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¿Qué hacemos con...los imperios? | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-08-10 05:00:00

¿Qué hacemos con...los imperios?

Los gringos gozan del “privilegio” muy especial de todos los imperios: “ser odiados”, a veces por causa justa o solo porque detentan el poder supremo. Eso pasó con los imperios Chino, Persa, de los Faraones, el Romano, el dominio de Carlos V y con el Británico, es decir, con quien se impone a las buenas o a las malas.
¿Qué hacemos con...los imperios?

Los yanquis se impusieron quizá más que ningún otro Imperio. Le quitaron a México medio país y con esa tierra crearon una gran nación; golpearon a España y la desposeyeron de Puerto Rico, Cuba y Filipinas. Usaron el látigo en Centro América, ganaron dos guerras universales, lanzaron dos bombas atómicas, etc. Al fin se convencieron de que tierra no necesitaban (Inglaterra, España y Roma sí) y se dedicaron a mover el dinero y bien que lo han hecho.

No nos quitaron a Panamá, antes de hablar cháchara sobre el tema dedíquense a seguir el trayecto del Istmo desde el siglo antepasado, su separación de España, su adhesión voluntaria a Colombia, sus varios intentos de separación, hasta su independencia definitiva en 1903. Comenten la famosa carta de Don Carlos Martínez Silva al Congreso de Bogotá y entérense de los numerosos errores de Congreso y Gobierno colombianos; estudien bien y entiendan lo de la separación y dejen quietos a los “norteamericanos”, que fueron sí, la primera nación que reconoció a Panamá como Estado.

Las guerras Universales de 1914 y 1939 las perdieron Francia e Inglaterra hasta que intervinieron Wilson y Roosevelt y dieron al traste con la Alemania del Kaiser Guillermo II y la de Adolfo Hitler, que era la vencedora. Lo del Japón ya lo sabemos. Pasada la guerra los americanos salieron de Europa, Japón y Filipinas y regresaron a casa; impidieron con generosidad suma que los países participantes en la contienda murieran de hambre. Entregaron Europa a los rusos por habilidad de Stalin, que con bellas y encantadoras niñas de 18 años “enamoró “ a Roosevelt y el gran jefe le dejó hacer lo que quisiera.

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