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El problema de los paneleros | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-07-28 05:00:00

El problema de los paneleros

El problema de los paneleros

El problema no es individual, ni puede tener como respuesta la miope sentencia de “siquiera yo no soy cañicultor”. Al asunto deben ponerle atención todos los agentes de la economía regional, en vista de que se une a los problemas que vive la industria santandereana por las diferencias que sacuden las relaciones con Venezuela y Ecuador y las sanciones económicas y comerciales que tales naciones impusieron a los productos locales.

Si bien la crisis del sector agrícola -en general- es aguda desde hace años, el paso del tiempo la ha ahondado significativamente porque los últimos gobiernos nacionales no han sido capaces de implementar una atinada política de defensa de la agricultura, frente al que todos los países del mundo cuidan y protegen en grado sumo por considerar que ella es un problema de seguridad nacional.

Y efectivamente, el sector rural es en Colombia un asunto de seguridad nacional, porque cualquier análisis serio que se haga del conflicto armado interno en que estamos sumidos desde hace décadas se hunde en las inequidades y en el abandono del campo, en la falta de protección al campesino y en el problema de la tenencia de la tierra apta para cultivar.

La crisis que ha provocado la superproducción de caña de azúcar en Santander y el precio pírrico del kilo de panela, no solo afecta la economía en la región de la Hoya del río Suárez, sino que se extiende por Oiba, Socorro, San Gil, Piedecuesta, Guapotá, Guadalupe, Charalá, Ocamonte y muchos municipios más del departamento donde tal actividad agraria tiene gran peso. Así, hoy nuestra situación es preocupante en diversos lugares y frentes de la economía.

En torno a la posibilidad de producir alcohol carburante en una planta ubicada en Güepsa, se edificó un proyecto económico y nuestros campesinos, atraídos por tal ilusión, sembraron miles de hectáreas de caña, creando una sobreoferta de ella, llevando a muchos cultivadores a la subsecuente ruina. Hoy se viven los resultados de ello.

Haciendo a un lado la grave equivocación que fue el sobredimensionar las expectativas de redención económica de los cañicultores del departamento, lo que nuestras autoridades deben hacer es implementar rápidas y efectivas medidas para evitar que amplias zonas rurales del departamento, hoy en paz, se vean azoladas como consecuencia de la violencia que sigue a una honda crisis económica del agro. De lo contrario, la zozobra que reina puede trocar en inseguridad pública en muchos de nuestros campos.

 

 

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