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Diplomacia de micrófono | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-08-02 05:00:00

Diplomacia de micrófono

Diplomacia de micrófono

Que armas suecas vendidas al ejército de Venezuela acaben en manos de las Farc, o que haya indicios de que esta guerrilla aportó dinero a la campaña electoral de Ecuador, son hechos frente a los cuales Colombia tiene todo el derecho de pedir explicaciones a los vecinos, de protestar enérgicamente si se comprueba la complicidad de los gobiernos y de exigir con toda firmeza que se tomen las medidas necesarias para que no se repita ese tráfico de armas. El problema es el cómo y el cuándo de esas legítimas reclamaciones.

La diplomacia se inventó para tramitar estos conflictos entre países de manera civilizada, evitando daños colaterales y la agudización de las tensiones. Embajadores, países mediadores o el contacto directo entre gobernantes, son instrumentos que han probado su eficacia a lo largo de la historia. En Colombia, en agosto de 2000, el gravísimo caso de los 10.000 fusiles vendidos por Jordania al gobierno del Perú que acabaron en manos de las Farc con la intermediación de Montesinos, el nefasto asesor de Fujimori, no pasó a mayores gracias a las conversaciones directas entre los presidentes de los dos países.

Pero el gobierno de Uribe ha adoptado una estrategia muy diferente y peligrosa. En lugar de los canales diplomáticos, se utilizan los medios de comunicación para hacer las reclamaciones. Según dicen los periódicos, nuestra embajadora en Venezuela ni siquiera fue informada del tema de las armas suecas, ni se le instruyó para que presentara la justificada queja de Colombia. En Ecuador no tenemos embajador, pero tampoco se pensó en utilizar los oficios de un mediador sofisticado y efectivo como Brasil. En ambos casos se optó por informar a los gobiernos vecinos a través de noticias filtradas a los medios, provocando así desaforadas respuestas, de dos presidentes que no necesitan mucha provocación para agredir, y que tampoco se hicieron por medios diplomáticos sino a través de los micrófonos.

La estrategia de Uribe, así como las respuestas de Chávez y Correa, tienen un denominador común. El objetivo de los tres no es mejorar las relaciones entre vecinos ni resolver los conflictos reales que existen, sino utilizarlos para desviar la atención de los problemas políticos internos. Por eso el caso de la armas suecas no se denunció hace un año cuando se supo de ellas, ni el video de alias  el ‘Mono Jojoy’ se hizo público hace tres meses cuando se encontró. Había que esperar el momento oportuno para utilizar el escándalo de esos graves hechos para obtener los mejores réditos políticos internos y externos.

El momento llegó cuando el gobierno de Uribe fue cogido con los calzones abajo aceptando la permanencia de militares y equipo militar norteamericano en territorio nacional violando la Constitución por no haber consultado ni al Congreso ni al Consejo de Estado. Para tapar esa garrafal equivocación y a la vez acallar las críticas latinoamericanas, que mejor que justificar las “bases” gringas filtrando noticias trasnochadas que muestran a Venezuela y Ecuador como cómplices del terrorismo.

El problema de esta diplomacia de micrófonos, de lado y lado de la frontera, es que genera retaliaciones económicas. Y en la reducción del intercambio comercial con los vecinos, los empresarios colombianos son los más perjudicados pues a Venezuela y Ecuador les vendemos 7.500 millones de dólares y solo les compramos 2.000 millones. Para evitar la caída de nuestras exportaciones, con el consiguiente aumento del desempleo, el gobierno no debe dejar de tramitar sus justas reclamaciones, pero debe hacerlo por las vías diplomáticas y no a través de los periódicos.

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