Genética de conflicto | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-08-07 05:00:00

Genética de conflicto

La violencia, ejercida en tantos a√Īos y con aterradora degradaci√≥n, ha dejado una cifra vergonzosa de muertos, mutilados y excluidos. Pero el m√°s aberrante efecto est√° en el talante de todos los que hemos presenciado la guerra, imp√°vidos, generaci√≥n tras generaci√≥n, como testigos aparentemente ilesos.
Genética de conflicto

Es mentira: nadie ha salido sin heridas de esta historia nacional cifrada en la muerte y el conflicto. Todos tenemos una deshonrosa cicatriz en la estructura de pensamiento, una mutilaci√≥n moral que exhibimos imp√ļdicamente en nuestras opiniones; se trata de un desprecio por la vida y una actitud dispuesta a encontrar fines deseables (cada vez m√°s), que creemos que ¬ďjustifican¬Ē la muerte y la violencia.

Nuestra insensibilidad frente al dolor de las v√≠ctimas directas del conflicto, se explica por la fragmentaci√≥n de la sociedad entre los realmente afectados y los que siempre ven la guerra s√≥lo en los peri√≥dicos. La tragedia del holocausto de los nazis termin√≥ horrorizando al mundo s√≥lo cuando el p√°nico se extendi√≥ por toda Europa amenazando con afectar ya no solo a los jud√≠os y gitanos. En Boston, en una impresionante ofrenda a las v√≠ctimas del holocausto, est√° citada esa famosa retah√≠la del pastor alem√°n Martin Niem√∂ller (atribuida con frecuencia a Bertold Brecht): ¬ďPrimero vinieron por los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista. Luego vinieron por los jud√≠os y no dije nada porque yo no era jud√≠o. (¬Ö) Luego vinieron por los cat√≥licos y no dije nada porque yo era protestante. Luego vinieron por m√≠, pero para entonces ya no quedaba nadie que dijera nada¬Ē.

Nos resulta f√°cil hablar de ¬ďguerra hasta acabar con ellos¬Ē (las Farc, los paramilitares, los narcotraficantes). Pocas veces pensamos en los que est√°n en el medio y mientras tanto seguimos inoculando en las generaciones levantiscas el facilismo de suprimir vidas, de eliminar estorbos, de excluir. Claro, es que las oficinas y avenidas citadinas no est√°n sembradas de minas ¬ďquiebrapatas¬Ē. Nuestros hijos van a la universidad, no van al ej√©rcito ni se tienen que esconder para no resultar reclutados en una guerra sin fin. Los que viven en el medio de la violencia, levantan cr√≠os que llevan el resentimiento de una vida sin valor, expuesta a la barbarie y los otros, criamos individuos familiarizados con discursos y opiniones que llevan entre l√≠neas un solo mensaje descarado e inconsciente: m√°tenlos.

 

 

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