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Palabras Inútiles | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-07-28 05:00:00

Palabras Inútiles

Mientras la espera se acorta para saber si el referéndum reeleccionario al fin muere por su propia boca y comienza a saberse a dónde va a parar el cuento del “Estado de opinión, fase superior del Estado de Derecho”, expresión culebrera del cesarismo democrático.
Palabras Inútiles

Mientras, digo, hablemos de un tema en apariencia anodino, como el de si el libro tiene futuro o si la gente lee más o lee menos. Del primer arañazo  humano hasta la comunicación virtual, hemos estado inventando e innovando medios en los que sostener de manera gráfica un pensamiento, una idea.

Lo importante ha sido tener ideas, tener medios para prolongar nuestra memoria. El sentido de esa evolución nos lleva a más medios para hacerlo y conservarla. Que si es una tablilla de arcilla o un ordenador no es más que un problema de evolución tecnológica y cultural.

Soy de los que creo que tendremos papel arañado por muchas décadas mientras haya lectores que quieran un contacto físico, sensorial y hasta erótico, con eso que llamamos libro. Gutemberg comenzó la democratización de la lectura y el pensamiento con la invención de la imprenta y aunque existen miles o millones de analfabetas absolutos, los peligros van por el lado del analfabetismo funcional o de la ignorancia voluntaria, que conduce a la estupidez, al cretinismo, al estado de opinión del alma, fase superior de la idiotez.

El problema ahora es qué, cómo y cuánto leer por cualquier medio. Eso requiere formación y dirección intelectual. Convertir la lectura en esperanza y calidad de vida. Sesenta años de lectura asidua nos permitirán leer el equivalente a 2228 libros de 350 páginas, unos 37 libros por año. Los colombianos leen dos libros por año per cápita.

La mayoría no lee ni uno en su vida aun cuando sepan leer. Los adictos pueden llegar a la cifra soñada de 37. La clave es qué leer y quién va a formar a los lectores y para qué. Es el Estado de razón y de mayoría de edad, como anhelaba Kant. Con papel o con pantalla.

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