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‘Trabajos’ non santos en tierra de muertos | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-07-12 05:00:00

‘Trabajos’ non santos en tierra de muertos

Hace tan sólo un mes, en el Cementerio Municipal fue encontrado y destruido el último ‘entierro’ de brujería frente a la bóveda de un NN. Las prácticas esotéricas abundan en este sector de la Comuna 5 de Bucaramanga. En algunos casos, quienes practican estos ritos profanan las tumbas, dejando los restos óseos expuestos a la vista de cualquier visitante.
‘Trabajos’ non santos en tierra de muertos

En el barrio Campohermoso, al lado del abandonado Parque de la Vida y justo donde empieza el Cementerio Municipal, dos largos panteones albergan cientos de cadáveres NN.

El lugar no tiene dolientes. Los visitantes escasean. Las bóvedas, selladas con cemento por el sepulturero del lugar, están marcadas con números. Las flores y las lápidas se cuentan con los dedos de una mano.

Es por eso que esta tierra de nadie, que ni siquiera está demarcada por un muro que la separe del Parque de la Vida, es visitada por aquellos que creen que con la ayuda de “la tierra de los muertos”, pueden salvar o condenar a sus amores y enemigos.

Ramón Acevedo, el sepulturero del Cementerio, afirma que estos devotos de la brujería aparecen, incluso de día, intentando camuflarse como si fueran a rezarle a un muerto.

Él y otros habitantes del sector han encontrado numerosos ‘entierros’ frente a las bóvedas de los NN, que han decidido quemar.
El más reciente hallazgo fue una caja pequeña de madera sellada con pegante, enterrada en la tierra frente a la bóveda de un cuerpo sepultado en 2005.

“Parecen cofres para guardar joyas, otros dicen que parecen ataúdes de fetos. Están totalmente sellados con pegante, eso es para hacerle mal a una persona”, afirma uno de los ‘guardianes’ ad honorem del camposanto.

En la última caja encontraron un pedazo de tela de una falda, envuelta en un paño rojo.
“Hacen un ritual con velas, lo traen a tierra de cementerio porque creen que sin esa tierra no funciona el conjuro y lo entierran junto a las bóvedas”, explica el sepulturero.

Según su relato, las personas que practican o creen en la brujería, vienen al cementerio dos o tres veces al día para reforzar ‘su maldad’ con oraciones.
Según William Duarte, líder de la Comuna 5, el Cementerio Municipal siempre ha sido un lugar público, creado para enterrar a los NN, indigentes, personas de extrema pobreza y combatientes de todo tipo, una circunstancia que se presta para hechos vandálicos, exhibiciones de todo tipo y hasta prácticas de hechicería. 

“De la falta de seguridad en el cementerio deriva todo lo demás”, explica el líder, quien interpuso una acción popular en marzo de 2005, por el abandono en el que se encontraba el lugar. Dos años después, el Juzgado Cuarto del Circuito Judicial Administrativo de Bucaramanga le dio un ultimátum a la Alcaldía (20 de septiembre de 2007) para encerrar el Cementerio Municipal.

Nada ha pasado y en cambio, las profanaciones de las tumbas y el uso de este espacio para prácticas que se acercan más a la ciencia ficción, abundan.
“La gente cree que el alma queda atrapada en los cuerpos, por eso va a los cementerios, para pedir, incluso a los que han sido ladrones, atracadores y asesinos”, dice William Duarte, que siempre ha vivido en el barrio Campohermoso y escuchado de estas creencias populares.
“Dicen que agarran un escapulario que lo han tenido 35 días enterrado o cerca de la bóveda de un NN al que le hacen oraciones, invocando a espíritus malignos”, cuenta.

Duarte, que actualmente es asesor de la Asociación de Funerarias de Santander y creció en una carpintería pegada al Cementerio, dice que los ‘entierros’ han sido de toda la vida.

De niño jugaba en el Cementerio con los cráneos y otros huesos. Era común. Hace 30 años se enterraban los cuerpos en la tierra y como se trataba de los Sin Nombre, la profanación era un asunto cotidiano. Incluso, dice, los estudiantes de Medicina venían a buscar huesos y algunos jóvenes les prendían veladoras y hacían oraciones, sólo por la curiosidad de saber qué pasaba.

Pero los juegos de niños y adolescentes tomaron otro tinte. Según su testimonio, una de las prácticas consistía en raspar un hueso de muerto para echarle ese polvo a los alimentos de la persona que se quería perjudicar. También eran comunes las reuniones de jóvenes, que hacían rituales alrededor de grandes fogatas en medio de las tumbas.

Pero más allá de estas creencias, lo que realmente preocupa a los habitantes del barrio Campohermoso es que, además de profanar las tumbas, a quienes practican la brujería poco les importa dejar, a la vista de todos, los cuerpos en descomposición o los restos óseos.

Hace tan sólo 10 días, en una visita el Cementerio Municipal, se veía, a través de un orificio en la parte superior de una bóveda, el cuerpo en descomposición de un NN, que además, había sido enterrado sin un cajón como se tiene establecido. Otra de las bóvedas estaba tapada con ladrillos que podían fácilmente quitarse.

Según uno de los ‘guardianes’ del Cementerio, los practicantes de la brujería, por evitar que quemen sus ‘entierros’, optan por romper las bóvedas y meter dentro los objetos de culto. 

Para no creer

Muñecos hechos en cera, fotografías chuzadas con alfileres, corazones de plástico, aretes, argollas, ropa, escapularios, huevos y hasta toallas higiénicas usadas, han sido encontrados por Ramón, el sepulturero.

“Cuando uno iba y destapaba para sacar los restos de un muerto y meter otro, encontraba pares de zapatos nuevos, fotos chuzadas. Un día encontré un frasco sellado de vidrio y por dentro tenía un papel con una cinta, una foto con alfileres cruzados y una toalla de mujer con menstruación. Eso lo quemé”, cuenta.
 
Uno de los últimos ‘entierros’ que este hombre quemó se trataba de una muñeca hecha en cera, de cerca de 20 centímetros, llena de alfileres y amarrada con una cinta. También había dos huevos semi enterrados y amarrados con cintas rojas.

Según los libros de magia negra que se pueden conseguir en cualquier local de libros usados en el Centro de Bucaramanga, los huevos se utilizan para terminar con una relación de pareja: a medida que los huevos se dañan, la relación se acaba.

En el Centro, tres vendedores de libros usados afirmaron que en el día pueden vender más de 10 libros con información esotérica.
Los títulos más vendidos son “Los admirables secretos de Alberto El Grande”, “El libro supremo de todas las magias”, “El libro de San Cipriano” y “Sea usted su propio brujo”, ediciones piratas que no tienen editorial y que pueden costar entre $8 mil y $30 mil pesos.

Su contenido se traduce en extensos recetarios, los llaman “secretos maravillosos”, para, por ejemplo, hacer que una persona dormida revele sus secretos en alta voz, para impedir que el marido duerma y hasta para hacer bailar a una mujer desnuda.

Según el sepulturero, hace una década era común ver personas escarbando en las tumbas. Decían que estaban buscando la “tierra de muerto”. Y hasta pedían permiso para realizar rituales.

En una ocasión, toda una familia apareció en el Cementerio con un hombre en silla de ruedas, acompañada por un supuesto brujo, que afirmaba que era de vida o muerte practicar un ritual.

Ramón afirma que cuando vio al enfermo y a toda la familia no pudo negarse, pero que exigió estar presente para evitar cualquier profanación.
“Decían que le habían hecho una maldad. Lo bajaron de la silla y lo acostaron sobre una sábana frente a una bóveda. Prendieron velas y empezó la ceremonia. Duraron como 30 minutos y luego se fueron”, cuenta.

El sepulturero nunca supo si tuvo efecto o no, pero según el relato de un hombre que trabajó en otro de los cementerios de la ciudad, una mujer mayor llegó con su hijo en idénticas condiciones que el anterior, afirmando que un brujo le había dicho que a su hijo (vivo) lo habían enterrado con su hijo muerto hace 20 días.

“Nos decía que la ayudáramos a salvar al hijo. Lo traía en una silla de ruedas, flaco, parecía una persona terminal. Ella mostró todos los exámenes médicos donde se confirmaba que no tenía ninguna enfermedad y luego dijo que al hijo muerto lo habían enterrado con una foto del hijo vivo clavada en seis alfileres, sujetada con una cinta roja y un escapulario”.

Según la versión de este hombre que presenció la escena, la mujer logró que autorizaran exhumar el cadáver de su hijo, donde efectivamente hallaron, en el bolsillo del pantalón, todo cuanto había descrito el brujo.

“Yo le quité el pantalón al muerto y en el bolsillo que indicaban estaba la foto como la habían descrito. A eso se le metió candela y estalló. Al muerto se le puso una manta y se volvió a enterrar”, cuenta.

A los 12 días, este hombre afirma que la mujer volvió al cementerio con dos pollos criollos y acompañada de su hijo, en perfecto estado.

La ‘energía’ de los muertos

Néstor Pardo, sociolingüísta de la Universidad Nacional de Colombia, quien realizó una investigación que revela cómo funciona la brujería en el Cementerio Central de Bogotá, afirma que los cementerios se establecen como sitios de pasaje en donde se conecta el mundo de los vivos con el de los muertos.

“La tierra de los cementerios se supone que tiene una energía especial que hace que sea utilizada en algunos tipos de brujería, sobre todo en la que pretende dañar a otras personas. De otro lado, muchos de los ‘entierros’ y ‘trabajos’ se hacen allí, es decir que se escogen las tumbas más olvidadas (como las de los NN) y se hace una transacción para obtener favores de las almas olvidadas: ellas reciben oraciones y hacen favores para recibirlas”, explica el investigador.

Según Pardo, todos los restos humanos son usados en la brujería ‘mala’: los huesos, los dedos, etc. “Con estos objetos se pretende ‘amarrar’ el alma de la persona que está ‘enterrada’, para obligarla a hacer lo que la persona que solicita el servicio quiere”.

Un hombre muy consultado por los bumangueses, conocido porque “quita los males puestos” y al que muchos se refieren como “el brujo” o “el mago”, afirma que “secretea” (reza) para que brille la suerte y la fortuna y para alejar a los enemigos.

Este hombre, que lleva 48 años “secreteando”, y que tiene una clientela numerosa, trabaja poniendo las manos sobre sus pacientes mientras habla en un tono ininteligible. Sugiere baños, purgas, ‘vinos’ (jarabes) y también las conocidas ‘contras’.

“Quien hace brujería con la tierra de los difuntos es porque quiere matar a la persona. Entonces yo le doy un bebido para poderle sacar la tierra que le dieron. Se le pone un purgante primero y luego el ‘vino’ (jarabe), para que le saque ‘el hielo’ de muerto”, explica.

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