El mercado de las oquedades | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-08-01 05:00:00

El mercado de las oquedades

Todos sabemos, y es preciso decirlo claramente, que la verdadera poes√≠a es escasa y que hay pocos buenos poetas porque es dif√≠cil llegar a su esencia, a esa peculiaridad que la hace diferente de otros g√©neros literarios otorg√°ndole el nivel que tiene; esa aura de misterio luminoso, de musicalidad c√≥smica, de revelaci√≥n extraordinaria, en donde las palabras, a√ļn las m√°s sencillas, brillan con destellos de verdad infalible.
El mercado de las oquedades

Por esa dificultad, por la exigencia que tiene la verdadera poesía, y también porque hay gente que sigue creyendo que para ser poeta sólo se necesita escribir en verso, con rima o sin ella; por eso abundan los libros de antipoesía, plagados de lugares comunes, construidos con lenguaje plano y metáforas insípidas; con versos cursis, sin imaginación, que no llegan a darle hondura a las frases escritas, ni conmueven al lector.

Para llegar al nivel artístico que tiene la verdadera poesía, no sólo se requieren talento e inspiración; también es necesaria una amalgama especial que combina sensibilidad para expresar las ideas y los sentimientos; intuición y fino oído; lectura y estudio de los grandes poetas, y sobre todo trabajo permanente.  

¬ďLa poes√≠a ¬Ėdijo Octavio Paz¬Ė debe tener, antes que nada, ritmo e im√°genes y un cuidadoso manejo del lenguaje que permita llegar a la esencia del ensue√Īo, a la profundidad de la otra realidad. S√≥lo as√≠, el poema conmover√° al lector¬Ē.

Al leer las √ļltimas publicaciones que se han hecho en Colombia de libros de poemas y antolog√≠as de poes√≠a, nos encontramos con muchos trabajos que no cumplen las caracter√≠sticas que exige la verdadera poes√≠a, como lo acabamos de mencionar y que por tanto solo llegan a simples versificaciones; pensamientos y sentimientos plasmados en el papel, sin ritmo, sin belleza y sin lenguaje po√©tico, pero que a veces (y esto es lo que sorprende) son rese√Īados como si fueran obras de arte, siguiendo la nefasta costumbre que tienen los clubes de elogios mutuos, que impiden la cr√≠tica sana y el crecimiento literario.

Esta situación, obviamente, desmotiva a los buenos poetas, a los pocos lectores de verdadera poesía, y orienta mal a los millares de aficionados que desean incursionar en los caminos de la lírica.

Poetas, editores y librerías

Y talvez por esa falta de lectores, y por el escaso inter√©s que el sistema educativo colombiano le otorga a la poes√≠a, muy pocos buenos libros de poemas se venden en las librer√≠as de nuestro pa√≠s. De all√≠ quiz√° se desprende la dificultad de subsistencia de algunos excelentes poetas, hombres y mujeres, que tienen que trabajar en otras actividades para poder subsistir, igual a como tuvieron que hacerlo, por ejemplo, Borges, Vallejo, Cavafis, Whitman o Eliot, por citar solo algunos casos de poetas y escritores extranjeros, o como le sucedi√≥ a Jos√© Asunci√≥n Silva, que se vio obligado a atender asuntos comerciales de su familia, o a nuestro gran Aurelio Arturo, que tuvo que desempe√Īar distintos cargos oficiales, como juez y profesor en colegios y universidades.

Dif√≠cil, como ocurr√≠a en tiempos de Silva, Arturo, Borges o Whitman, es la situaci√≥n de los buenos poetas y narradores contempor√°neos que desean que su obra sea le√≠da por el p√ļblico, pero que se encuentran con el desinter√©s de la mayor√≠a de las grandes editoriales y librer√≠as, que prefieren los libros de mayor venta, aunque no tengan valor literario, como acontece con la seudoliteratura, las biograf√≠as y memorias de narcotraficantes, madames, divas, secuestrados nacionales y extranjeros, y las novelas de mala calidad que se venden porque van apoyadas por gran despliegue publicitario.

Quizás esto sucede porque vivimos en una sociedad y en un tiempo en que prevalecen los gustos mediocres, cuando se prefieren las novelas frívolas, o las publicaciones truculentas atiborradas de sexo, violencia y morbosidad, sin ninguna virtud literaria; plagadas de errores de dicción y sintaxis; escritas con mal gusto y con lenguaje paupérrimo.

Por eso, muy raras veces triunfa una obra valiosa, como si a nadie le inquietara que las editoriales no sean exigentes ¬Ėen cuanto a criterio art√≠stico¬Ė para seleccionar las obras, y sigan publicando esos libros intrascendentes, escritos por autores de precarios atributos, a quienes, gracias al apoyo publicitario (por obvias razones mercantilistas), se les abren las puertas en la mayor√≠a de los medios de comunicaci√≥n, con frecuencia ciegos ante la verdadera poes√≠a y la buena narrativa. El resultado final: una equivocada inducci√≥n al p√ļblico consumidor para que compre y lea libros triviales que tarde o temprano terminar√°n en la basura.¬†

 

 

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