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Los ‘fue…ques’ | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-08-13 00:15:03

Los ‘fue…ques’

La expresión, de hecho, suena ‘re…fea’. Y aunque más de uno la utilizamos, dizque para quedar bien, al final su uso sólo pone en evidencia nuestra falta de espíritu: ‘fue...que’ me enfermé, ‘fue…que’ no tuve ni una sola oportunidad en la vida, ‘fue...que’ creí que no había problema.
Los ‘fue…ques’

Y así nos la pasamos colocando los ‘fue...ques’ a todo lo que dejamos de hacer.

Si no estudiamos decimos: ‘fue...que’ no teníamos cómo pagar la universidad; si nos dejamos engordar, ‘fue...que’ no teníamos tiempo para hacer ejercicio; si somos infieles, ‘fue...que’ nos sedujeron.

Muchos reposamos, durante bastante tiempo de nuestra vida, sobre un improvisado lecho de excusas absurdas. El mundo está lleno de ellas y hay más de uno que hasta se las cree.

En todas las excusas, les echamos la culpa a los demás. Buscamos afuera a alguien al que podamos imputarle nuestra pereza.

Cuando respondemos con el ‘fue…que’, lo único que hacemos es ratificar que no pudimos hacer algo.

En vez de mirar hacia dentro, o de comprender el por qué de la situación, nos especializamos en justificar nuestras incompetencias.

Incluso en el caso de que alguien realmente sea el responsable de nuestro sufrimiento, culparlo no mejora en nada las cosas; sólo aumenta el descontento que experimentamos.

En lugar de inventar argumentos flojos, podemos analizar cuál es el origen real de nuestro error y, por ende, enmendar. Darse cuenta de ello es, de manera simultánea, un acto de reverencia y de atención, de lucidez y de amor, y de libertad y de agradecimiento con la vida misma.

Si bien nada es casual, tampoco es automático del todo; alguien tiene que empujar la puerta, para que se abra. Esa fuerza movilizadora comienza con el darse cuenta de que somos responsables de lo que nos pasa.

No nos quedemos inventando los ‘fue…ques’. No sólo son expresiones feas, sino que además franquean nuestro espíritu y evidencian que no hemos podido avanzar.

PETICIONES A DIOS

Hola Dios, ¿cómo está? Le cuento que la ‘canasta básica’ con la que me mandó a este mundo, se me ha ido agotando a lo largo de estos últimos años.

La paciencia se me acabó por completo, igual que la prudencia y la tolerancia. Ya me quedan poquitas esperanzas y el frasquito de fe está muy vacío. La imaginación también está escaseando por estos rumbos. De igual forma debe saber que hay cosas de la canasta que ya no necesito, como la dependencia y esa facilidad para hacer ‘berrinches’, que tantos problemas me han ocasionado.

Así que quisiera pedirle nuevos productos. Para empezar me gustaría que rellenara los frascos de paciencia y de tolerancia, pero hasta el tope. Y mándeme, por favor, el curso intensivo de “¿Cómo botar las excusas?”, volúmenes 1, 2 y 3.

¡Ah! No olvide el tomo especial sobre la lealtad.

Si puede, envíeme varias bolsas grandes de madurez, que tanta falta me hace. Incluso quisiera un baúl de sonrisas, de esas que le alegran el día a cualquiera.

Le pido que me mande dos piedras grandes y pesadas para atarlas a mis pies y tenerlos siempre sobre la tierra.

Si tiene por ahí guardada una brújula para orientarme y tomar el camino correcto, se lo agradecería.

Regáleme nuevas ilusiones y dobles raciones de fe y de esperanza, las dos me caerían de ‘perlas’.

Le pido una paleta de colores para pintar mi vida cuando la vea gris. Me sería muy útil una caneca de basura para tirar todo lo que me hace daño.
Mándeme un jarabe de amor y una cajita de ‘curitas’ para sanar mi corazón, porque ha tropezado bastante y tiene muchos raspones.

Le pido un C.D. porque tengo el cerebro lleno de información y necesito espacio para guardar más.

Quiero zanahorias para tener buena vista y no dejar pasar las oportunidades por no verlas.

Necesito un reloj grande, gigante si es posible, para que cada vez que lo vea me acuerde de que el tiempo no se detiene; que corre y que no debo desperdiciarlo.

¿Podría mandarme muchísima fuerza y seguridad en mí mismo? Sé que voy a necesitarlas para soportar los tiempos difíciles y para levantarme cuando caiga.

También quisiera una cajita de pastillas, de esas que hacen que crezca la fuerza de voluntad y el empeño, para que me vaya bien en la vida; y le pido unas tres o cuatro toneladas de “ganas de vivir”, para cumplir mis sueños.

Necesito una pluma con mucha tinta, para escribir todos mis logros y mis fracasos. ¡Bueno! en estos tiempos modernos sería mejor un computador de alta capacidad para hacer tales anotaciones.

Pero más que nada, le pido que me dé mucha vida, no tanto en años, sino en salud interior y física, para lograr todo lo que tengo en mente y para que el día que me vaya de este mundo, tenga mucho que dejarles a mis hijos y que ellos vean que no desperdicié el tiempo aquí en la Tierra.

¡cuidado!

Hay que tener cuidado con las cosas que no soporta de los demás: usted es lo que es y no lo que quiere ver. Y, a decir verdad, esa es una de las grandes ‘bromas’ que nos trae la vida.

¡En efecto! los comportamientos de otros que me producen fastidio, me están reflejando lo que yo soy.

Sólo en un nivel de conciencia superior y después de que ha superado este ‘juego’, se puede ver lo que en realidad es el otro, sin que interfiera con lo que usted es.

Es igual que el niño que juega con la linterna y trata de coger la luz que se proyecta en la pared, y no puede porque no está allí sino en la linterna, que es la que produce el brillo. La linterna soy yo y eso que veo en los demás es mi reflejo.

 

 

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