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Las leyes en su laberinto | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-07-21 05:00:00

Las leyes en su laberinto

Las leyes en su laberinto

El tema hoy es que cada cierto tiempo, acaso para tener algo que decir a la hora del engorroso asunto de mostrar un informe de gestión ante los electores, a los  congresistas colombianos, en un acto de  inteligencia suprema, les da por presentar   proyectos de ley que podrían formar parte de una antología de lo pintoresco, si no fuera porque el desbarajuste de nuestra realidad plantea unas urgencias que exigen de esos escenarios y quienes los ocupan respuestas efectivas a un panorama donde los hechos van en contravía de los indicadores que tanto excitan a los técnicos del Dane.

Hace un par de años, por ejemplo, un representante del altiplano cundi-boyacense tuvo la luminosa idea de radicar un proyecto de ley que prohíbe a los padres bautizar a los hijos con nombres que puedan resultar oprobiosos, lo cual, aparte de no contar con que algún prójimo pueda pasear  feliz sobre la tierra respondiendo al nombre de Timochenko Piedrahíta, resulta una ofensa para los habitantes de la región de origen del congresista, que a lo mejor lo eligieron con la esperanza de encontrar en sus gestión alguna solución para sus infortunios sin cuenta.

Otro, de cuyo nombre no quiero acordarme, propuso una ley para que los burros y los chivos no puedan circular por las calles de las ciudades, como si para algo tan elemental no bastara con hacer cumplir los manuales de convivencia, si le importaran a alguien, por supuesto.

Consultando una fuente directa del congreso- que no  da su nombre por el justo temor a perder el cargo- encontramos que se ha llegado a hablar de leyes para ponerle ropa al Bolívar de la Plaza de Pereira, para prohibir el acceso de los rebuscadores que cantan en los buses –cuando, a esos si por ley, deberían mandarlos a estudiar música- y hasta para restituirle al sagrado corazón de Jesús sus perdidas facultades como protector de los colombianos, creyentes o no.

Sin duda, para muchas personas resulta molesto, o incluso traumático, que sus progenitores les hayan asestado nombres más parecidos a una venganza que a una seña de identidad. Tampoco se puede negar que la circulación  de burros y chivos en las calles de las ciudades puede resultar un peligro para el tráfico de vehículos y peatones, por más que a los turistas extranjeros les parezca una muestra de color local. Está claro que ya es suficiente con la atonía del cantante Jhonny Rivera, como para que además tenga émulos.

Más justo todavía es el llamado a que le gente no arroje  la basura a las calles ni las convierta en el servicio sanitario de sus mascotas, pero para eso existen otros escenarios de discusión y reglamentación distintos al congreso de la república, cuyos integrantes son, por naturaleza, bastante manirrotos a la hora de  legislar sobre lo divino y lo humano, al punto de que hoy cientos de leyes, las valiosas y las inútiles, vagan como almas en pena perdidas en su propio laberinto.

 

 

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