Los héroes que olvidamos | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-08-16 05:00:00

Los héroes que olvidamos

De los 92 soldados santandereanos que combatieron en la guerra de Corea, hace ya 58 a√Īos, est√°n vivos 47, que se re√ļnen una vez al mes para recordar sus haza√Īas en un sal√≥n prestado en el barrio Real de Minas. Como los miles de soldados colombianos que combatieron a lo largo de tres a√Īos en el otro lado del mundo, primero fueron ba√Īados de gloria pero hoy, muy pocos los recuerdan. Todos superan los 75 a√Īos.
Los héroes que olvidamos

En el segundo piso de la casa del sargento mayor(r) Sa√ļl Rodr√≠guez, hay una habitaci√≥n totalmente empapelada de recuerdos. Es peque√Īa, pero ah√≠, en medio de un orden militar, est√° el registro minucioso de los √ļltimos 58 a√Īos de su vida.

Libros, √°lbumes, pel√≠culas, medallas, fotograf√≠as en blanco y negro, frases c√©lebres, listas de soldados, recortes de prensa, gorras, uniformes, libretas¬Ö todo tiene que ver con un √ļnico tema: la guerra de Corea, en la que este hombre combati√≥ cuando ten√≠a 20 a√Īos. Sin saber muy bien porqu√©, fue enviado a un conflicto del que nada entend√≠a y tan lejos de su pa√≠s.

El soldado obedece. Eso afirma Sa√ļl Rodr√≠guez a sus 79 a√Īos y luego de dedicarle 25 a las Fuerzas Armadas. Lo dice con orgullo.

El muchachito que fue reclutado para ir al cuartel en el municipio de San Andrés, en el occidente santandereano, jamás se imaginó que cruzaría el Atlántico, que se enamoraría de las japonesas, que casi moriría de frío y que se enfrentaría a un enemigo que era capaz de abalanzarse en masa como si estuviera dopado.

¬ďY m√°s que la muerte, porque el muerto, muerto est√°, lo m√°s doloroso fue ver a los soldados moribundos, retorci√©ndose en medio de los cerros de lado y lado. Eso afect√≥ a muchos¬Ē, dice.

La pen√≠nsula de Corea, al este de Asia, fue durante tres a√Īos un verdadero matadero.

La guerra se inici√≥ entre Corea del Sur y Corea del Norte despu√©s de que esta √ļltima invadiera los territorios de la primera en 1950. Pero el conflicto r√°pidamente se convirti√≥ en una guerra internacional liderada por Estados Unidos y otras catorce naciones, entre ellas Colombia.

La ONU fue la encargada de organizar esa fuerza internacional que apoyaría a Corea del Sur y el sargento Rodríguez recuerda el día en que, luego de una preparación de tres meses en la Escuela de Infantería en Bogotá, un grupo de elegidos para relevar al primer batallón que llegaba  de Corea, se embarcó en un enorme barco americano.

 Ahí estaba él. Hacía poco había regresado de los llanos orientales; era cabo segundo, amaba ser militar y poco pensó en despedirse de su familia cuando partió el 6 de junio de 1952. 

¬ďEl barco ven√≠a de recorrer parte de Suram√©rica con 7 mil soldados. La despedida fue de un patriotismo desgarrador. Zarpamos de Cartagena a Panam√° y de all√≠ llegamos a Hawai a los 18 d√≠as y a los 45, a Sasebo, un enorme puerto en Jap√≥n. Luego de tres meses de entrenamiento fue que nos sacaron en tren a Corea¬Ē, recuerda.

Heridas de guerra y mucho frío

Ernesto Mart√≠nez naci√≥ en San Vicente de Chucur√≠ y estaba prestando el servicio militar en C√ļcuta, cuando lleg√≥ la orden de reunir personal militar que de forma voluntaria quisiera ir a Corea.

Ten√≠a 18 a√Īos y una inocencia que lo desbordaba. Como al sargento Rodr√≠guez, lo trasladaron a Bogot√°, donde fue entrenado d√≠a y noche en los cerros de Monserrate y Santa Luc√≠a, hasta que en marzo de 1952 inici√≥ su viaje a Corea del Sur.

¬ďIba a ganar en d√≥lares el equivalente a los 15 pesos que ganaba mensualmente como soldado en Colombia. Era mucha plata y m√°s all√°¬Ē, dice.

Sentado en la sala de su casa en el barrio Provenza, con un libro que narra la participación de Colombia en la guerra de Corea, muestra orgulloso una fotografía donde aparece visitando el cementerio de los caídos en combate, con una pijama a rallas y una bata azul oscura.

Recuerda que el d√≠a que sali√≥ a combatir ya estaba familiarizado con los fuertes ruidos de la artiller√≠a y la aviaci√≥n, pero su seguridad qued√≥ hecha a√Īicos por el impacto de un mortero. Perder√≠a ¬Ėun a√Īo m√°s tarde- la visi√≥n del ojo derecho y su cuerpo quedar√≠a marcado por las esquirlas.

La misión de su grupo era tomarse el famoso cerro Old Boldy que los veteranos llaman Viejo Calvo, uno de los sectores más difíciles del frente de batalla.

Desde 1951 este lugar hab√≠a sido escenario de varias batallas. Primero fue ocupado por los estadounidenses y luego recuperado por los chinos. Por uno de sus costados aparec√≠a una carretera que comunicaba directamente con Se√ļl y por eso su importancia.

¬ďHab√≠a que cuidarlo para evitar que la carretera quedara en manos del enemigo. Est√°bamos en un b√ļnker cuando sent√≠ que algo me levant√≥ del suelo y luego un hormigueo en todo el cuerpo, sangraba y qued√© inconsciente¬Ö¬Ē, recuerda este hombre de 75 a√Īos, uno de los veteranos m√°s j√≥venes de Santander y el herido m√°s grave.

¬ďFue un milagro porque estaba cerca al tanque de la Cruz Roja que atend√≠a a los heridos graves¬Ē, dice.

De inmediato lo trasladaron a Pusan, la segunda ciudad más importe de Corea del Sur y finalmente permaneció más tiempo hospitalizado que en combate.

El sargento Rodr√≠guez recuerda que los soldados chinos y rusos no eran los √ļnicos enemigos. Tambi√©n estaban el fr√≠o y las minas antipersona.

¬ďEl traje de invierno consist√≠a de tres calzoncillos que iban del dedo gordo del pie hasta el cuello. Uno aguantaba porque hab√≠a cuartos subterr√°neos donde pon√≠an canecas de Acpm que botaban calor¬Ē.

Era com√ļn que durante los patrullajes en invierno, los soldados s√≥lo aguantaran 20 minutos antes de que empezaran a congel√°rseles las manos y las orejas. ¬ďMuchos quedaron mutilados; uno no siente el fr√≠o y cuando se da cuenta ya est√° congelado¬Ē, dice.

La primera vez que Rodríguez entró a la línea de combate habían pasado tres meses desde su llegada.

¬†¬ďAll√≠ encontramos zanjas de arrastre de 3 y 4 metros de profundidad que ten√≠an salientes de observaci√≥n. Al siguiente d√≠a de estar all√≠ encontr√© un casco viejo y se me ocurri√≥ meterlo en un palo para mostrarlo¬Ö¬† y no lo hab√≠a sacado un metro cuando ya le hab√≠an dado 7 tiros¬Ē.

El enemigo no se veía. Luis Francisco Serrano, otro de los veteranos santandereanos que vive en el barrio Alfonso López y es sastre de profesión, dice que sólo sabían que estaban cerca de ellos (los soldados chinos) por el olor a ajo.

Pero del sigilo, los chinos pod√≠an pasar a la locura. El sargento Rodr√≠guez afirma que uno de los momentos m√°s impactantes para los colombianos fue el 6 de agosto de 1952, ¬ďcuando los chinos se vinieron en masa, gritando y con un despliegue de ametralladoras. Nosotros disparamos¬Ö esa gente quedaba en el suelo por un momento pero la mitad se paraba y segu√≠a corriendo. Cuando estaban a 50 metros empezamos a tirarles granadas y los que segu√≠an vivos no retroced√≠an sino que corr√≠an hacia nosotros¬Ö S√≥lo a casi cinco metros de encontrarnos cuerpo a cuerpo quedaron los √ļltimos¬Ē.

La tensión superaba a muchos. Rodríguez y Martínez coinciden en afirmar que a los soldados chinos y rusos los narcotizaban para mandarlos en masa hacía la zona del enemigo.

Sastre, conductor, militar

Enrique Mart√≠nez fue dado de baja cuando regres√≥ a Colombia. Era un herido de guerra. Dur√≥ sin trabajar cerca de un a√Īo, pero cuando se recuper√≥ consigui√≥ un empleo como conductor de los bomberos en Bucaramanga, donde permaneci√≥ hasta que se jubil√≥ 26 a√Īos despu√©s.

A Sa√ļl Rodr√≠guez lo ascendieron a cabo primero estando en Corea. Nunca lo hirieron y regres√≥ a Colombia a comienzos del 1954, donde sigui√≥ la carrera militar hasta que logr√≥ el grado de sargento mayor.

S√≥lo cuando se jubil√≥ en 1974, a los 40 a√Īos, conform√≥ una familia y se dedic√≥ a recordar. Busc√≥ con tres veteranos m√°s, a aquellos santandereanos que como √©l hab√≠an participado en la guerra y con la ayuda de la radio y la prensa, encontr√≥ a 92.

En 1983 los censaron, levantaron estatutos e inauguraron la seccional en Santander de la Asociación Colombiana de Veteranos de la Guerra de Corea, Ascove, que funciona en Bogotá.

¬ďTocamos todas las puertas para que nos cedieran una casa donde nos pudi√©ramos reunir los veteranos. Vino el ex presidente (Andr√©s) Pastrana y luego de mucho insistir sali√≥ una ley que es buena y triste a la vez¬Ē, dice el sargento Rodr√≠guez.

Se refiere a la ley 683 de 2001, que otorga un subsidio mensual equivalente a dos salarios mínimos mensuales legales vigentes para cada veterano.

Pero recibirlo no fue tan fácil. Aparte de demostrar ser un veterano de la guerra de Corea, y por supuesto estar vivo, estos hombres debían encontrarse en estado de indigencia.

¬ďFue el despelote. Uno no puede tener nada, pero, ¬Ņestar en ese nivel¬Ö? Eso se contradice con lo que nos dicen todos los 20 de julio, cuando nos llaman a los veteranos de Corea, los hijos em√©ritos de la Patria¬Ē, dice Rodr√≠guez.

Luis Francisco Serrano, oriundo de Curit√≠, que hoy tiene 81 a√Īos y que fue a Corea cuando ya era reservista del Ej√©rcito, donde manejaba la central telef√≥nica de su batall√≥n, afirma que ¬ďno es que a uno le d√© pena que le digan indigente, pero tampoco ha sido as√≠¬Ē. Ni √©l, ni Rodr√≠guez, ni Ernesto Mart√≠nez reciben ese subsidio.

En Bucaramanga, del grupo de 47 veteranos vivos, cerca de 20 reciben este beneficio del Estado.

Hoy, Serrano se arrepiente de no haber seguido la vida militar porque por haberse dedicado a la sastrería, hoy no recibe ninguna pensión.

¬ďNo segu√≠ porque el cabo segundo en esa √©poca ganaba 45 pesos y un sastre 100. Pero me arrepiento¬Ē. Hoy, a sus 81 a√Īos, a√ļn atiende su propio almac√©n que instal√≥ hace algunos a√Īos en el segundo piso de su casa.

Por ahora, luego de insistir en que el municipio y el departamento les cedieran una casa donde reunirse, se encuentran dos horas mensuales en una casa prestada en el barrio Real de Minas.

¬ďEl esp√≠ritu de h√©roe lo tenemos los veteranos toda la vida¬Ē, dice el sargento Rodr√≠guez, pero lo que el presente les ha dado nada se parece a la gloria.

Publicada por
Contactar al periodista
Publicidad
Publicidad
Publicidad