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Desencantos de una joven guerrillera | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-07-18 03:21:21

Desencantos de una joven guerrillera

¬ĎNatalia¬í siempre tuvo claros los motivos de su viaje a Puente Nacional, Santander, en busca del frente 23 de las Farc. Lo hizo sola. Fue un secreto. Uno que finalmente tuvo que guardar durante cinco a√Īos.
Desencantos de una joven guerrillera

Sus razones fueron ideol√≥gicas. Muy lejos estuvo de ser una m√°s de las muchachitas que terminan con un fusil al hombro por culpa del hambre, una promesa falsa, la violencia intrafamiliar o una ¬Ďtraga maluca¬í. Ahora lo dice con una evidente desilusi√≥n, porque como se ver√°, ¬ĎNatalia¬í fue seducida poco a poco por una organizaci√≥n al margen de la ley que no tard√≥ en mostrar su lado flaco. Uno lleno de incoherencias, tristezas y muerte. Por eso afirma que su historia es el relato de un enga√Īo.

Hace 15 d√≠as desert√≥ y ahora espera que el Gobierno Nacional la proteja. Ya dej√≥ de llorar, pero sabe que cuando se reencuentre con su familia tendr√° que dar una explicaci√≥n. Ella, la l√≠der de su colegio, la ni√Īa pila del barrio, la joven trabajadora, a la que no le temblaba la voz para decir lo que pensaba, termin√≥ siendo obligada a permanecer en las selvas del sur de Santander, cargando un fusil y un alias que le siguen pesando.

La decisión

Tiene 23 a√Īos. Es una mujer menuda, pero su cuerpo demuestra las durezas de la selva. Habla claro, fuerte y mira siempre a los ojos.

¬ĎNatalia¬í ingres√≥ a las Farc cuando ni siquiera hab√≠a cumplido los 18 a√Īos. Viv√≠a en Bogot√° y su camino como l√≠der empez√≥ cuando estudiaba en el colegio.

Quer√≠a hacer campa√Īa para convertirse en Personera y pronto ingres√≥ a la Asociaci√≥n Nacional de Estudiantes de Secundaria, Andes, que lucha por una educaci√≥n p√ļblica, gratuita y de calidad.

Estaba feliz. Y mientras participaba en paros que buscaban tomarse los colegios en la capital, se unió a la Casa de la Juventud porque trabaja con los jóvenes en los sectores populares.

Viv√≠a en medio del entusiasmo. Cuando no estaba en el colegio, permanec√≠a en su barrio (de estrato popular) donde desde peque√Īa siempre escuch√≥ hablar del Partido Comunista y de la Juventud Comunista.

Se gradu√≥. Quer√≠a ingresar a una universidad p√ļblica, pero decidi√≥ prepararse con calma para el examen de admisi√≥n. Se dar√≠a un a√Īo de espera. Estudiar√≠a y vivir√≠a lo que podr√≠a llamarse un preuniversitario y en ese lapso (¬Ņpor qu√© no?),¬† conocer√≠a a la Juventud Comunista.

Leyó todo lo que llegó a sus manos. Vinieron las invitaciones a eventos distritales y se unió a las marchas.

¬ďSiempre se hablaba de la guerrilla, pero era algo como muy ¬Ďelevado¬í. Uno tiene conocimiento de que Colombia no es el √ļnico pa√≠s que tiene guerrilla, que hay una guerra interna¬Ö y yo dec√≠a: hay que experimentar¬Ē.

Y lo hizo. Adem√°s de las fiestas y de enamorarse, sus horas se iban en discusiones sobre la ¬ďcombinaci√≥n de todas las formas de lucha, sobre econom√≠a pol√≠tica y en hacer an√°lisis coyunturales¬Ē.

Cada día conocía gente nueva y pronto le sugirieron que entrara a la página en Internet de la Agencia de Noticias Nueva Colombia, Anncol, afín a las Farc.
Al mismo tiempo, ¬ĎNatalia¬í empez√≥ una escuela b√°sica en la Juventud Comunista y all√≠ tambi√©n comenz√≥ a o√≠r de las Farc. ¬ďMuy bajo, pero s√≠ muy entendible¬Ē, dice.

Y enumera los hechos. ¬ďUn d√≠a estando en la escuela b√°sica, a la salida me encontr√© con una ¬Ďresistencia¬í en la recepci√≥n¬Ö hab√≠a Polic√≠a afuera de la sede y yo no entend√≠a porqu√©¬Ē.

En otra ocasi√≥n, dice, ingres√≥ a la oficina regional de la JUCO y oy√≥ por primera vez el himno de las Farc. ¬ďNo dec√≠a guerrilleros de las Farc sino compa√Īeros de las Farc¬Ē, afirma.

Seg√ļn el testimonio de esta guerrillera reci√©n desmovilizada, ¬ďes muy escogida la persona que te va a hablar de eso (la guerrilla). No se hace abiertamente. Depende del nivel que vayas adquiriendo. Es como la depuraci√≥n que se hace: sirves o no sirves. Si no sirves sigues en lo legal y ya¬Ē.

¬ĎNatalia¬í estaba confundida. Sab√≠a que una cosa es la JUCO y el Partido Comunista y otra muy diferente, las Farc. Sin embargo, en la clausura de esa escuela b√°sica, lleg√≥ un grupo de encapuchados a quienes identific√≥ por los zapatos. ¬ďEstaban conmigo en ese evento, me hab√≠an dictado charlas, eran estudiantes de universidades y llegaron con panfletos de las Farc y del Movimiento Bolivariano¬Ē, dice.

Luego todo sucedi√≥ como una bola de nieve. ¬ďEn ese lapso desapareci√≥ mucha gente, no s√© si cambiaron de ciudad o se fueron al monte¬Ö nunca pregunt√©¬Ē.
Conoci√≥ a j√≥venes que estudiaban en la Universidad Francisco de Caldas Santander, en Norte de Santander. ¬ďVen√≠an tiroteados, hablaban de Rub√©n Zamora (comandante guerrillero) y del frente 33, y yo no comprend√≠a¬Ē. ¬†

¬ĎNatalia¬í no niega que la situaci√≥n la atra√≠a y que la gente la fue envolviendo, ¬ďpero nunca te imaginas en realidad lo que es¬Ē. ¬†

Muchos de sus amigos del barrio le insistieron en que no se fuera, que trabajara a nivel barrial. Pero era tarde. A uno de sus nuevos compa√Īeros que hab√≠a llegado a Bogot√° desde Barrancabermeja, ya le hab√≠a insinuado que quer√≠a conocer c√≥mo era la guerrilla y √©l pronto plane√≥ su viaje.

¬ďMe interesaba porque yo iba leyendo cosas, me preguntaba porqu√© hab√≠a tanto pie de fuerza de la guerrilla, no sab√≠a si realmente estaba guiada a un buen proceso de desarrollo en el pa√≠s. Pens√© que se necesitaba apoyar a este grupo¬Ö¬Ē, agrega.

En su casa, su mamá sabía que ella hacía parte de la JUCO, pero le reprochaba que se interesara tanto por la historia guerrillera.

¬ďElla me fren√≥, pero no le hice caso. Empec√© a hablar de la lucha armada¬Ö y me met√≠ tanto que ya no sab√≠a c√≥mo desenredarme¬Ē.

En carne propia  

El 8 de noviembre de 2004, esta joven citadina, que ni siquiera sabía cocinar, llegó en un bus a Puente Nacional, al sur de Santander y se desplazó hasta la vereda La Granja, donde la estaban esperando.

Viajó sola y no le dijo a nadie porque le advirtieron que sus movimientos tenían que mantenerse en secreto. Fue una alumna fiel y cuánto le costaría.
Rápidamente conoció a uno de los comandantes del frente 23 de las Farc, quien le confirmó que la llevarían hasta el campamento y que a los pocos días le darían los viáticos para su regreso.

¬ĎNatalia¬í pensaba que vivir√≠a la mejor de sus aventuras. Ni siquiera se preocup√≥ cuando empez√≥ la marcha; le dieron unas botas de caucho y le quitaron su celular.

Pero pasaron los d√≠as y se empez√≥ a agotar. Quiso devolverse pero le informaron que hab√≠a orden expresa de entregarla al comandante del frente 23, en ese tiempo alias ¬ĎNelson¬í.

¬ďNo me hicieron nada y eso me tranquiliz√≥ un poco. Cuando finalmente llegu√© al campamento, ¬ĎNelson¬í me dijo que me quedara un mes y lo hice porque vi mujeres¬Ē, dice.

A su cansancio se unieron m√°s incertidumbres. Estaba sorprendida de encontrar ni√Īas y ni√Īos de 13, 14 y 15 a√Īos.

¬ďMe acercaba a ellos porque cre√≠ que ten√≠an ese nivel de decir: yo soy guerrillero por razones como la desigualdad social, etc. Uno me dijo: yo estoy ac√° por huev√≥n¬Ö no sab√≠an nada sobre la historia guerrillera y me di cuenta que el nivel pol√≠tico era supremamente bajo¬Ē.

¬ĎNatalia¬í afirma que su primer mes en la guerrilla se resumi√≥ en ver a un grupo de gente armada. Les ayud√≥ a transcribir el reglamento, el himno y poemas. Estaba aburrida. Quiso irse pero esta vez le informaron que hab√≠a combates en la zona y que no pod√≠a salir.

Y aunque ella se rehus√≥ en varias ocasiones a ponerse un uniforme y a cargar un rev√≥lver, porque insist√≠a en que era una civil, termin√≥ haci√©ndolo. A los cuatro meses vino otra¬† gran decepci√≥n. Le informaron que ten√≠a que quedarse un a√Īo completo y que no pod√≠a comunicarse con su familia.

Sus ideales políticos quedaron tirados en el camino. Pronto fue una muchachita más. Lloraba, no se sentía en condiciones de seguir, no comía, no podía con el peso de las maletas… le decían chilletas y María Magdalena.

La primera vez que estuvo en un combate, el miedo la paraliz√≥. ¬ďNunca me explicaron qu√© hacer en caso de una emergencia de ese tipo y cuando me di cuenta, sent√≠ encima la plomacera¬Ē.

La dejaron sola. Y fue ahí, en ese momento, cuando le dijeron que se llamaba Natalia. Sólo vino en su ayuda un guerrillero con una herida enorme en el brazo izquierdo y el hueso partido en dos, al que ayudó a cargar en una hamaca durante 16 días sin que recibiera atención médica.

¬ďNos toc√≥ andar con √©l mientras literalmente se iba pudriendo. La zona estaba totalmente bloqueada, com√≠amos yuca cruda, pepitas y cogollos de palma, hasta que finalmente el comandante lo abandon√≥¬Ē.

¬†¬ĎNatalia¬í recuerda que el guerrillero era oriundo de Barrancabermeja, que nunca se quej√≥, que las mujeres lloraron cuando lo abandonaron en medio de la selva, que ni siquiera grit√≥ para que el Ej√©rcito lo encontrara, que cuando volvieron a los dos d√≠as segu√≠a vivo en medio de la descomposici√≥n, que hablaba incoherencias y que las Farc no hicieron nada por salvarlo. Termin√≥ suicid√°ndose.

Esa fue la mayor de las decepciones. ¬ĎNatalia¬í no se cansaba de cuestionar. A cualquiera lo pod√≠an herir. ¬ď¬°Nos iban a dejar tirados¬Ö!¬Ē.

El frente se reduc√≠a poco a poco. Muchos desertaban. En los tiempos de oro, los frentes se compon√≠an de 300 hombres y hoy, en el caso del frente 23 de las Farc, luego de la entrega de ¬ĎNatalia¬í y otro de ellos, quedan ocho. S√≥lo ocho guerrilleros. Esa, dice ella, es la t√≠mida presencia que tiene las Farc en el sur de Santander.

¬ĎNatalia¬í se recuesta en su silla y se r√≠e con desilusi√≥n. ¬ďMe dec√≠a: esto de dejar morir a un hermano de lucha¬Ö esto no es revoluci√≥n¬Ē.
Cuando abiertamente le informaron que no se pod√≠a marchar despu√©s del a√Īo, la compensaron nombr√°ndola Secretaria Pol√≠tica, enfermera y operadora de radio. Lo ir√≥nico: su grupo nunca super√≥ los 15 guerrilleros.

En cinco a√Īos s√≥lo habl√≥ una vez con su familia para decirle que estaba viva y antes de que le quitaran el tel√©fono, grit√≥ que estaba en Santander.

Con tan pocos en el grupo, era ridículo pensar en acciones militares, así que se dedicaban a cobrar el impuesto a los coqueros y a subsistir.

Intent√≥ escapar, pero era tanto el miedo que le hab√≠an inculcado hacia el Ej√©rcito, que cuando lleg√≥ a una carretera se devolvi√≥. ¬ďUno les coge terror porque nos dicen (la guerrilla) que nos van a violar, a torturar¬Ö¬Ē.

Pensó que el comandante la mataría, pero ni siquiera tenían la capacidad para hacerle un consejo de guerra por lo reducido del frente. Sin embargo, siempre se lo recordaron.  

Cuando lleg√≥ alias ¬ĎChaparro¬í en el 2007, actual comandante del frente 23, el esquema cambi√≥. Fue √©l quien plane√≥ el ataque donde el 9 de mayo de ese a√Īo murieron ocho agentes y un subintendente de la Polic√≠a, que eran transportados en un cami√≥n desde una vereda de V√©lez, Santander.

¬ďFue un choque escucharlos contar que o√≠an a los polic√≠as gritar y que los hab√≠an rematado. Luego el mismo ¬ĎChaparro¬í asesin√≥ a dos presuntos paramilitares. Me toc√≥ presenciarlo¬Ē.

Ese fue el comienzo del fin para ¬ĎNatalia¬í, suponiendo que su pesadilla realmente haya terminado. Empez√≥ a no cumplir √≥rdenes. La sancionaban amarr√°ndola o con oficios como cortar le√Īa, abrir trincheras y¬† cavar huecos para sanitario. Se levantaba con la muerte clavada en su pensamiento. Ya no soportaba vivir casi en harapos mientras su comandante vest√≠a bien y com√≠an carne asada.

As√≠ lleg√≥ el 4 de julio. A ¬ĎNatalia¬í la enviaron a entregar un dinero. Estaba sola, como cuando lleg√≥ a Puente Nacional. Empez√≥ a caminar. Consigui√≥ un celular; los campesinos la animaron a desertar. Se comunic√≥ con su familia que la llamaba cada tanto para darle √°nimo. Le dec√≠an que enfrentara el miedo, que pod√≠a salir de ese encierro.

La √ļltima que la llam√≥ fue una prima que es como su hermana. ¬ĎNatalia¬í le jur√≥ que se entregar√≠a al Ej√©rcito. Estaba a 20 minutos de una carretera y cuando menos lo pens√≥ se encontr√≥ de frente con un soldado. Se asust√≥ tanto que le confes√≥ que era guerrillera y todo dej√≥ de pasar, incluso el miedo a la muerte.

 

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