La ciudad y la informalidad | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-08-09 05:00:00

La ciudad y la informalidad

El desafío más grande que como núcleo de población se presenta ante nosotros, a principios del siglo XXI, es lograr que la ciudad crezca y progrese sin caer en las arenas movedizas de las expresiones de informalidad que con tanta facilidad brotan entre nosotros.
La ciudad y la informalidad

La función de dirigir y orientar el crecimiento y el progreso citadino está en cabeza de las autoridades municipales, en sus diversos niveles y escalones, desde el alcalde hasta el más modesto servidor público del  orden municipal.

Y allí es donde más fallas y grietas ha habido en Bucaramanga desde finales del siglo XX. Frente a las múltiples manifestaciones de informalidad que afloran y en forma rauda se esparcen por los cuatro puntos cardinales, la autoridad municipal ha sido laxa, blandura que ha sido una estrategia, no una expresión de personalidades apocadas.

¿Por qué han sido nuestros burgomaestres tan laxos? Porque para ellos la alcaldía ha sido más un trampolín para nuevas metas políticas que un fin. Por eso han creado toda una estrategia para no tomar medidas que signifiquen el poner en riesgo su futuro electoral. Igual pasa en todo el mundo, tanto desarrollado como tercermundista.

Así, por estrategia personal, a las expresiones de informalidad no se les enfrenta con políticas que demuestren que en la ciudad hay autoridad. Y al no meterlas pronto “en cintura”, ellas que son agresivas por su misma naturaleza, en muy poco tiempo toman tal impulso que antes de lo imaginado son ya un hecho social y pretender enfrentar tal estadio de hechos es crítico pues devienen en enfrentamientos de clases. En ese momento la ciudad arrea sus banderas, pierde la batalla y se descuaderna.

Eso es lo que está pasando con tres expresiones de informalidad contemporánea en Bucaramanga: el mototaxismo, los taxis “piratas” y los taxis “colectivos”.
Las autoridades municipales se han hecho las de “la vista gorda” ante estas manifestaciones de informalidad  y ellas han ganado un espacio peligroso, generando un desorden inenarrable.

La ciudad no puede convertirse en una Babel de actividades informales. El Estado tiene un nivel municipal de autoridades precisamente para que pongan orden en el proceso de crecimiento y progreso de la ciudad y no para que ellas sean espectadoras del pulular de la informalidad y las agresivas y desordenadas dentelladas que cada quien da por su sustento.

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