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“No me siento diferente, sólo aprendo rápido” | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-08-09 05:00:00

“No me siento diferente, sólo aprendo rápido”

En un pequeño pueblo en el límite entre Nariño y Cauca, nació hace 16 años la niña que bien puede ser hoy la más inteligente de Colombia. Ingresó a los 11 años a la Universidad y hoy, a los 16, se graduará como Ingeniera de Sistemas.
“No me siento diferente, sólo aprendo rápido”

Sandra Lucía Palacios Aguirre dejó ver desde muy pequeña que su inteligencia y capacidad de aprendizaje son notables: al cumplir un año pronunciaba muy bien todas las palabras. Pero hubo un evento que cambio su vida y la de su familia, justo un día antes de cumplir los dos años, y sin haber recibido ninguna enseñanza previa, abrió un libro y empezó a leer de corrido y en voz alta.

Vivía entonces en su pueblo natal, Arboleda Berruecos, un pueblo de Nariño distante cuatro horas de Pasto, yendo hacia el norte, casi llegando al Cauca.

En medio de afiches de Mickey Mouse y otras caricaturas pegadas en las paredes de su habitación, Sandra Lucía Palacios Aguirre recuerda que su niñez no fue fácil, todo porque sus amigas no entendían que le gustara más leer y hacer ejercicios de matemáticas, que jugar con sus muñecas.

Sin embargo, dice que el apoyo constante de su familia fue fundamental para asumir cada edad como debía, pues sus padres la motivaban a utilizar sus ratos libres jugando con sus amiguitos.

Adelantos notables

Siendo bebé, sus padres notaban cómo ella observaba con cuidado cada ambiente en el que se encontraba, como si siempre estuviera aprendiendo. “Se quedaba callada y cuando le hablábamos nos parecía que entendía todo lo que le decíamos sobre el nombre de cada cosa. Hoy sabemos que sí estaba comprendiendo”, dice Sandra Aguirre, madre de Sandra Lucía.

Al cumplir un año, al tiempo que comenzó a caminar, ya no balbuceaba como los demás bebés; su vocabulario era claro. Repetía, con asombroso talento, cada cosa que se le decía. “Era muy raro ver cómo ella jugaba y con su voz suavecita y delgada llamaba cada cosa, cada juguete, con su nombre y con una destacada pronunciación”, recuerda la madre de la menor.

La vida de la familia Penagos Aguirre terminó de cambiar cuando comprendieron que estaban frente a una niña prodigio, con una inteligencia superior. “Fue cuando iba a cumplir dos años, se acercó a una mesa, abrió un libro y empezó a leer cuando jamás se le habían enseñado las letras del abecedario”, sostiene Sandra Aguirre.

Desde ese momento todo fue una seguidilla de sucesos casi increíbles, que poco a poco iban dejando ver la capacidad de Sandra Lucía.

A los 3 años, leyendo perfectamente y desarrollando algunas operaciones matemáticas como sumar, restar y multiplicar, la niña fue sometida a un examen para evaluar su coeficiente intelectual y determinar el grado de escolaridad al que debía ingresar.

El resultado fue de 176 puntos sobre 100, es decir que la inteligencia de Sandra Lucía superaba cualquier expectativa.

Para reforzar sus conocimientos, la niña fue con sus padres a Ipiales, a una institución que recibe a niños con capacidades especiales. Tras pasar todas las pruebas exigidas, a los cinco años, entró al bachillerato.

“No fue fácil, pues debía compartir el salón de clases con niños de hasta catorce años, es decir nueve más que ella, por fortuna contamos con suerte y todo se dio”, asegura Sandra Aguirre.

Avanzó en todas las materias con promedios superiores a los de sus compañeros y el día que hizo la primera comunión, a los once años, también recibió su título como bachiller.

Fue el puntaje más alto de su colegio en las pruebas de Estado, lo que le dio la oportunidad de ingresar becada al Instituto Universitario Cesmag de Pasto, en donde se matriculó para hacer la carrera de Ingeniería de Sistemas.

Estuvo becada toda la carrera por sus promedios superiores a cuatro. Hoy, a los dieciséis años recién cumplidos, entregará un proyecto de grado en el que se incluye el diseño de una página web para enseñar a niños a hablar inglés.

Creciendo y viviendo

Sandra Lucía asegura que en su curso siempre fue la consentida, pero tuvo que hacer el mismo esfuerzo que todos sus compañeros para sacar adelante cada materia. “Siempre se me ha facilitado con mis amigos, todas las personas que han estado a mi alrededor, me han apoyado”, dice con su voz de adolescente esta universitaria a punto de convertirse en profesional.

Asegura que el respeto de los demás hizo que fuera más fácil avanzar en su carrera, aún cuando tenía todas las miradas encima, con la natural curiosidad por saber cómo es vivir sabiéndose más inteligente que los demás.

“No me gusta sentirme diferente, soy igual a todos, vivo una vida normal, salgo con mis amigos, con mis compañeros y disfruto cada momento”, señala Sandra Lucía, quien además se muestra amable y sociable.

Niñez y  adolescencia

Sandra Aguirre dice que lo más importante ha sido cuidar a su hija y darle las libertades necesarias para que pueda desarrollarse plenamente. Sin embargo, asegura también que darle la protección necesaria ha resultado extenuante: “cuando entró al bachillerato y la invitaban a fiestas, me tocaba irme con ella, para cuidarla”, advirtiendo que jamás Sandra Lucía ha mostrado desobediencia o rebeldía.

“Me parece que ella tiene una edad mental de más de 20 años, por su comportamiento y madurez” dice María Morán, abuela de Sandra Lucía.
La niña prodigio, quien ya consiguió trabajo, pues enseña en su Universidad a los alumnos de primer semestre, dice que su sueño es viajar por muchos países, por lo que trabaja intensamente para ahorrar y cumplir ese anhelo.

Otra motivación para esta adolescente es pensar que algún día pueda ayudar a la gente a resolver sus problemas: “sé que a muchas personas se le cierran las puertas cuando van a emprender algo; quisiera ser la persona que abra esas puertas y verlas felices”.

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