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¡Tengo un apodo! | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-08-12 05:00:00

¡Tengo un apodo!

Emo –asociado a debilucho-, ‘camperine’, la pinocha, pitufa, lilipú –enana- y videolin son algunos de los apodos que se escuchan hoy en las universidades de Bucaramanga.    
¡Tengo un apodo!

Algunos de los jóvenes optan por reírse y aceptan con agrado los sobrenombres.

“Eso hace parte de la vida estudiantil”, comenta Luisa Fernanda, de 20 años, estudiante de la Universidad Pontificia Bolivariana.

Pero cuando somos más jóvenes, los apodos no son tan bien recibidos, e incluso pueden marcar gran parte de nuestra adolescencia.

Hace incluso que odiemos estar en el colegio.

Beatriz Mantilla, una cantante santandereana de 21 años, explica que su sufrimiento con los apodos sólo terminó cuando la cambiaron de colegio.

“Cuando era niña, era torpe y obsesiva. Me llevaba mejor con los adultos que con las personas de mi misma edad. Como consecuencia de ello, era leña para el fuego de los apodos extraños. No pasó mucho tiempo hasta que los otros niños se dieron cuenta que podían decirme BM”.

Beatriz fue apodada BM incluso cuando ingresó a 6 grado de secundaria.

“No sólo se trataba del apodo; sino que también se trataba un poco de aguantar manifestaciones de violencia durante los recreos. Mi mamá trató de ayudar; concertó una cita con mi maestra, pero nada parecía ser de utilidad”.

Finalmente, ya sintiéndose incapaz de soportar su situación por más tiempo, le rogó a su mamá que le permitiera cambiarse a un colegio privado.
“Realmente me sentí muy afortunada cuando ella accedió a mi petición. Dicho colegio me salvó en lo relacionado a mi capacidad de ganar estabilidad y respeto social y de mejorar mi autoestima”.

Aunque para algunos el apodo de Beatriz en el colegio no parecía nada grave, la verdad es que en la adolescencia cualquier conducta que pueda lesionar la autoestima es un asunto de importancia, aunque el apodo trate de ser cariñoso.

“La gordita”

Es difícil medir el grado de afectación de un apodo, pero el caso de Liza, una estudiante de último semestre de Derecho de 22 años, puede darnos alguna pista.

“En el colegio era la típica gordita. Y mis amigos me lo decían de cariño, incluso hasta tenía un novio que parecía que estaba contento con mi apariencia”.
Desde niña, Liza fue una niña “cachentoncita”, con grandes mejillas y piernas gruesas. Con un rostro angelical y con un sentido del humor excepcional.

“Pero yo no estaba satisfecha con esas características que nombraban en mí. Yo sólo veía el hecho de que mis amigos, e incluso en mi casa, me decían la gordita, y aunque fingía que no me afectaba, la verdad es que era una tortura”.
Cansada no sólo del apodo, sino de su apariencia, Liza empezó a hacer dieta y ejercicios que no la ayudaron a ser delgada, pero que sí la mantuvieron oscilando en la báscula y de mal humor.

“Mis amigos empezaron a cansarse de mi mal genio y me empezaron a llamar limonada. No pude escapar de los apodos y sí logré convertirme en un ogro. Incluso en el salón me llamaban Shrek”.

Finalmente, Liza decidió abandonar la dieta y alimentarse sanamente.
“Ya mis amigos olvidaron los apodos y como volví a ser alegre, mi vida es más tranquila”.

Liza logró superar el problema de su apariencia, pero ella comprendió que el tema de la autoestima es un camino largo y  que aunque los apodos son parte de la vida estudiantil, algunos son más crueles y mal intencionados que otros.  

LA VOZ DEL EXPERTO
Luisa Fernanda V. Gordillo / Pedagoga

“Los apodos o sobrenombres despectivos provocan angustia y malestar en las personas, y ayudan a ganarse enemistad y enojo. A veces los que nos quieren utilizan algún sobrenombre cariñoso y esto es aceptable como un gusto de simpatía y amor. Pero otras veces se utilizan odiosos apodos que no respetan la identidad, sencillamente porque están despreciando algo fundamental para la personalidad de cada ser y que representa su propia historia”.

pilosos II seminario intercolegiado de investigación

El colegio La Merced organizó este 11 y 12 de agosto el II Seminario Intercolegiado de Investigación, ciencia a partir de una pregunta, que busca destacar los proyectos de investigación realizados por las alumnas de undécimo grado.

“La idea es no esperar a que las niñas lleguen a la Universidad para hacer proyectos”, comenta John Maury Monares, asesor de proyectos de investigación. Uno de los proyectos de las jóvenes fue “¿cuál es la relación entre la situación socioeconómica y los embarazos adolescentes?”. Hoy, el colegio invitó a 15 colegios de la ciudad para presentarles sus proyectos, que están enfocados en todas las áreas de la ciencia.

LISTA
Los pilares de la autoestima

1 Vivir conscientemente. No podemos sentirnos competentes si actuamos ante las responsabilidades de la vida de un modo errático.
2 Aceptarse a
ti mismo.
3 Responsabilidad.  Sentir que tengo el control de mi propia existencia.
4 Aceptar las consecuencias de mis conductas. Pensar que no va a venir nadie a resolver mis problemas.
5 Autoafirmación. Sana voluntad de hacer frente y controlar los desafíos de la vida.
6 Vivir con un propósito.

Indicadores de baja autoestima

• Retraimiento social.
• Actitudes de crítica y censura.
• Drogadicción.
• Hostilidad hacia los demás.
• Fracaso escolar.
• Descuido en el arreglo personal.
• Aislamiento.
• Evasión del contacto visual.
• Conductas autodestructivas.
• Suicidio.

CLASES DE APODOS

Cada generación tiene sus apodos favoritos y hay algunos que pasan la barrera del tiempo. Sin embargo, los sobrenombres pueden clasificarse de acuerdo con su intención o referente:

• Referentes al cuerpo: la gordita, la flaquita, el radar ­–por las orejas grandes-.
• Relacionados con el carácter: carroloco, terremoto, emo.
• Por el nombre: sandruchis, martuchis, linita, camilín. 

 

 

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