El molinillo de viento | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-07-23 05:00:00

El molinillo de viento

¬ŅQui√©n no jug√≥ de peque√Īo con un molinillo de papel? ¬ŅQui√©n no gozaba vi√©ndolo girar? ¬ŅLo recuerda? El viento devoraba sus lenguas como los ogros de los cuentos y, al mismo tiempo, sus coloridas hojas nos conectaban con los sue√Īos de ser grandes.¬†
El molinillo de viento

Daba vueltas sin parar. Era preciso aprovechar cualquier corriente para verlo zumbar; hasta era válido soplarlo con entusiasmo, no con el aire del pulmón, sino con la fuerza del corazón.

El molinillo nos hacía ver altivos y orgullosos. Con él teníamos el sol y la luna de padrinos.

¬ŅY sabe qu√© era lo mejor?
Que el aire se volvía cómplice nuestro. Tanto, que la más tenue ráfaga nos permitía sonreír.
Pero crecimos y algo nos cambi√≥. No sabemos exactamente por qu√©, pero ese recuerdo se desvaneci√≥ con el ayer. Ahora s√≥lo lo evocamos cuando vemos a otros peque√Īos divertirse durante los vientos de agosto.

¬ŅQu√© nos pas√≥?
A lo mejor el estrés, los problemas, el trabajo y la vida misma hoy hacen que apretemos demasiado la chincheta en la varilla de nuestros molinillos  e impedimos que las aspas recuperen su movimiento.

Es una verdadera l√°stima que de adultos ya no tengamos ese molino de luces; aquel que conservaba en el pecho una rueda y que se engalanaba con sus alas.
Estamos tan ocupados que olvidamos que a√ļn podemos jugar como en los viejos tiempos.

¬ŅSaben una cosa?
Los molinos fueron las se√Īales de la prosperidad y de la magia de crecer sin dejar de ser ni√Īos.
Ellos se volvieron tan populares que sirvieron para mover el agua, para tener energía e incluso para marcar la llegada de buenas temporadas.

Los que trabajaban con los molinos de viento contaban que era una belleza ver c√≥mo se mov√≠an. Sobre todo porque cuando sus p√©talos ¬Ďdanzaban¬í, el molinero y todos sus ayudantes ten√≠an tiempo para charlar, para re√≠r, para jugar y para so√Īar.
Cuando el viento soplaba era se√Īal de descanso y, de paso, significaba que era el momento de disfrutar el arte de vivir.

¡Que ironía! Mientras el molino trabajaba, de manera simultánea las personas podían compartir en paz.

¬ŅCu√°ntos de ustedes se la pasan d√≠as y noches enteras ocupados, todo por culpa del trabajo?

¬ŅCu√°ndo fue la √ļltima vez que se goz√≥ un amanecer o se tom√≥ unas vacaciones?
¬°No! con esta p√°gina no pretendemos que renuncie al trabajo y se consiga un puesto como molinero.
¬°Ni m√°s faltaba!

Es sólo una invitación a realizar una pausa y empezar a disfrutar los placeres sencillos de este mundo.
Es hora de volver a ser ni√Īos, tal vez no con un molinillo de papel, pero s√≠ con el suficiente aire como para aprender a vivir de una manera pl√°cida y feliz.

EL SUE√ĎO Y EL DESPERTAR

Un hombre de la antigua Grecia se fue en busca de agua para refrescarse. Al final de su travesía entró en una cueva que, en su parte baja, gozaba de un pozo de agua cristalina con el cual podía saciar su sed.

Su nombre no viene al caso; se trataba de un inquieto joven, tal vez el m√°s versado en todos los conocimientos de la antig√ľedad.
Lo importante fue que él encontró en esa gruta un excelente lugar para descansar.

La verdad, era un so√Īador.
Cuenta la historia que el hombre se quedó allí, casi dormido de por vida; no sólo por lo confortable de su lecho, sino porque el clima árido que lo había arrastrado hasta ese espacio, no cambiaba.

La sequía continuó y él prefirió seguir refugiado en medio de las refrescantes aguas. Durmió mucho tiempo y en su corazón se propuso no despertar, al menos hasta el momento que él considerara preciso.

En sus sue√Īos se ve√≠a convertido en un hombre consentido por los dioses. Dicen que so√Ī√≥ tanto, que alcanz√≥ a vivir en esa gruta sesenta a√Īos.
Pero un d√≠a despert√≥. √Čl, sin prever que el tiempo hab√≠a pasado, observ√≥ que todo hab√≠a cambiado a su alrededor.

Regresó a casa y se sorprendió al ver a su hermano convertido en un anciano; se enteró que sus padres habían muerto.

Adem√°s, tuvo que resignarse con la idea de que la mujer con la que quiso compartir su vida, ya ten√≠a su propio hogar conformado. Un tanto desilusionado tuvo que reconocer algo m√°s: √©l ten√≠a los huesos fr√≠os. Hasta en eso hab√≠a cambiado, porque ahora s√≠ a√Īoraba el sofocante calor que lo hab√≠a arrastrado hacia la gruta en donde pas√≥ los mejores a√Īos de su vida.

Sus sue√Īos hab√≠an ¬Ďpasado de moda¬í. Ya no hab√≠a agua cristalina que lo rodeara, sino una vida ajena y un mundo muy distinto al que so√Ī√≥ durante las √ļltimas d√©cadas.

La historia, as√≠ de escueta, podr√≠a tener el t√≠tulo de esta columna: ¬ĎEl sue√Īo y el despertar¬í.
Es un relato nuestra P√°gina Espiritualidad, que s√≥lo pretende hacer reflexionar sobre la importancia de so√Īar, pero sin olvidarnos de vivir.
Porque si nos demoramos en actuar, los a√Īos terminan pas√°ndonos la ¬Ďcuenta de cobro¬í. As√≠ que, si nos permite el consejo, ¬°lev√°ntese amigo y sac√ļdase de su modorra!

PEQUE√ĎA REFLEXI√ďN

As√≠ Dios nos parezca mudo y pensemos que √Čl no trata de arreglar las cosas; en cada paso de nuestra vida siempre vemos su bondadosa cara.

Un amanecer, la sonrisa de un ni√Īo y el olor de la tierra mojada por la lluvia, son varios de los rostros que nos regala.

Lo anterior sin contar que la imagen más amistosa de Dios, está en nuestro corazón.

Eso sí, debemos tener presente

que Dios rodea de espinas las rosas, s√≥lo para ense√Īarnos que lo bueno se logra a fuerza de cuidados.

Es hora de hacernos el regalo de reflexionar sobre nuestro proceder: si estamos errando, rectifiquemos; si estamos enga√Īando, hablemos con la verdad; si hay sentimientos de rencor, perdonemos.

Adem√°s, tenga presente que si no so√Īamos, si no sembramos y si no trabajamos, tampoco podremos cosechar.

 

 

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