Publicidad
Mié Ago 23 2017
26ºC
Actualizado 05:19 pm

El dopaje de Lucho Herrera | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-08-01 05:00:00

El dopaje de Lucho Herrera

Cuando en la década de los 80´s llegaron nuestros ciclistas al viejo continente, el mundo deportivo europeo quedó estupefacto: no salían de su asombro al ver que un grupo de muchachos con cara de indígenas, pobres, flacos, desgarbados y tímidos, eran capaces de montarse en una bicicleta y escalar las montañas de los Alpes y los Pirineos como escarabajos por las paredes y podían, también, descender de esas peñas tan rápidos como el viento.
El dopaje de Lucho Herrera

Fue tal la conmoción que generaron Alfonso Flórez, Fabio Parra, Lucho Herrera y varios más, que franceses, españoles, alemanes, británicos e italianos, tuvieron que comprar mapas para averiguar dónde quedaba Colombia, de qué lado del mundo habían aparecido esos increíbles pedalistas.

Y claro, no demoraron en aparecer las suspicacias. No era posible que unos diminutos campesinos pudieran ser capaces de tanto, ¡tenían que estar dopándose! Empezaron a seguirlos, a espiarlos. Etapa por etapa los rivales se turnaban para observarlos y descubrir qué se inyectaban, qué aspiraban, qué chupaban los indiecitos colombianos. Les costó mucho trabajo porque cuando algún francés se situaba a la espalda de Lucho, éste se paraba en los pedales y metía un jalonazo que lo dejaba sembrado en la carretera. Cuando, en descenso, un español trataba de ver lo que hacía Alfonso Flórez, el santandereano metía la quinta y el español lo volvía a encontrar pero en el hotel o cuando los italianos, en el plano, se ubicaban al lado de Parra, el boyacense aceleraba, tomaba su velocidad de crucero y a los italianos no les quedaba otra que ponerse a ver a las turistas que salían a animarlos.

Desgraciadamente una vez se descuidaron y los pillaron. Al otro día la noticia salió en todos los grandes periódicos europeos: “los colombianos se dopan, cuando van por la carretera sacan de sus bolsillos unas piedras de color marrón, se las echan a la boca y a los pocos minutos tienen tanta energía que pueden escaparse del pelotón”. Ni los periodistas, ni los técnicos, ni los médicos, ni el güevón del Laurent Fignon conocían la panela ni el bocadillo veleño, sustancias santas y tan poderosas que aún hoy son el único alimento que tienen millones de colombianos y los mantiene vivitos y coleando.

Que hoy salga Fignon a decir lo que dijo de Luchito Herrera, es inaceptable. El “jardinerito” es una de nuestras insignias y que un francés drogadicto venga a pisotear su nombre no se puede permitir. Gloria a nuestros ciclistas y que viva la aguadepanela.

Publicada por
Contactar al periodista
Publicidad
Publicidad
Publicidad