HAGASE OIR | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-07-15 05:00:00

HAGASE OIR

Chavela Vargas La voz de Chavela Vargas llega al alma, con esa canción feliz, esa bella metáfora “Que te vaya bonito”. Chavela enfatiza en el texto más que en la música. Es notable su actitud desafiante y la forma desgarradora como Chavela interpreta los versos de José Alfredo Jiménez.
HAGASE OIR

  Chavela ha abordado temas mexicanos y latinoamericanos, pero indudablemente “Macorina” es su rúbrica, es su presentación: Composición con un encanto erótico. Macorina, una bella mulata, hija de negra y chino que se paseaba por el malecón habanero en un carro descapotado y a quien los jóvenes le insinuaban: ¡Ponme la mano aquí Macorina!

Joaquín Sabina en el estribillo de su canción “Por el bulevar de los sueños rotos” deja escuchar estos versos: Las amarguras no son amargas/ cuando las cantan Chavela Vargas / y las escribe un tal José Alfredo/.

Uriel Bautista Gamboa


El desempleo

No es culpa exclusiva del Estado; sencillamente estamos mal acostumbrados a que papá Gobierno nos dé empleo, a vivir de lo que nos resulte de “exprimir” al Estado y eso nunca será posible para todos. Algunos contarán con la suerte de emplearse en él, pero no hay “chanfa” para tanta gente. Pienso que debemos acostumbrarnos a desarrollar trabajo productivo en cada una de nuestras profesiones, destrezas, habilidades y capacidades, sin aspirar únicamente a emplearnos en el Gobierno.

Esto sucede en parte porque en algunas Universidades no se está enseñando a desarrollar cada profesión; por lo tanto hay ingenieros manejando taxi y taxistas sin hacer nada porque el Ingeniero ocupa la vacante. Al Técnico la sociedad excluyente menosprecia su estatus en vez de estimularlo; otros lo llaman “rebusque” para catalogarlo equivocadamente a la altura de lo ilícito.
El mejor estímulo, ahí sí a cargo del Gobierno, son los créditos que en el momento no son suficientes para la creación de microempresas; también son micro, irrisorios, en mínimas cantidades que no alcanzan a subvencionar los costos que demanda un montaje y un “despegue” exitoso, sin riesgos económicos.

Fabio A. Ribero Uribe


Los narcopótamos

Me parece increíble y ridículo que todos los medios de comunicación llámese radio, prensa o televisión, le den tanta importancia al caso de los hipopótamos del mal recordado Pablo Escobar. Que nos los cacen, que los lleven a un zoológico, que los dejen ahí, que construyan un parque en la hacienda Nápoles y demás. Y más ridículo me parece que surjan organizaciones que quieran hacer marchas y protestas.

Por favor señores, miremos a nuestro alrededor, cuando en las calles de nuestras ciudades existen niños que se mueren de hambre, gente viviendo debajo de un puente, personas escarbando la basura buscando comida y desplazados que salen de los campos con una cobija. ¿Será que ya nos acostumbramos a verlos en las calles y no nos toca el corazón como ver a unos hipopótamos en un lago?, ¿será que para estos seres humanos no existen organizaciones que pongan el grito en el cielo y ofrezcan nuevas oportunidades de trabajo y vivienda?

La solución es muy simple: dejen esos hipopótamos donde están, ya han vivido mucho tiempo ahí, además son animales herbívoros, no son cazadores y no afectan la fauna y la flora de la región, preocupémonos por los verdaderos problemas y dediquémosle nuestras energías e ideas a crear una sociedad más justa y con oportunidades para todos.

Juan Carlos Serrano Suárez


La ciudad y los taxis

De apellido Mendoza era el señor Agente que nos cuidaba de niños en el parque San Pío. Hubo muchos más pero Mendoza era especial por el cariño y dedicación con que ejercía su noble oficio.

Duarte era el celador de la cuadra. Siempre vestido de color kaqui, sin más identificación personal que una vieja linterna plateada y un caduco trabuco, con una bala al cinto. Duarte hacía de todo, su habilidad cubría toda clase de oficios, desde la plomería hasta lo eléctrico. Era de una pulcritud y honestidad tal, que mis padres le entregaban las llaves de la casa cuando salían con toda la prole.

Bucaramanga era la ciudad más bella del mundo y lo mejor de todo, nadie en el mundo lo sabía. No había barrios de invasión ni se veía miseria en sus limpias calles. Sin los actuales dramáticos contrastes, la sociedad era una y única en este impecable escenario. La cordialidad y honradez de la gente no tenía medida, virtudes que se reflejaban especialmente en el Servicio de taxis y transporte en general.

Otero fue uno de estos señores, que como la mayoría de sus maduros compañeros reflejaba rectitud y buenos modales ante los pasajeros de su empresa Sol de Oriente. Recuerdo que una vez nos devolvió un canasto lleno de víveres que olvidó mi madre en el baúl de su inmenso vehículo. Este acto era normal porque los taxistas de ese tiempo eran hombres de buena formación ciudadana. No había taxímetro pero tampoco lo asaltaban a uno cobrando por “mínimas” ante cualquier excusa, como sucede actualmente.

En contraste con lo anterior, el pasado jueves tomé un taxi en la calle 51 con 34, hasta la carrea 36 con 42. Me senté en la parte delantera y por descuido, dejé sobre la guantera un estuche que contenía una herramienta de trabajo. Aunque el taxista me distingue, nunca regresó.
Escasamente pasamos la cifra del millón de habitantes y la ciudad parece hoy una invasión. La agresión, el abuso y carencia de valores en el trato cotidiano cubren sus descuidadas calles. De eso el taxista aquel, como gran parte de la sociedad en que vivimos, poco o nada recibió de sus progenitores.
 
Orlando Serrano Orejarena

 

 

Publicada por
Contactar al periodista
Publicidad
Publicidad
Publicidad