramón es un vago que está rápida y fácilmente dispuesto a negociar sus principios por unos centavos. Es un personaje comediado del paisano ramplón, trunco, que aunque lleva un alma buena adentro, no sirve realmente para nada. Juan Valdez, en cambio, está en la mente del colectivo como el campesino honrado que convierte su trabajo sencillo y devotamente cumplido, en el sabor y el aroma más respetados del mundo. No nos ridiculicemos en el exterior con tanto disfraz, ni nos faltemos al respeto adentro demeritando lo propio.

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